Viernes , 9 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Diez “grandes consejos” para alcanzar el éxito

     

     ¿Existe un método infalible para alcanzar el éxito empresarial? No. ¿Existen algunas prácticas que pueden encaminarnos hacia éxito? En muchos casos sí. ¿Son universales? Probablemente no, pero las que hoy presentamos pueden ser un buen primer paso.

    Y es que antes de alcanzar un supuesto “éxito” debemos empezar por definir lo que entendemos como tal, afrontar que el camino no va a ser precisamente una “excursión” campestre y desterrar viejos prejuicios que son más un lastre que una oportunidad.

    1. ¿Qué es el éxito?

    Lo primero que tenemos que preguntarnos antes de lanzarnos en una “loca aventura” hacia el éxito empresarial es qué entendemos por éxito, ya que no significa lo mismo para todos.  El éxito no es una ciencia exacta y un hecho o circunstancia que una persona puede considerar exitosa, para otra puede ser algo completamente anodino o incluso catastrófico.

    Este primer párrafo, que bordea sin tapujos las fronteras de la obviedad esconde, sin embargo, una realidad bien precisa: no podemos alcanzar algo que no sabemos lo que es. Demasiadas personas se han lanzado en pos de un supuesto “éxito empresarial” sin saber exactamente lo que buscan. Esto generalmente desemboca en un camino salida.

    En este primer punto por lo tanto hemos de definir (por escrito si es preciso) qué es lo que queremos para nuestra vida/empresa/ambiente y qué es lo que no queremos. La focalización de nuestro objetivo, su visualización, es el primer peldaño de la larga escalera que hemos de recorrer.

     

     

    2. No es un camino de rosas

    No son pocas las personas que, incluso habiéndose un objetivo claro como el que recalcábamos en el punto anterior, se quedan en el camino, en tierra de nadie. Normalmente esto se debe a que:

    A. Están controlados por sus propios miedos.

    B. Piensan que existe una fórmula mágica o un atajo que va a resolver de un plumazo todos sus problemas.

    C. No tienen la constancia o la voluntad necesaria para lidiar a diario con tareas poco agradecidas.

    Las personas que tienden a escoger siempre el camino más sencillo (tanto en su vida personal como profesional) normalmente no suelen pasar de un cómodo anonimato que en cualquier caso nunca les va a llevar a destacar por nada en particular. Evitar enfrentarnos a nuestros miedos, a las decisiones arriesgadas y en general a los retos del día a día es la mejor forma de construir nuestra propia burbuja de aislamiento en la que “nada malo puede pasarnos” pero tampoco “nada bueno”.

    3. No siempre estamos en lo cierto

    El hecho de pensar que siempre tenemos razón, que nuestro proyecto es “envidiable” , sin asperezas o puntos débiles, suele transformarnos en personas arrogantes, “siempre en posesión de la última palabras”, pero también en seres inseguros, egocéntricos… 

    Si no reconocemos nuestras propias limitaciones, nuestra alta posibilidad de fracaso, entonces no tendremos la capacidad suficiente para reaccionar cuando las cosas empiecen a marchar mal y siempre, en algún momento, las cosas empiezan a torcerse (basta consultar la inefable Ley de Murphy)

     4. Es más importante ser respetado que ser popular

    Hay un dicho que afirma que nuestra naturaleza es que lo nosotros mismos somos mientras que nuestra reputación es lo que los demás piensan que somos. En este sentido, si conseguimos que nuestra reputación sea sinónimo de lo que somos, estaremos en el buen camino.

    Con esto queremos decir que no importa lo populares que podemos llegar a ser si no lo somos por un buen motivo. Y los buenos motivos empiezan, en primer lugar por el respeto hacia nosotros mismos y a nuestro proyecto, y en segundo término a los demás.

    5. Abraza cierto desorden

    Si algo aprendemos desde que damos nuestros primeros y titubeantes pasos es que la vida no es perfecta. En el mejor de los casos, podemos definirla como caótica, impredecible, injusta, incierta y sorprendente. Por lo tanto si queremos progresar en un escenario de incertidumbre constante, en el que no hay nada realmente seguro, debemos acostumbrarnos a aprender del desorden, incluso acostumbrarnos a vivir en un guión en el que no todo está escrito de antemano. 

    Debemos pues, saber adelantarnos a los acontecimientos, desarrollar nuestra capacidad de improvisar, de tomar decisiones rápidas y sobre todo no tener miedo a la incertidumbre.


    6. Sé tu mismo

    Todos tenemos modelos que nos sirven de fuente de inspiración. En muchos casos, el éxito alcanzado por nuestros padres en ciertas facetas de su vida (incluida la profesional) nos hace aspirar a ser como ellos. A veces, su “fracaso” no lleva a querer triunfar donde ellos no pudieron hacerlo. En ocasiones nuestros jefes, compañeros de trabajo o empresarios de éxito nos sirven como “ideal” al que queremos imitar.

    Aunque está bien tener una “fuente de inspiración” no podemos repetir los pasos de otras personas. Y aunque suene a “libro de autoayuda”, no hay otra verdad que ésta: sólo triunfaremos si conseguimos ser nosotros mismos. Podemos aprender muchas cosas de otras personas, escuchar sus consejos, pero finalmente, seremos nosotros los que tengamos que decidir.

    7. Potencia tus habilidades- destierra el miedo

    Muchas personas no son conscientes de su propio potencial para alcanzar el éxito. Lo que muchas veces marca la diferencia entre dos personas que disponen de las mismas habilidades e idéntico potencial es que la que no tiene miedo a fracasar (ergo a triunfar) suele abrirse camino, mientras que la otra suele navegar en un mar de dudas, en un cuestionamiento continuo de su propia capacidad y habilidad para enfrentarse a retos que realmente no quiere encarar. De hecho, una de las razones por las que las personas no van más allá no es por su falta de conocimientos, sino porque no se atreven a hacer uso de ellos. 

     

     

    8. Sé un innovador, no un imitador

    Una vez más la palabra “innovación” hace su aparición en uno de nuestros artículos. Pero es cierto. La innovación es el motor que hace progresar la economía, y en último término lo que hace avanzar la sociedad. Innovar no significa siempre realizar un cambio radical en un sector o en un modelo de producción, pero si implica normalmente dar un pequeño paso más allá de la burda imitación de un producto o servicio existente.

    La innovación es muchos casos puede significar hacer las mismas cosas, pero hacerlas mejor. La imitación por contra suele suponer hacer las mismas cosas, pero hacerlas peor.

    9. ¿Qué es lo que no hacen los demás?

    Cuando analizamos nuestra competencia, una de las primeras cuestiones que debemos plantearnos es la siguiente: ¿qué es lo que no están haciendo? Si queremos sumarnos al carro de la mayoría, al de la “imitación” podemos repetir exactamente sus mismos procesos, e incluso puede que haya todavía un nicho en el que podamos ser competititvos.

    Pero si lo que queremos es destacar, estar de boca en boca, ser “admirados” o observados con “desconfianza” y “recelo”, definitivamente hemos de apostar por lo que nadie hace, dar un paso más allá.

    10. “Be water my friend”

    A estas alturas de la película el famoso anuncio “Be water” protagonizado por un remozado Bruce Lee, puede parecer anticuado y provocar ciertas sonrisas. Sin embargo el mensaje que proyecta tiene pleno sentido: apela a la flexibilidad, a saber adaptarse a las circunstancias, a saber presentar siempre nuestra cara más amable.

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