Martes , 6 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • En la mente del inversor: 9 errores clásicos

    No descubrimos nada cuando afirmamos que nuestros rasgos psicológicos afectan directamente a las decisiones que tomamos a lo largo del día y que, aunque creemos decidir desde una perspectiva totalmente racional, más a menudo de lo que creemos somos traicionados por nuestro subconsciente.

    Tomando este axima como base, los investigadores de Montreal Financial se han preguntado acerca de cuáles son los rasgos “inconscientes” que más pueden perjudicar nuestro modelo de negocio o nuestra cartera como pequeño/gran inversor. 

    Estereotipos

    A pesar de que puedan parecer muy racionales, los inversores, como la mayoría de los humanos, tienden a hacer juicios de valor basándose en estereotipos. Esto les puede llevar a ser demasiado optimistas cuando un proyecto parece “ganador” y demasiado persimistas cuando piensan que están hablando con un “perdedor”.

    El uso de estereotipos es mucho más común de lo que podemos pensar ya que tienen una función psicológica muy clara y estudiada: ayudarnos a tomar decisiones cuando se nos presenta un exceso de información. Esto sin embargo, puede llevarnos a tomar decisiones de negocio equivocadas.

    Exceso de confianza

    El exceso de confianza (por ejemplo, pensar que somos más listos que los demás)  puede jugar en contra de nuestros clientes y de nuestro negocio.

    Sobre todo, porque no son pocas las veces que este exceso de confianza acaba por transformarse en arrogancia, lo cual puede llevarnos a dejar pasar por alto excelentes oportunidades de negocio (porque pensamos que no son lo suficientemente buenas para nosotros) o, en casos puntuales, perjudicar directamente nuestros intereses.

    Exceso de optimismo

    Los optmistas patológicos son aquellos que están convencidos de que todo va a ir bien, independientemente de las circunstacias que rodean al mercado y a su proyecto. Pensar por ejemplo que nuestra empresa va a seguir creciendo pese que a no está dando beneficios o un cashflow positivo puede ser peligroso si no se toman las medidas adecuadas.

    Es quizás este exceso de optimismo el que provocó el famoso estallido de la burbuja puntocom en 2001, y aunque ahora los inversores se lo piensan dos veces antes de apostar por una nueva start-up, también es cierto que en temas como redes sociales o marketing on-line estamos viviendo un nuevo hype.

    Anclados en las primeras impresiones

    Este rasgo hace referencia a los inversores que suelen confiar demasiado en las primeras impresiones, de modo que no son capaces de reaccionar de forma adecuada cuando reciben nueva información.

    En este sentido, no nos cuesta demasiado imaginar la gran primera impresión que debió causar Bernard Madoff en los primeros inversores que pensaban estar ante un negocio insuperable y también estamos seguros de que a alguno os ha pasado que ese empleado que en la primera entrevista nos transmitió una primera impresión intachable, acabó por revelarse como el peor trabajador del año.

    Aversión a la diversificación

    No revelamos ningún secreto cuando afirmamos que los inversores suelen apostar generalmente, por proyectos y empresas que ya conocen o con las que hacen negocios.

    Aunque en teoría no hay nada de malo en ello, puede llevarnos a cometer algunos errores de principiante. Uno de los más frecuentes es apostar una buena parte de nuestra inversión por la empresa para la que trabajamos, ya que psicológicamente estamos convencidos de que sólo puede ir bien en Bolsa.

    A veces ni siquiera tenemos en cuenta que una mala cotización de nuestra empresa suele indicar que quizás las cosas no vayan demasiado bien en el seno de la organización y en el peor de los escenarios, podemos llegar a perder nuestro trabajo y nuestro dinero al mismo tiempo.

     


    Terror a perder

    Está demostrado que el sentimiento de pérdida, la frustración y el dolor que sentimos cuando perdemos algo que es nuestro, es superior en intensidad al sentimiento opuesto, el de éxito o triunfo.

    Esto puede conducirnos a una situación que podríamos denominar de terror a perder, por lo que hacemos todo lo posible para evitar volver a experimentar ese sentimiento.

    Evidentemente, esto nos lleva a tomar decisiones erróneas. Puede que no nos deshagamos de una mala inversión incluso cuando todo nos indica que es mejor hacerlo o no vendemos un producto porque pensamos que tarde o temprano se recuperará. Y sin embargo, a veces hay que tomar medidas drásticas.

    Exceso de rigidez

    A veces las personas queremos tenerlo todo tan controlado que nos imponemos límites que van más allá de toda lógica razonable. Por ejemplo, decidimos que vamos a dejar de invertir en todas las empresas que presenten pérdidas por encima del 5% o en el plano corporativo decidimos no contratar a una persona porque la respuesta que ha dado a una de las 200 preguntas que le hemos planteado no acaba de convencernos.

    En ambos casos, nuestra decisión exigiría algo más de amplitud de miras y flexibilidad para determinar cuándo podemos saltarnos nuestras propias normas.

    Comportamiento irracional

    El terror a perder, combinado con el miedo a ser el responsable de haber tomado las decisiones equivocadas nos puede llevar a lamentarnos en exceso y provocar como consecuencia un comportamiento irracional.

    Puede llevarnos por ejemplo a invertir de forma aleatoria para eximirnos a nosotros mismos de toda responsabilidad o incluso a no emprender nuestro proyecto empresarial porque no queremos ser los responsables de su posible fracaso.

    Apropiación de atributos

    Es quizás el rasgo más peligroso de los que hemos visto hasta ahora. Se refiere a la cualidad que tienen algunas personas de reclamar todos los honores cuando se toman decisiones acertadas, pero culpar a los demás cuando las decisiones tomadas demuestran ser erróneas.

    Personas que piensan que si su cartera de inversión va genial es porque son grandes inversores que conocen todos los secretos de la Bolsa, pero si va mal es porque su agente no tiene ni idea y le ha hecho perder mucho dinero.

    También te gustará

    clientes-insatisfechos

    ¿Qué lleva a tus clientes a serte ‘infiel’?

    Más complicado que atraer nuevos usuarios es conseguir fidelidad a aquellos que ya han confiado …

    Suscríbete gratis a MuyPymes

    Suscríbete gratis a MuyPymes

    Cada mañana te llegará un mensaje con un resumen con los nuevos artículos publicados. Sin publicidad.

    Gracias por suscribirte a MuyPymes.