Martes , 6 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Creatividad: las tres fases de una idea

    A diario cientos de ideas surcan nuestra mente a gran velocidad. La mayoría de las mismas, desaparecen casi en el mismo momento en el que son formuladas. Sin embargo, algunas nacen para quedarse con nosotros, y la albergamos hasta que un día se hacen realidad.

    Comprender el proceso por el cual una idea se transforma en una realidad palpable nos permite no sólo aumentar nuestra creatividad, sino también entender qué ideas son realistas, o cuáles podemos aplicar a nuestro negocio.

    No hay un método universal ni internacionalmente reconocido en el que se determina cómo las ideas nacen, cristalizan y acaban muriendo, aunque hay muchos autores que han intentado plasmar cuál es la génesis de todo proceso creativo y cómo podemos servirnos del mismo para incrementar nuestra creatividad, nuestra productividad o simplemente, cambiar la forma en la que enfocamos los problemas. En MuyPymes nos hemos decidido por la versión que ofrece Rajesh Setty, autor destacado de “Life Beyond Code”, y que divide este proceso en tres estapas fundamentales: pensar, ajustar, implementar.

    Pensar

    Normalmente nunca solemos escoger la primera idea que se nos pasa por la mente. Es más, las primeras ideas suelen ser las más disparatadas, las que desechamos de forma prácticamente inmediata. Sin embargo, antes de iniciar el proceso de maduración de una idea, podemos determinar que el hecho de que comiencen a surgir de forma espontánea se debe, principalmente a tres factores:

    Curiosidad: La curiosidad es la chispa que se enciende en el proceso creativo en el que se gestiona una idea. Es nuestra llave de entrada en el “área de juego” donde todo es posible. Sin curiosidad, actuamos como meros espectadores que observan cómo los acontecimientos les superan.

    Conexión: Aunque seamos personas curiosas por naturaleza, y estemos interesados en los más variopintos temas y campos de actuación, sólo unos pocos consiguien realizar una conexión con nosotros. Es decir, sólo hay algunas áreas (una o dos) en las que estaríamos dispuestos a invertir energía, tiempo y dinero en el desarrollo de una idea.

    Convicción: Se produce una conexión profunda con alguna de las ideas que han pasado por nuestra mente en los últimos días. Es una sensación casi física, que sentimos en nuestras entrañas. Llega un momento en el que sabemos lo que queremos, y vamos a ir a por ello.

     

     

    Pequeños ajustes

    Una vez que tenemos unpar de ideas que merecen nuestra consideración, y que creemos que pueden ser la base sobre la que construir algo sólido, llega el momento de movilizar los recursos necesarios para hacerlas realidad. En este área, tres son los atributos a los que debemos prestar atención.

    Desafío: Sabemos que materializar una idea exige nuestro tiempo, energía, y muy probablemente nuestro dinero. Sabemos que no va a ser una empresa fácil de acometer, y que hay muchos factores que pueden jugar en nuestra contra, o quizás que no tenemos la capacidad o el tiempo necesario que requiere lo que tenemos planeado. En definitiva, sabemos que hay muchas razones por las que todo podría salir mal, pero aún así seguimos apostando por nuestro proyecto.

    Valor: Se requiere valor para dar el primer paso. A veces supone abandonar viejas convicciones y comenzar a trabajar desde cero. Este es un punto importante del proceso creativo porque supone, en la mayoría de los casos, que no hay vuelta atrás.

    Capacidad: Hemos sido capaces de convencer a un grupo de personas de que nuestra idea no sólo es buena, sino que merece la pena darle una oportunidad. La posibilidad de que nuestra idea se materialice en algo tangible es bastante elevada, pues hay un proyecto común que es compartido.

     

     

    Despegue 

    Esta es la última fase de la implantación de la idea, bien en nuestra empresa, bien en nuestro ámbito personal. También en esta fase contamos con algunos condicionantes que pueden alterar el resultado final.

    Creatividad: Las cosas no suelen suceder tal y como las habíamos planeado. Normalmente, los planes perfectos sólo se dan en algunas películas de alto presupuesto. En la vida real, la capacidad de improvisar, de cambiar las cosas sobre la marcha, suele ser vital para llegar a buen puerto. En este sentido, las personas más creativas suelen ser las que tiene más capacidad de ver en cada percance, una oportunidad.

    Cambio: Toda idea supone un cambio que se produce en todos los niveles: físico, psicológico, organizativo, etc. El ser humano no es un ente estático, pasivo, sino que persigue el cambio, lucha por él, y agradece la evolución, al mejora constante. Tenemos un cambio cuando finalizamos el proceso que inicia en un concepto y se cristaliza en algo palpable, real. 

    Compromiso: Una vez que la idea se materializa hemos de comprometernos con ella. No dejar que flaquee, que caiga en el olvido. Las buenas ideas pueden tener una vida muy larga, o increíblemente corta. Depende la mayoría de las veces de nuestro nivel de compromiso.

     

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