Jueves , 8 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • El optimismo, el mejor balsámico contra la crisis

    Ante la compleja situación económica, se antoja el optimismo como el mejor balsámico, una fuente de alivio y consuelo para superar la crisis… o al menos llevarla de la mejor manera posible. Y, aunque esto pueda parecer obvio, es fácil caer en el catastrofismo con los datos del paro, las amenazas de quiebras y los avisos de posibles rescates.

    Un síntoma (el desánimo y la desesperanza) del que nadie está a salvo y que no deberíamos asociar a los trabajadores de a pie, a los llamados “curritos”. De hecho, los directivos y empresarios, los que mandan, llevan sin dormir a pierna suelta desde que hace ya cuatro años aproximadamente comenzara esta caída en picado.

    Sin embargo, tras la tempestad parece ir asomando la calma y para empezar a subir es necesario tocar fondo, algo que parecen haber experimentado los jefazos de las compañías, a tenor de la encuesta mundial de CEO elaborada por PriceWatershouseCoopers. En la misma, los ejecutivos españoles se muestran apesadumbrados ante la realidad, pero sí expresan cierto optimismo de cara a los próximos años, con actitudes manifiestamente similares a las previas a la crisis: el 23% de los españoles preveía aumentar la plantilla durante 2011  y el 90% reconocía haber virado su estrategia empresarial en los últimos dos años para capear el temporal.

    Sería interesante ver dentro de un año cómo se han correspondido esas expectativas con la realidad, pero, a falta de las mismas, no se puede negar la íntima relación existente entre optimismo  y éxito en los negocios –como en la vida–. Esa actitud positiva ante la realidad, ante la vida, es una de las estrategias clave para superar el miedo, la ansiedad, la frustración y el escepticismo en los tiempos que corren y solo así se puede conseguir que un negocio prospere. Esta teoría la sostienen Clate Máscara y Martineau Scott en el libro “Conquista del Caos: ¿Cómo alcanzar el éxito con una pequeña empresa?” (Wiley , 2010).

    La clave no es la práctica desenfrenada, idealista o romántica con nociones de optimismo molesto, sino más bien la práctica del “optimismo disciplinado”, algo que los autores definen como “la fe que prevalece sobre la disciplina para hacer frente a los hechos difíciles.” En otras palabras, los optimistas disciplinados hacen algo por la nube de lluvia que está sobre sus cabezas. Por ejemplo, algo tan sencillo y obvio como abrir un paraguas muy grande. Sin embargo, los optimistas ciegos simplemente se sientan en el charco de barro y alegremente desean que deje de llover (y luego se mojan, tienen frío y se angustian si la lluvia no cesa).

    Este es el planteamiento, pero Clate Mascara y Martineau Scott apuntan que no es tan fácil saber ver el camino, decantarse por una u otra estrategia, y para ello hay que “entrenarse” para ser un optimista disciplinado y sacar ese positivismo activo que todos llevamos dentro. ¿Cómo? Con seis sencillas ideas que nos regalan en este libro:

    No dejar enfriar el problema.

    Enfrentarlo para ponerle solución lo más rápidamente posible. Mascara y Scott son contundentes al respecto: “No piense ni hable extensamente de experiencias difíciles. Vaya a trabajar de inmediato”.

    Rebobinar.

    Es decir, volver atrás y abordar las situaciones que considere que se podrían haber afrontado de otra forma, más efectiva. Nunca es demasiado tarde… para al menos intentar arreglar un desaguisado.

    Reprograme su cerebro. 

    Hay que hacer un examen interior y ser consciente de los pensamientos negativos que se tienen. Una vez detectados, ¡fuera de la mente! Sáquelos de su cerebro y sustitúyalos por pensamientos positivos.

    No se tome a sí mismo demasiado en serio. 

    Hay que tener autoconfianza y saber d elo que se es capaz, pero tampoco institucionalices las cosas. Los autores animan a reírse “de sí mismo. Tenga un poco de diversión”.

    Conocer los testimonios de los clientes, la opinión que se tiene de la empresa.

    Si lo estamos haciendo bien, eso nos va a reforzar en todos los sentidos, para seguir la misma estrategia y para mimar más a los usuarios de tus productos o servicios.

    Analizar los resultados de la empresa, ver cómo va el negocio.

    Si todo está en orden, si las cuentas cuadran y van al alza, no hay que dudar en reconocerse el mérito propio. En otras ocasiones, nadie va a tomar su papel y todos necesitamos saber que nuestra función está cumpliendo lo esperado.

    Así, de forma sencilla es como se consigue cambiar el chip y pasar del negro más absoluto… a una extensa gama de grises. Como decía Winston Churchill, “un pesimista ve las dificultades en cada oportunidad, mientras un optimista ve las oportunidades en cada dificultad”.

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