Sábado , 10 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Apple MacBook Air SSD: para los más exigentes

    El MacBook Air supuso un soplo de aire fresco al mercado portátil. Como suele ser habitual Apple se desmarcó con un producto diferente y arriesgado, que tiene tantos amantes como detractores.

    Analizamos la última revisión del MacBook Air equipada con una unidad de SSD de 128 Gbytes de capacidad y comprobamos si realmente merece la pena pagar la diferencia de precio de 700 euros que hay entre este modelo y el que lleva un disco duro tradicional.

    En resumen

    La última revisión del MacBook Air no aporta grandes mejoras. La unidad SSD es rápida y silenciosa pero el precio por gigabytes es desorbitado y, de momento, pensamos que compensa adquirir el equipo con disco duro tradicional.

    Lo mejor Lo peor

    Diseño fabuloso. La pantalla y el teclado. El sistema operativo y las aplicaciones incluidas.

    Precio muy elevado. La tecnología SSD no aporta grandes mejoras de rendimiento o autonomía. Altavoz monofónico.

    Han pasado casi 10 meses desde que probamos la primera versión del MacBook Air en nuestro laboratorio. Ya entonces nos pareció una máquina excelente y el tiempo ha demostrado que, si bien es un producto destinado a un nicho de mercado muy concreto, prácticamente no tiene rival en su terreno.

     

     

     

     

    En esta ocasión le toca el turno al más potente de la gama, recientemente renovada, equipado con un procesador Intel Core 2 Duo a 1,86 GHz., 2 Gbytes de RAM DDR3 y una gráfica NVIDIA GeForce 9400M. Un puerto USB 2.0 y una salida Mini DisplayPort son sus únicos conectores disponibles. Para las pruebas Apple nos ha facilitado también la unidad externa SuperDrive (se puede adquirir de forma opcional por 92,94 euros).

    El MacBook Air que analizamos comparte casi la totalidad de especificaciones con el modelo inferior excepto en el apartado del almacenamiento. El modelo que tenemos entre manos opta por la tecnología de memoria sólida e incorpora una unidad de 128 Gbytes, pero cuesta 700 euros más que la opción que equipa un disco duro tradicional. ¿Merece la pena pagar ese sobrecoste?. En el laboratorio nos hemos propuesto comprobar, entre otros aspectos, hasta qué punto es interesante pagar un plus por lo último en sistemas de almacenamiento.

    La experiencia Apple

    Desembalar un producto de la firma norteamericana es algo que todo apasionado por la tecnología debería probar, y seguro que los lectores que han disfrutado de esta experiencia coinciden con esta afirmación. En un embalaje que merece la pena guardar, el equipo incluye el ordenador, el cargador, discos de instalación y restauración y una gamuza de limpieza.

     

    Ni las fotos ni los vídeos hacen justicia al MacBook Air. Un diseño fabuloso (norma habitual en todo lo que sale de Cupertino) y una calidad de materiales sobresaliente hacen de esta máquina el centro de todas las miradas. El único cambio a nivel externo es la sustitución del puerto mini DVI por el nuevo estándar de la compañía, el mini DisplayPort (echamos de menos el adaptador a DVI, que ahora es opcional por 29 euros). Permite conectar monitores con resolución de hasta 2.560 x 1.600 píxeles y la señal es siempre digital. En el lado negativo necesitaremos comprar un adaptador a VGA si solemos usar proyectores o monitores antiguos que carecen de entrada DVI.

    El equipo está repleto de detalles, y rebosa calidad de construcción por los cuatro costados. Completamente realizado en aluminio, destaca un teclado de tamaño completo y con un tacto maravilloso. Es retroiluminado y podemos graduar la intensidad con dos teclas de función. Se mantiene el sólido sistema de bisagras con la resistencia justa para mantener la pantalla firme, al tiempo que permite amplios ángulos de apertura mayores de lo habitual (algo importante para usuarios que trabajan mientras viajan en avión, por ejemplo).

     

     

     

     

    El trackpad es, sin lugar a dudas, el mejor que hemos probado en un dispositivo portátil. Amplio, preciso y con multitud de funciones avanzadas conseguirá que, en la mayoría de los casos, no echemos de menos el ratón.

    La pantalla es otro gran acierto del MacBook Air. Brillante y luminosa, tiene una resolución correcta (1.280 x 800 píxeles) y unos ángulos de visualización superiores a lo que ofrecen la mayoría de modelos del mercado. Gracias a la tecnología LED es espectacularmente fina, aunque para aportar rigidez a la estructura el marco que la rodea es más ancho de lo habitual. El sistema de apertura no tiene cierre mecánico sino magnético, así que necesitaremos las dos manos para abrir el equipo.

    En cuanto a configuración el procesador Intel Core 2 Duo a 1,86 GHz., los 2 Gbytes de RAM DDR3 de serie y, sobre todo, la incorporación de la nueva gráfica NVIDIA GeForce 9400M (muy superior a la gráfica integrada Intel que montaba el modelo anterior) son una base más que suficiente para ejecutar con soltura todo tipo de aplicaciones.

    Evidentemente el equipo no es ideal para tareas pesadas como codificar vídeo, editar fotos de gran tamaño o trabajar con aplicaciones muy exigentes con el hardware pero tampoco es su propósito. Apple plantea este equipo como el complemento para otro ordenador potente, enfocado a usuarios que quieren un equipo ligero, con una autonomía razonable y capaz de ejecutar sus aplicaciones habituales sin problemas, pero que no están dispuestos a renunciar a una buena pantalla, un teclado completo y una calidad de acabados que roza la excelencia.

