Jueves , 8 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Probamos el Sony VAIO P: diseño espectacular

    La última maravilla de la empresa japonesa es un ultraportátil que lleva este concepto al extremo, con todas sus consecuencias. Probamos el exclusivo Sony VAIO P, un equipo dirigido a usuarios que priorizan la movilidad ante todo.

    La unidad que nos ha facilitado Sony es el modelo de entrada a la serie P (VGN-P11Z/W) e incorpora un procesador Intel Atom Z520, 2 Gbytes de RAM y un disco duro de 60 Gbytes. Existen varias configuraciones superiores por precios que van de 949 euros a 1.499 y cuatro colores a elegir.

    Hace algunos meses tuvimos la oportunidad de asisitir a la presentación en nuestro país de la gama Sony VAIO P, durante la convención anual de la compañía celebrada en La Coruña. En aquel momento hicimos un primer contacto del equipo basándonos en una breve experiencia de uso donde ya dejábamos entrever que no nos acababa de convencer su rendimiento, destacando la lentitud de arranque y de Windows Vista.

    Desde hace unos días tenemos en el laboratorio un Sony VAIO P en blanco marfil al que hemos sometido tanto a pruebas sintéticas como de uso real para comprobar hasta qué punto merece la pena sacrificar rendimiento en busca de la ansiada movilidad tecnológica.

    El diseño, como ya alabamos en su día, es espectacular y consigue atraer miradas con facilidad. Partiendo de un teclado muy cómodo se optó por incorporar una pantalla ultrafina de 8 pulgadas en formato panorámico. El resultado es una máquina muy cómoda para trabajar en cualquier sitio y que da gusto llevar encima.

    Tanto la tapa como la base del Sony VAIO P están construidos en plástico de alta calidad, muy resistente a golpes y arañazos. Las partes más sensibles se han protegido con elementos metálicos en el interior y el sistema de bisagras de la pantalla es excepcional, aportando una solidez clave para un producto destinado a viajar y trabajar en cualquier parte.

     

     

    Detalles como los bordes redondeados con aspecto metálico, el logotipo de VAIO sobre el frontal o el espectacular teclado hacen del equipo toda joya tecnológica que no pasará desapercibida. La calidad de construcción es muy superior a lo que hemos visto en cualquier netbook (incluso los más caros) y mejora a la mayoría de ultraportátiles del mercado. En este sentido sólo cabe felicitar a Sony por un trabajo sobresaliente.

    Retirando la batería veremos la ranura para tarjetas SIM (con ella podemos conectarnos a redes inalámbricas 3G). En equipo de pruebas incluia una de Movistar que probamos con resultados excelentes. Como esperábamos dado el tamaño del equipo, la memoria RAM (2 Gbytes DDR2) va soldada a la placa resultando imposible ampliarla.


    El equipo dispone de un lector de tarjetas SD/SDHC y ranura para tarjetas Memory Stick (formato propietario de Sony) en el frontal. En los laterales encontraremos dos puertos USB 2.0, un conector propietario para accesorios de expansión, la toma de corriente y una ranura de seguridad Kensington.

    El teclado es un aspecto clave en este tipo de dispositivos y nos consta que ha sido una prioridad desde que el Sony VAIO P no era más que un esbozo de diseño. La compañía consideró fundamental que tanto el tamaño como el tacto del mismo fueran perfectos, permitiendo teclear con comodidad y precisión en todo momento. Tras unas semanas de uso podemos asegurar que lo han conseguido.

     

    El conector propietario permite ampliar las posibilidades del equipo con accesorios opcionales.

     La disposición de las teclas de forma invidual (norma ya habitual en todos los portátiles de la casa) y la respuesta perfecta de las mismas consiguen que escribir con este equipo no sea la tortura que pueda parecer a primera vista. Dada la falta de espacio Sony ha optado por incluir un trackpoint para el control del puntero, muy sensible y fácil de usar pero que requiere un periodo de adaptación hasta que lo manejamos con soltura. En todo caso una solución casi obligada, teniendo en cuenta el escaso espacio disponible.

    No nos han convencido los botones del borde inferior, ruidosos y demasiado pequeños (sobre todo el central). También se echa de menos un sistema para hacer desplazamientos alternativo a las socorridas teclas del cusor.

