Miércoles , 7 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Más secretos sobre lenguaje corporal y negocios

    El pasado viernes, tras escribir el artículo “Cinco secretos de lenguaje corporal y negocios” prometíamos a nuestros lectores que esta semana ofreceríamos la segunda parte de un reportaje que nos iba  ayudar a entender qué es lo que nuestro cuerpo cuenta de nosotros.

    Como lo prometido es deuda, hoy os ofrecemos otros cinco consejos básicos con los que aprenderemos que en el ámbito de cualquier negociación o en nuestro mismo entorno laboral, es importante saber expresarnos a través de nuestro cuerpo. 

    1. Evitar los tics nerviosos

    Juguetear con un bolígrafo, golpear la mesa con los dedos una y otra vez, hacer bolitas de papel y alinearlas de forma casi compulsiva, mover el pie casi sin poder controlarlo, etc. son signos tanto de nerviosismo como de aburrimiento.

    Todos estos tics nerviosos se asocian a una persona que tiene su mente en otra parte, de forma que intenta distraerse en una situación que le puede resultar incómoda o que no quiere afrontar de cara.

    Este comportamiento indica que nos sentimos inseguros, nerviosos y definitivamente, que no estamos prestando a nuestro interlocutor la atención que espera recibir.

    2. Establece tu autoridad antes de sonreír

    La sonrisa en un arma muy poderosa en el mundo de los negocios. Muchas personas se presentan con la sonrisa por delante siempre que entran en una reunión o conocen a una persona con la que se disponen a negociar. Otras en cambio, suelen reservársela hasta que se encuentran en una zona de seguridad, cuando la autoridad que ejercen sobre un grupo de personas (o que podrían llegar a ejercer) es refrendada por otro gesto.

    Es decir, en vez de utilizar esa primera sonrisa de forma “indiscriminada”, esperan a que llegue el momento de sentirse en una posición “segura” tanto en el espacio que ocupan como en cuanto a su relación con quienes le rodean. Pueden en este sentido utilizarla para “romper el hielo” o para demostrar una posición de autoridad.

    3. Muévete con confianza

    La forma en la que nos movemos habla mucho de lo seguros que nos sentimos sobre nosotros mismos y cómo los demás perciben nuestra capacidad para desarrollar un proyecto o ejercer nuestro liderazgo en una situación determinada.

    Los movimientos tímidos, interrumpidos, dudosos o que hesitan pueden despertar dudas sobre tus verdaderas intenciones, como si en el momento de hacer algo, tuviésemos en mente algo muy distinto.

    En caso por ejemplo de tener un indicente o chocar con otra persona, una actitud sana y que refuerza nuestra confianza es no dar ninguna importancia a lo que acaba de ocurrir. Cualquier atisbo de duda o lo que es peor, sobreractuación por nuestra parte, jugará en nuestra contra.

    4. Mantener las distancias

    Cuando hablamos con alguien, especialmente si pertenece a una cultura diferente a la nuestra, es importante saber cuál es la distancia correcta a la que debemos mantener la conversación, tomando como norma general una posición intermedia (ni demasiado cerca como los latinos, ni demasiado alejado como los anglosajones).

    Por otro lado, actitudes como inclinarnos hacia delante “sobre” nuestro interlocutor indica interés acerca de lo que nos están contando, pero si nos inclinamos demasiado, invadiendo el espacio personal de nuestro interlocutor podemos causar precisamente el efecto contrario al que deseamos.

    Finalmente si nos distanciamos demasiado o si progresivamente nos inclinamos hacia atrás cuando nos hablan, denotamos un desinterés que se va acentuando a medida que nos hablan.

    5. Controla tus expresiones faciales

    Sin lugar a dudas, la parte de nosotros que mejor revela cómo somos o qué es lo que pensamos en cada momento, es nuestro rostro. Por este motivo, si no somos conscientes de cuáles son nuestras expresiones faciales o cómo reacciona nuestro rostro ante determinadas situaciones, nos puede traicionar en el momento menos oportuno.

    El clásico “torcimiento de morro” o apretar los labios, indica que hay algo de lo que nos cuentan que no nos está gustando, o bien que nos estamos reservando algo que no queremos decir. y algo tan aparentemente inocente como fruncir el entrecejo indica inseguridad sobre lo que estamos diciendo.

     

     

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