Viernes , 9 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Cómo aprender a evaluar y superar un fracaso

    En determinadas ocasiones, por mucho que intentemos triunfar en un campo o en un sector determinado, nuestra experiencia de salda con un sonado fracaso. Sin embargo después de la inmediata decepción que nos embarga, llega la hora de analizar qué es lo que ha pasado y qué podemos aprender de esa experiencia. En Harvard Business Review nos muestran qué debemos preguntarnos sobre nuestro propio “fracaso”.

    ¿Estaban bien definidos los objetivos?

    En ocasiones, las cosas no salen tal y como esperábamos. Y curiosamente, en un porcentaje altísimo de las ocasiones esto ocurre porque no nos hemos preocupado lo suficiente porque las cosas salgan bien.

    El hecho es que de una forma más frecuente de lo que podríamos imaginar, personas realmente válidas, se centran en tareas o proyectos que realmente no corresponden con sus objetivos profesionales o personales o más allá, ni siquiera trabajan en un proyecto que les apasione o que les interese mínimamente.

    Otras veces, el papel de esas personas dentro del proyecto no está bien definido, y cuando no se tiene un objetivo bien definido, el poder alcanzar el éxito como equipo se transforma en misión complicada

    ¿Eras nuestras expectativas razonables?

    El fracaso está en muchas ocasiones, relacionada con nuestras propias expectativas. Si las cosas no van como deberían cuando estamos lanzando una nueva estrategia, o si no hemos conseguido convencer a ese inversor de la genialidad de nuestra idea, no quiere decir que estemos abocados a un futuro mediocre en que nunca más nuestras decisiones van a ser tenidas en cuenta.

    Nuestras expectativas, son diferentes a las de las personas con las que nos vemos “obligados” a relacionarnos. Por ejemplo, por el simple hecho de que nos guste el vino francés no quiere decir que en un par de meses sepamos apreciar la complejidad de un caldo como el Moliére, de la misma forma que si sólo llevamos un par de años en una empresa, nadie esperaría de nosotros que seamos un candidato ideal para sustituir al experimentado CEO de la compañía.

    Es cierto que debemos ser capaces de dar siempre lo mejor de nosotros mismos, pero al mismo tiempo, también tenemos que saber calibrar nuestras expectativas. No hay nada mejor para ilustrar este ejemplo que el deporte olímpico, en el que resulta un lugar común afirmar que la medalla de plata se pierde, pero la medalla de bronce se gana.

    ¿Hemos hecho todo lo posible para triunfar?

    Probablemente nadie mejor que nosotros mismos puede decir si hemos dado el máximo o si por el contrario, podíamos haber hecho algo más. Somos nosotros los más indicados para evaluar cuánto esfuerzo hemos invertido para evitar un fracaso que finalmente ha acabado produciéndose.

    ¿De verdad hemos considerado todos los ángulos? ¿Hemos explorado todas las posibilidades? A la hora de evaluar este punto, tan importante es determinar si lo hemos hecho como el determinar el por qué. ¿Qué razones se esconden en una falta de esfuerzo o de entusiasmo?

    ¿Estás exagerando las consecuencias de tu error?

    Uno de los principales errores que suelen muchas personas al analizar un error reciente o un fracaso, es exagerar las dimensiones del mismo. Esto ocurre porque esa sentimiento de fracaso afecta a nuestra emotividad de forma inmediata, impidíendonos en numerosas ocasiones ver más allá de las consecuencias a corto plazo.

    Cuando analizamos el error que acabamos de cometer es inevitable sentirnos mal o pensar que no lo vamos a poder sobrellevar pero ¿Hemos pensado si las consecuencias de nuestro error trasciendes el corto plazo y llegan a al medio o incluso al largo? Por que si definitivamente se trata de algo que sólo va a afectar a nuestra productividad durante un par de días, quizás no tiene sentido que nos sigamos angustiando.

    Al analizar un fracaso debemos ser capaces de desarrollar una visión global, entender cómo afecta a cada uno de los plazos del proyecto en el que estamos sumergidos (corto, medio, largo) y cómo podemos actuar en consecuencia.

    ¿Qué podemos aprender de nuestro error?

    Todo fracaso representa una oportunidad de extraer una valiosa lección. Si pudiésemos empezar de nuevo, ¿Qué cosas cambiaríamos? ¿Utilizaríamos otro enfoque? o ¿Simplemente han sido los pequeños detalles los que no han acabado por funcionar?

    Aprender de nuestros errores supone un ejercicio de responsabilidad, saber qué es exactamente lo que se nos puede achacar directamente y que hay imponderables con los que no podemos lidiar.

    Supone también admitir que incluso si empezásemos de nuevo podríamos volver a estar abocados a un nuevo fracaso, por lo que las lecciones aprendidas deben ser aplicadas a nuestra nueva aventura.

     

     

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