Domingo , 11 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Las 8 peores fábricas de la historia

    The-Satanic-MillsTodos nos hemos escalofriado con auténticas historias de terror que hablan de fábricas que reducen a sus trabajadores a condiciones de semiesclavitud, historias reales que hielan la sangre y que nunca deberían volver a repetirse.

    Y precisamente para que estas historias no tengan que volver a saltar a las portadas de los principales medios de comunicación del mundo, en Business Pundit han recopilado lo que para ellos han sido las peores fábricas y empresas de la historia. Nosotros os mostramos lo peor entre lo peor. 

    “The Satanic Mills” (los molinos satánicos), Leeds, siglo XIX

    En 1801, cuando la revolución industrial estaba dando sus primerísimos pasos, sólo había unas 20 grandes fábricas en todo el mundo. Sin embargo hacia 1838, sólo en la ciudad británica de Leeds podían contarse sin esfuerzo nada menos que 106 fábricas textiles que daban trabajo a unas 10.000 personas.

    Símbolo de la revolución industrial en su estado más puro y salvaje, las condiciones laborales de muchas de estas fábricas eran, literalmente, inhumanas. Símbolo de las penurias que experimentaban los trabajadores de estas factorías, llama la atención el caso de un niño (sí, el trabajo infantil estaba a la orden del día) que murió en 1832 porque el patrón de la fábrica le impidió utilizar el baño.

    El nombre Satanic Mills (o molinos de Satán) se lo debemos al poeta inglés William Blake, autor del famoso poema “these dark Satanic Mills”.

    London’s West and East End, 1850

    Hacia 1850, gracias a la aprobación de las Factory Acts ( uno de los primeros documenrtos que regulaba ciertos derechos básicos de los trabajadores) las condiciones laborales de la mayoría de los trabajadores en el Reino Unido  habían mejorado, pero aún seguían siendo tremendamente injustas.

    De hecho, basta con leer “Cheap Clothes and Nasty”, un panfleto que ese mismo año publicó Charles Kingsley, un sacerdote y “agitador social” que denunciaba las condiciones inhumnanas que se daban en muchas fábricas de Londres. En el planfleto, se comparaban estas condiciones con la de los esclavos y probablemente, lo fueran. 

    Muchos eran “contratados” en Irlanda y al llegar a Londres se les obligaba a trabajar en la industria textil en habitaciones en las que literalmente “el techo era tan bajo que no podían estar de pie”.

    Londons-West-and-East-End

    Packingtown, Chicago, 1906

    En 1904, el joven novelista Upton Sinclair recibió un adelanto de 500 dólares para escribir un reportaje que ilustrase las condiciones en las que vivían a aquellos a los que popularmente se les llamaba “esclavos del distrito de los empaquetadores de carne de Chicago” (es decir, aquellos que trabajaban en la industria cárnica de Chicago).

    Sinclair que pasó siete semanas en las fábricas, haciéndose pasar por un trabajador más, reportó como los pulgares saltaban por los aires a diario, la sangre de los hombres corría literalmente por el suelo, y todo tipo de enfermedades se mezclaban con los alimentos. Tras la publicación del artículo de Sinclair, se impulsó una reforma de la industria alimentaria.

    Mercado de la Paz, Seúl, 1970

    A mediados de los años 60, la producción textil comenzó a trasladarse a muchos países asiáticos que ofrecían mano de obra semi esclava y salarios de miseria. Si bien la situación no ha cambiado demasiado, sí que queremos aprovechar este artículo para reseñar el primer incidente realmente serio, el primero que comenzó a abrir los ojos al mundo sobre lo que estaba pasando.

    En 1970, Chon Tae-il un joven coreano de 22 años, que trabaja en el conocido Mercado de la Paz de Seúl, se quemó a lo bonzo en su mismo puesto de trabajo gritando “Los trabajadores no somos máquinas” mientras se inmolaba.

    Manhattan-Chinatown-sweatshops

    Chinatown, Manhattan, 1980

    Los talleres clandestinos de Chinatown horrorizaron a la opinón pública en los años 80. Si bien se remontaban a 1940, no fue hasta ese año cuando los neoyorquinos descubrieron que a pocos kilómetros de sus barrios de clase acomodada, miles de chinos trabajan en condiciones de semi esclavitud en centenares de talleres clandestinos sobre los que las autoridades hacían la vista gorda.

    Los trabajadores cobraran únicamente por pieza terminada, y cada pieza se pagaba a 8 céntimos de dólar. Cuando las cámaras de televisión entraron en escena, mostraron el testimonio de una anciana de 90 años que estaba trabajando por un dólar a la hora.

    Fábricas de Nike en Asia (1990-Actualidad)

    Cuando el incipiente movimiento antiglobalización comenzó sus primeras investigaciones a principios de la década de los 90, el objetivo era muy claro: Asia. El continente se había convertido en la gran industria textil del planeta y todas las grandes firmas tenían su planta en Tailandia, China, Corea o Vietnam y aunque la mayoría era responsable de prácticas denigrantes, nada se acercó al escándalo de las fábricas de Nike en Indonesia.

    Lo más grave es que cuando se descubrió el salario que recibían los trabajadores (menos 1 dólar por día) y las condiciones en las que trabajaban, Phil Knight, el entonces CEO de NIke, afirmó que estaban dispuestos a enmendar su error y duplicar el salario e los trabajadores, que a partir de ahora cobrarían la increíble cifra de 2 dólares por día de trabajo.

    Más tarde NIke reconoció buena parte de sus errores y se comprometió a llevar a cabo una investigación interna sobre las condiciones en las que se trabajaba en sus fábricas de oriente.

    Gold-farmers

    Toyota, Tokyo, 2002

    Siempre se nos ha dicho que el método de producción de Toyota era un ejemplo para las empresas de todo el mundo, y que en la medida de lo posible, era un modelo a imitar.

    Sin embargo todo el sistema se puso en cuestión cuando en el año 2002, Keinichi Uchino murió por pura extenuación en una de las fábricas que la empresa tiene en las afueras de Tokio. Aunque las condiciones laborales son en general bastante buenas, el problema es que Uchino murió después de aceptar un cuarto “turno voluntario de horas extra”.

    Durante su último mes en la fábrica, realizó más de 150 horas extra, evidenciando una práctica más que común en muchas empresas de aquél país. De hecho, los japoneses tienen un término propio para designar a aquellos que mueren por extenuación en el trabajo. Se les denomina Karoshi y muestra una situación que esperemos que cambie pronto.

    Tras la muerte de Uchino, Toyota cambió la política interna de la compañía y sólo permite trabajar un máximo de 360 horas extra al año.

    “Gold Farmers”, Wuxue, China, 2006

    Una de las historias más extrañas de explotación laboral es la que habla de los famosos “Granjero de oro” que comenzaron a proliferar en China con el auge de un juego de ordenador, el World of Warcraft.

    La alarma saltó cuando decenas de jugadores habituales de este juego on-line comenzaron a denunciar que e-Bay estaba siendo utilizado como vehículo para vender miles de items virtuales que pueden encontrarse en ese juego y que sirven para progresar en el mismo. Cuando las autoridades comenzaron a investigar el asunto, descubrieron que en la ciudad china de Wuxue, existían decenas de empresa cuyo único objetivo era “recolectar” estos objetos virtuales para después venderlos en la Red.

    Para esta tarea se “contrataba” a cientos de trabajadores que debían pasar hasta 16 horas seguidas jugando con una única misión: recolectar todo tipo de objetos.


     

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