Sábado , 3 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • ¿Somos “esclavos” de nuestros horarios?

     

    Los trabajadores españoles pasamos más horas en la oficina que la mayoría que nuestros homólogos europeos, y sin embargo, son muchos los estudios que nos consideran como uno de los países menos productivos de la Unión.

    Buena parte de esta responsabilidad la tiene nuestra gestión del tiempo en la oficina que nos lleva a invertir muchas más horas de las estrictamente necesarias para realizar nuestro trabajo diario. ¿Nos hemos convertidos en esclavos de los horarios? y si es así… ¿Podemos dejar de serlo?

    No decimos nada nuevo cuando afirmamos que, en términos generales, los españoles no somos los trabajadores más productivos del planeta. Y sin embargo, nuestras jornadas laborales son largas, bastante más largas que en otros países. La norma habitual es que el trabajador tenga que estar en su puesto de trabajo a las 9 de la mañana, para acabar su jornada sobre las seis o las siete de la tarde. En muchos casos, lo habitual es que la hora de salida se alargue hasta las ocho o las nueve.

    ¿Cómo podemos dejar de ser esclavos de los horarios? En MuyPymes hemos escrito varios reportajes en los que tratamos de explicar cómo empleando técnicas de productividad personal podemos hacer el mismo trabajo en menos tiempo. Sin embargo, reconocemos que la productividad (GTD) requieren un aprendizaje previo y en cierta medida un cambio de mentalidad que no todos estamos dispuestos a acometer. Un reciente estudio de ARHOE ( Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles) propone diez consejos para racionalizar nuestro horario personal. Son los siguientes:

    Ser puntuales

    Es la génesis de unos horarios racionales. Permite aprovechar más el tiempo, es una manera de mostrar respeto hacia el tiempo de los demás y exigirlo hacia el propio.

    Aprovechar el tiempo

    Es limitado y fácilmente desperdiciable, por lo que hay que mentalizarse para aprovecharlo al máximo y terminar las tareas del día sin necesidad de pasar más horas de las debidas en el lugar de trabajo o llevarse tareas a casa.

    No robar el tiempo de los demás

    Perder el propio es igual de grave que hacérselo perder a los demás. Se debe intentar no arrastrar a los compañeros, jefes o subordinados a actividades improductivas y no retrasar su trabajo por no hacer a tiempo el propio.

     

     

    Salir a la hora

    Es muy importante para mantener alta la motivación. Conviene reivindicar el derecho de salir a la hora convenida, más aún si se ha sido productivo y cada uno ha cumplido con su trabajo. La perspectiva de salir a la hora ofrece la sensación de que se controla el propio tiempo.

    Aumentar la tasa de productividad por tiempo de trabajo

    España es uno de los países donde más horas se pasa en el trabajo, y a la vez uno de los menos productivos, lo que se combate aprovechando mejor el tiempo en el puesto. Es aconsejable potenciar la cultura de la eficiencia más que la de la presencia.

    Reducir las horas de comidas

    En España se dedica demasiado tiempo a la comida, la sobremesa, etc. Es aconsejable dedicar no más de 45 a 60 minutos y emplear el resto del tiempo en trabajar, tiempo ganado para salir antes.

    Más dedicación a la familia y ocio

    Los trabajadores tienen la impresión de que al terminar las vacaciones solo viven para trabajar. No es necesario estar de vacaciones para disfrutar de estos aspectos.

     

     

    Dormir más

    Muchos de los problemas tienen su origen en los malos hábitos de descanso. En España se trasnocha mucho y se duerme poco, y se puede mejorar la calidad de vida con acostarse antes.

    Planificar

    Es la manera más eficaz de aprovechar el tiempo al máximo sin tener que trastocar los horarios. Desde ARHOE se aconseja seguir la regla de los tres ochos; ocho horas para trabajar, ocho para el ocio y ocho para descansar.

    Olvidar las jornadas interminables

    No se puede pasar de no hacer nada en vacaciones a vivir jornadas de trabajo maratonianas. Volver a la rutina de trabajo no equivale a vivir en la oficina, y un cambio de jornada tan brusco favorece el estrés por la vuelta.
     

     

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