Lunes , 5 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Siete hábitos “veraniegos” de lectura productiva

    Para muchos, agosto es sinónimo de vacaciones, relax, bañarse en aguas cristalinas, y dedicar más tiempo a otras actividades que quedan relegadas durante el resto del año a un segundo plano, como por ejemplo la lectura, fiel compañera de cada uno de nuestros veranos.

    Lo que nos proponemos en el siguiente artículo es enseñaros a leer de una forma mucho más productiva, de modo que cuando volvamos de vacaciones hayamos adquirido un hábito que puede beneficiarnos también en nuestro trabajo diario. 

    A todos nos gusta aprovechar las largas horas que pasamos en la playa para hojear nuestra novela favorita, o devorar los capítulos del último best seller.  Muchos otros sin embargo, suelen aprovechar estos meses estivales para poder echar un vistazo a otro tipo de libros, quizás no tan relajantes pero igualmente interesantes.

    Entran en esta categoría libros cuyo objetivo va más allá de la pura distracción y pretenden aportarnos un conocimiento que incorporar a nuestra vida diaria. Probablemente, muchos de nuestros lectores sean ávidos consumidores de libros de éxito como “¿Quién se ha llevado mi queso?”, “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” o incluso el divertidísimo “La empresa según Homer Simpson”.  Cuando nos “enfrentamos” a este tipo de lectura, recomendamos adquirir alguno de los siguientes hábitos de lectura:

    1. Comprometernos con la lectura

    Lo primero que debemos de hacer (probablemente lo más sencillo) es adquirir un hábito de lectura que podamos mantener una vez hayamos vuelto de vacaciones. No importa si se trata de una hora al día, tres horas a la semana o quince minutos después de comer.

    Es importante adquirir un hábito de lectura, de la misma forma que tenemos establecida una pausa para el café o las tardes de los viernes que dedicamos  al último estreno de la cartelera. Lo bueno de adquirir este hábito es que, aunque al principio nos pueda costar un poco, rápidamente nos “engancha”. Con el paso del tiempo puede que aumentemos el tiempo que dedicamos a la lectura, e incluso es probable que releguemos otras actividades que antes nos parecían más interesantes, por dedicar más tiempo a nuestros “queridos libros”.

     

     

    2. Bucea en otros campos

    ¿Somos fanáticos del GTD y de la productividad personal? ¿Nos encantan los libros que narran las historias de éxito de las grandes empresas? ¿”Matamos” por un buen libro de finanzas personales?  Si la respuesta en Sí a alguna de estas tres preguntas (y a cualquier otra en este sentido) es probable que ya dispongamos de una amplia biblioteca de libros que versan sobre nuestro tema favorito, y en este sentido puede que sea difícil encontrar un nuevo libro que realmente llegue a sorprendernos o que arroje una luz inesperada sobre nuestro campo.

    Por este motivo, una práctica más que sana y recomendable es leer con cierta frecuencia libros que se alejen sustancialmente de nuestra actividad, nuestro estilo de vida o incluso de nuestra visión del mundo. Son este tipo de libros los que podemos encontrar nuevas fuentes de inspiración, que despierten nuestra creatividad o que nos ofrezcan nuevos planteamientos sobre los que nunca habíamos tenido la oportunidad de reflexionar. Se trata de andrentrarnos en un terreno desconocido, en busca de lo inesperado.

    3. Una lista de libros

    Sí, lo habéis adivinado: en MuyPymes somos fanáticos de las listas, pero es que realmente son muy útiles. No hay nada más útil para comprometernos con la lectura (como indicábamos en el primer punto) que disponer de nuestra propia lista de libros, en la que indicaremos tanto los libros que ya nos hemos leído, como los que tenemos pensado leer a continuación. Disponer de esta lista nos compromete con el libro, que de alguna forma está “esperando su turno” de ser leído.


     

    4. La lectura no es cara

    Uno de los argumentos más débiles, pero que más veces esgrimen los “enemigos de la lectura” es que son caros. En nuestra opinión un libro no sólo no es caro, sino que representa en sí mismo una inversión de futuro. No importa si compramos un libro y no nos leemos hasta pasados unos años. Cada libro tiene su momento y su lugar, y nunca podemos clasificarlo dentro del apartado de “gastos”. 

    Aún así, hay muchas alternativas para los que quieren leer pero no pueden/quieren invertir demasiado dinero. Cualquier ciudad dispone de un floreciente mercado de libros de segunda mano, que pueden adquirirse también en Internet, por no hablar de las numerosas bibliotecas públicas que podemos visitar.

    5. Perder el miedo a no terminar un libro

    Son muchas las personas que una vez que empiezan un libro, se convencen a sí mismas que han de terminarlo, cueste lo que cueste. Su planteamiento es el siguiente: “ya que he pagado el libro, y lo he empezado, lo mínimo que puedo hacer es terminarlo”. Se trata de un planteamiento profundamente erróneo, y probablemente sea responsable de que pronto nos cansemos de seguir el punto número uno de este artículo: el compromiso con la lectura.

    Cuando un libro no nos gusta, lo mejor que podemos hacer es dejarlo y empezar el siguiente. No pasa absolutamente nada. Personamente le otorgo el “beneficio de la duda” durante las primeras 50 páginas. Si un libro no despierta mi interés durante este espacio, ya no lo hará.

     

     

    6. Toma de notas

    Otro de los mitos más extendidos es que los libros son “objetos sagrados” que no se pueden subrrayar, manchar, o incluso doblar las páginas. Los libros son tanto un instrumento de entretenimiento, como instrumento de trabajo.

    Como tal, el libro ha de ser un “objeto vivo”, sobre el que podamos reflexionar, anotar nuestras impresiones, recalcar las ideas que nos llaman la atención, plantearnos preguntas, etc. Si a pesar de esto nos sigue pareciendo “una pena” el “ensuciar” sus márgenes, siempre podemos hacer uso de un buen cuadernos de  notas.

    7. Velocidad de lectura

    Como en cualquier otra actividad, la lectura tiene sus propios tiempos. Leer es interactuar con las ideas que nos propone el libro. En este sentido, conviene desconfiar de los que nos dicen que es mejor leer despacio, o lo que ideal es mantener un ritmo de lectura elevado. Cada uno tiene su propio ritmo y sus propios tiempos. Además, normalmente será el propio libro el que marque nuestra velocidad de lectura, y unos pasajes los leeremos a gran velocidad, mientras que otros precisarán más detenimiento y atención.

     

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