Miércoles , 7 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • De los niños también tienen mucho que aprender los “grandes” emprendedores

    Eso de que el emprendimiento es una característica innata en la persona puede ser cierto. De hecho, son muchos los niños que han demostrado al mundo que pueden tener más aptitud en los negocios que muchos mayores. Quizá su creatividad unida a un comportamiento más “capaz” a pesar de su edad que el de otros muchos niños, ha ocasionado que hayamos conocido a pequeños grandes genios que sorprenden al mundo con sus invenciones.

    Sin ir más lejos, los populares polos helados que comemos en verano nacieron en 1905 gracias a un niño de 11 años llamado Frank Epperson. San Francisco registró importantes caídas de temperaturas durante aquel invierno, y una noche se solidificó una mezcla a base de polvos de gaseosa y agua que había hecho Epperson en un vaso. El joven no retiró el palo que había utilizado para remover, y a la mañana siguiente encontró el primer polo. Frank no hizo nada con su descubrimiento hasta 1922, cuando los ofreció durante un evento, con gran éxito de crítica y público, por lo que decidió patentar la idea. Tres años después ya se vendieron 60 millones de polos.

    Otra historia curiosa, ejemplo de como los emprendedores tienen mucho que aprender de los niños, es la historia de las orejeras, un invento también ideado por la mente de un niño de 15 años, Chester Greenwood, al que se le helaron las orejas un día mientras patinaba sobre el hielo. Para solucionarlo, creó una estructura de alambre y le pidió a su abuela que les cosiera unas almoadillas, dando lugar a las primeras orejeras. Cuatro años más tarde, en 1877, patentó su invento, y se dedicó a perfeccionarlo y producirlo en su pueblo natal. Se las vendió a los soldados de la I Guerra Mundial, y acabó amasando una fortuna, vendiendo hasta 400.000 pares en un año. Las orejeras solo fueron el principio, y en su vida patentó más de 100 inventos.

    Niños de nuestra época de los que muchos futuros emprendedores de edad avanzada tienen que aprender hay muchos ejemplos. Robert Nay es uno de ellos. Con 14 años, Nay creó Bubble Ball, juego para iPhone e iPad, que fue número uno de la Apple Store e, incluso, destronó al famoso Angry Birds. Bubble Balls pone en juego tu habilidad e ingenio para que la burbuja llegue a la meta final.  Hay que utilizar las piezas, subidad y bajadas, para encontrar la solución más rápida y a veces, hay que ser un poco creativos. Nay ahora es el CEO de Nay Games.

    Spencer Whale es otro gran peque. Con seis años creó un juguete ideal para los niños que están en el hospital, el KidKare Riding Car, coche de pedales que sirve para transportar aparatos médicos. Vendió su licencia a una empresa para que lo fabricase a gran escala. Adora Svitak, por su parte, escribió su primera novela con 10 años y con 14 daba charlas de creatividad tanto en institutos como en universidades.

    Christian Owens creó con 14 años Mac Bundle Box, una empresa con la que vendía aplicaciones para Mac y con la que logró el primer millón de dólares. Después creó Branchr, una empresa de publicidad en Internet. Algo que hace pensar, sin duda. Por otro lado, Leanna Archer creó con 13 años una línea de productos para el pelo que utilizan una vieja receta familiar que se vende por todo Estados Unidos. Con esa edad tocó la campana de Wall Street. Se estima que su empresa gana medio millón de euros al año.

    Llegados a este punto, es importante mencionar a la Fundación Create. Se trata de una iniciativa de la sociedad civil para promover la cultura emprendedora desde la escuela. Parte desde diferentes personas e instituciones con un objetivo común: contribuir a la formación de personas capaces de generar ideas y llevarlas a cabo. Cada año consiguen que la sociedad se involucre más con nuevos fondos que les permitan ampliar su red de centros. A día de hoy han participado 12 centros educativos entre públicos, privados y concertados, llegando a un total aproximado de 1.050 alumnos y 60 profesores.

    Más información aquí.

     

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