Miércoles , 7 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Las nuevas reglas de la productividad: menos es más

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    ¿Qué palabras llegan a nuestra mente cuando pensamos en productividad? Seguramente trabajar menos horas, tomarnos más tiempo para nosotros mismos, aprender a desconectar, pasar menos tiempo en la oficina, tomarnos más tiempo para comer, consumir menos información, etc. no parecen ser las primeras en nuestro ranking. Y sin embargo, tal y como nos cuentan en Productive Magazine, pueden ser las más importantes. Veamos algunas reglas a modo de ejemplo.

    Hacer menos cosas

    “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Una vez más, el refranero español se muestra infalible a la hora de describir situaciones comunes, de nuestra vida cotidiana. Muchas veces no solo estamos comprometidos con nuestro trabajo de ocho horas diarias, sino que además colaboramos activamente con otros proyectos empresariales, somos voluntarios de ONG’s, queremos implicarnos en las actividades extra escolares de nuestros hijos, etc.

    ¿Podemos mantener este ritmo? ¿Somos productivos cuando prácticamente el 100% de nuestro tiempo disponible lo dedicamos a “hacer cosas”? ¿Dónde ha quedado la satisfacción de simplemente “no hacer nada”? Escojamos únicamente los proyectos a los que le podemos dedicar nuestra plena atención y dejemos atrás el resto.

    Viajar a Barcelona/Madrid únicamente dos veces al mes

    Basta acercarse a la T4 de Barajas, al aeropuerto El Prat o a los distintos AVE’s que conectan las dos ciudades para descubrir cómo las mismas caras se repiten una y otra vez. Personas que van y vienen si no diariamente, sí semanalmente o dos veces por semana. Limitemos los viajes de empresa en la medida de lo posible, no nos movamos “de casa” a menos que no sea realmente imprescindible.

    Si tenemos a mano estupendas tecnologías como la videoconferencia, hagamos uso de ellas.

    Un buen comienzo

    En nuestro artículo “Cómo conseguir una mañana super productiva”, explicábamos que madrugar más, hacer ejercicio antes de desayunar y por supuesto tomarnos el tiempo necesario para disfrutar de un desayuno completo, eran claves para que nuestro día fuese mucho mejor.

    Resulta mucho más productivo y vamos a sentirnos mucho más despejados durante todo el día si nos despertamos a las 6.30 de la mañana y hacemos todo esto antes de salir de casa, que si nos despertamos a las 7.30 y no lo hacemos.

    9:00-13:00 las mejores horas del día

    Estas cuatro horas representan lo mejor de nuestro día. Nuestra mente esta despejada, el cuerpo descansado y la atención centrada. Son cuatro horas en las que podemos dar lo mejor de nosotros mismos y por lo tanto, son las horas que debemos aprovechar para encarar las tareas más importantes/duras/rocosas/urgentes de nuestro día.

    Son las horas en las que menos debemos prestar atención a nuestro correo electrónico, a nuestras redes sociales, a las llamadas innecesarias e incluso, a las reuniones que realmente no exigen nuestra presencia.

    Nuestro tiempo para comer

    Hay personas que se consideran super productivas porque comen frente al ordenador en diez minutos y siguen trabajando. Se consideran grandes trabajadores porque se comen un sandwich que compran en la máquina de vending de la empresa y vuelven al trabajo. Os contamos un secreto: no lo son.

    Comer es importante, punto. Y desconectar de nuestro trabajo, durante una hora completa, es importante. Nuestro cerebro nos lo va a agradecer, nuestro cuerpo lo va a agradecer y nuestra productividad va a mejorar.

    No siempre necesitamos estar en la oficina

    En muchas posiciones de responsabilidad vamos a descubrir que el tiempo que pasamos en la oficina, no es tiempo para nosotros, sino tiempo para los demás. Estar en una oficina rodeados de personas que reclaman nuestra atención constantemente no es desde luego, lo mejor para nuestro trabajo.

    Si nuestra posición nos lo permite, podemos emplear esas cuatro primeras horas (9.00-13.00) para trabajar desde nuestra casa (o otro sitio en el que nos sintamos cómodo) y emplear el resto del tiempo en la oficina, donde sí que podemos ser de utilidad para el resto de nuestro equipo.

    Corta con las reuniones

    Las reuniones se han convertido en una de las grandes pérdidas de tiempo en las empresas. Evita acudir a todas las que te sea posible. Si realmente es necesario reunirse, si hay un motivo real para hacerlo y no puede resolverse la situación de otra forma, os recomendamos recurrir a nuestra “Pequeña gran guía para reuniones eficaces”.

    Te mereces un respiro

    Cuando hablamos de productividad, de motivación, de gestión de nuestro tiempo, muchas veces pasamos por alto la importancia que tienen ser más amable con nosotros mismos. Comer bien, descansar el tiempo adecuado, no llevarnos “deberes a casa”, entender que los fines de semana son para descansar y no para trabajar, saber desconectar cinco minutos por cada hora de trabajo, tomarnos descansos cuando finalizamos una tarea importante, etc. con algunas acciones que debemos aprender a aplicar a nuestra rutina cotidiana.

    Cuando desde las organizaciones empresarial nos dicen que lo que hay que hacer es trabajar más para salir de la crisis, nos están mintiendo. Lo que hay que hacer es trabajar mejor. Y a veces, ese trabajar mejor, puede significar trabajar menos horas.

    Consume menos

    Gratificación instantánea, pérdida, aspiración, compra, gratificación instantánea. Así una y otra vez. ¿Cuántas personas caen en este círculo vicioso? ¿Qué sacan de todo ello?  Entender que comprar y consumir no nos convierte en personas más felices, es clave para mantenernos motivados y contentos con nosotros mismos durante todo el día. No somos ni podemos ser lo que compramos.

    En este consumir menos, también debemos incluir la información que somos capaces de procesar. ¿Necesitamos estar suscritos a diez publicaciones? ¿Seguir nuestra actividad en Twitter las 24 horas del día? ¿Compartir cada momento en Facebook? ¿Fotografiar incluso lo que comemos y hacérselo saber a nuestros “contactos”?

    Un espacio limitado

    Como seres humanos que somos, nuestra atención es limitada. Todo lo que hacemos, todo lo que consumimos, todo lo que tenemos y poseemos, las cosas a las que nos comprometemos, va restando enteros a nuestra capacidad de atención global. Cada decisión que tomamos representa un compromiso, ya sea con nosotros mismos o con los demás.

    Casi todas las reglas que hemos visto hasta ahora, están pensadas para ganar tiempo de atención, para ayudarnos a centrar nuestra atención en lo que realmente importa.

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