    Un diseño de este tipo tiene ventajas que saltan a la vista, pero también algunos inconvenientes importantes por la limitación física que lleva consigo un portátil tan fino. Como muchos lectores sabrán el MacBook Air cuenta con un sólo puerto USB. En pos de salvaguardar la peculiar estética del equipo se prescinde de dotarlo de más puertos y, aunque puede solucionarse de forma muy económica adquiriendo un replicador de puertos, nos obliga a cargar con un “trasto” adicional, justo lo que queremos evitar en un ordenador destinado a usuarios móviles. En el caso de la conectividad a Internet solo tenemos la posibilidad de usar WiFi. El adaptador para Ethernet (de nuevo opcional, previo paso por caja) es aparatoso y obligará a añadir más cables a nuestro equipaje.

    Apple justifica esta decisión básandose en la popularización de las redes inalámbricas y es probable que los usuarios avanzados no tengan problemas (echando mano del Bluetooth y un móvil 3G por ejemplo), pero otros echarán mucho de menos la posibilidad de conectar un al menos un par de dispositivos USB o conectarse a Internet en lugares donde no tenemos WiFi. El ratón inalámbrico por Bluetooth se convierte en compra casi obligada si no queremos tener ocupado el puerto USB ni usar el trackpad.

    Para grabar o instalar programas desde un disco óptico podemos acceder a unidades ópticas de cualquier Mac o PC gracias a Remote Disc de forma inalámbrica. Funciona muy bien, es práctica y nos salvará de más de un apuro aunque si tenemos necesidad de usar habitualmente soportes ópticos recomendamos la adquisición de la SuperDrive externa. Es silenciosa, razonablemente rápida y ligera, aunque no precisamente económica y sólo puede utilizarse con este equipo.



     

    En cuanto al software no es momento de descubrir las bondades del Mac, pero sí queremos destacar el excelente rendimiento del sistema operativo y sus aplicaciones, con una estabilidad espectacular y posiblemente la mejor interfaz en sistemas de escritorio que podemos encontrar a día de hoy. El paso a Intel, además de mejorar el rendimiento, ha hecho a los equipos de Apple unas máquinas más versátiles, capaces de ejecutar de forma nativa Mac OS X, Windows o una distribución de Linux.


    Pruebas en el laboratorio de MuyComputer

    Hemos tenido la oportunidad de usar el MacBook Air durante más de un mes como uno de los equipos portátiles base del laboratorio, para trabajar tanto en la oficina como fuera de casa y realizar pruebas bajo un entorno real de uso.

    La gran novedad respecto al MacBook Air que analizamos hace unos meses es la unidad SSD, así que nuestro primer objetivo que incremento de rendimiento ofrece está tecnología en la práctica. Aunque el modelo anterior tiene un procesador algo más lento la influencia real de este aspecto en las pruebas no es decisiva.

    Desde un punto de vista subjetivo lo primero que se nota es un arranque más rápido (unos 20 segundos desde que pulsamos el botón de encendido hasta que encontramos Mac OS X Leopard listo para funcionar). También llama la atención el silencio que reina mientras usamos el equipo (no hay vibraciones al no tener una unidad de disco tradicional). Sólo llevando el MacBook Air al límite conseguimos poner el marcha el ventilador, que se nota pero no es molesto y normalmente termina su trabajo en solo unos segundos.

    Para las pruebas usamos la utilidad Xbench 1.3, tomando como referencia base el modelo con disco duro tradicional y procesador Intel Core 2 Duo a 1,6 GHz.

     

     

    Como podemos ver en la gráfica adjunta las diferencias no son espectaculares. El SSD es algo mejor en acceso a ficheros pero más lento a la hora de escribir, aunque, en la práctica, el rendimiento es parejo en los dos equipos. En los dos modelos se nota la mejora de la tarjeta gráfica y la memoria del equipo, que ahora es DDR3.

    Si el disco SSD no aporta una gran mejora de rendimiento, podríamos suponer que su mayor ventaja está conseguir una mayor autonomía frente al modelo con discor duro tradicional. En realidad no es así, y en nuestro uso diario del MacBook Air conseguimos cifras muy similares con los dos modelos: unas 3 horas y media con WiFi activado, cerca de 4 si desactivamos la conectividad inalámbrica. Si ponemos el equipo con brillo medio y sin ejecutar ninguna aplicación sí roza las 5 que promete Apple en sus especificaciones.

    Desde luego no son números espectaculares, pero suficientes y en la línea de lo que ofrece la competencia (teniendo en cuenta peso, dimensiones y prestaciones). En nuestra opinión la opción de disco SSD no aporta mejoras relevantes ni suficientes para justificar la diferencia de precio. El procesador más rápido tampoco debe ser decisivo en la decisión de compra.

    Conclusiones

    La última revisión del MacBook Air aporta una configuración más equilibrada con un procesador rápido, memoria suficiente y una gráfica solvente. La unidad SSD es rápida y silenciosa pero el precio por gigabyte todavía es desorbitado y encarece demasiado el precio final del equipo. De momento, pensamos que compensa adquirir el MacBook Air con disco duro tradicional.

    El concepto de ultraportátil de Apple sigue siendo tan válido como hace unos meses, y el MacBook Air es un equipo ideal para usuarios viajeros que necesiten potencia, comodidad y estén dispuestos a pagar por un diseño exquisito, acabados sensaciones y todo lo que proporciona una integración perfecta entre hardware y software. A día de hoy, sólo Apple puede proporcionar esta experiencia.

    El equipo analizado cuesta 2.249 euros, un precio elevado aunque razonable, teniendo en cuenta el coste de las unidades SSD. Para el 99% de los usuarios recomendamos el MacBook Air con disco duro pero si queremos darnos un capricho y podemos pagar por lo último este MacBook Air es una auténtica maravilla tecnológica.

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