     

    Es muy recomendable utilizar el equipo con auriculares. El sistema de altavoces cumple, sin más.

     La pantalla (de exquisita calidad de imagen) supone otra decisión arriesgada por parte de Sony. A priori su resolución puede resultar excesiva (1.600 x 768 píxeles en sólo 8,9 pulgadas) para muchos usuarios y el formato panorámico obliga a realizar scroll casi continuamente.

     Afortunadamente el equipo incorpora acceso directo al zoom  que permite mitigar en parte estos problemas, aunque hay que acostumbrase a una pantalla tan densa. También es recomendable subir el tamaño de las fuentes del sistema (se puede hacer de forma sencilla desde el panel de control de Vista).

     En este punto y teniendo en cuenta que hablamos de un ordenador muy orientado a Internet, recomendamos instalar un navegador que permita realizar zoom completo sobre las webs (no sólo el texto) como Firefox o Safari, entre otros. La experiencia mejora considerablemente respecto al navegador por defecto y permite aprovechar al máximo el ancho de la pantalla.

    El apartado de conectividad no puede estar mejor resuelto. Tenemos soporte para redes inalámbricas WiFi y 3G, además de un receptor de GPS integrado. Mediante un accesorio opcional podemos tener una toma Ethernet.

     


    Sony incorpora un software dedicado a gestionar este apartado, práctico sobretodo para decidir qué sistemas estarán activos para cada configuración de energía. Para el GPS también se incorpora un software específico integrado con Internet Explorer que determina nuestra posición, aunque podemos instalar aplicaciones dedicadas que reconocerán el hardware sin problemas. Evidentemente, no está pensado para sustituir a un navegador sino a orientarnos en rutas a pie o calcular una ruta cuando lo necesitemos, además de hacer uso de los datos que proporcionan los satélites para geoposicionar fotos, por ejemplo.

     

     Sin duda el punto que más críticas ha suscitado sobre este modelo es su bajo rendimiento con Windows Vista (decisión obligada por la limitaciones que impone Microsoft sobre la plataforma Atom). Sony incluso ha lanzando un modelo de este equipo con Windows XP en el mercado asiático.

     No vamos a negar que los primeros minutos con el equipo son decepcionantes. Además de un procesador lento (Intel Atom Z520, 1,33 GHz) para un sistema tan exigente como Vista el equipo (como es habitual en los últimos tiempos con la mayoría de fabricantes) incluye un conjunto de aplicaciones y servicios preinstalados (muchos de dudosa utilidad) que eternizan el proceso de arranque y lastran el rendimiento global del equipo.

     Una vez con el equipo en marca notaremos una lentitud al ejecutar aplicaciones o incluso en el renderizado de varias ventanas a la vez. La solución más drástica es cambiar el sistema operativo y optar por XP o Windows 7, con los posibles problemas de drivers y falta de soporte.

    De todos modos y partiendo de esta base, esperamos ver un nuevo Sony VAIO P con Windows 7 como sistema operativo por defecto. Estamos seguros que tanto el rendimiento como la experiencia de uso mejorarán considerablemente. Es una lástima que un hardware tan interesante se vea lastrado por un sistema operativo que consume demasiados recursos y fustra la experiencia del usuario final.

     

     

     

    Conclusiones

    A día de hoy no podemos recomendar el Sony VAIO P a cualquier usuario. Si bien es cierto que tras un tiempo dedicado a ajustes podemos obtener un rendimiento muy superior al que ofrece el equipo de serie, pensamos que es un trabajo que debe realizar la compañía y no el comprador final, máxime teniendo en cuenta el precio del equipo.

    Aspectos como el diseño, la calidad de construcción o la dotación tecnológica sólo pueden calificarse de sobresalientes pero en la experiencia final suma, y mucho, el sistema operativo y el rendimiento en el día a día. En este caso, y aunque no sea estrictamente responsabilidad de la marca, no está a la altura que esperábamos. La tarea de cambiarlo supone, además del coste de la licencia, el tiempo y los conocimientos necesarios para llevarlo a buen término sin problemas.

     

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