Martes , 6 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Jérôme Kerviel y otros tipos malos

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    Jérôme Kerviel sale de la cárcel.  Al menos lo hace de forma provisional, en una libertad condicional que le permitirá, según sus propias palabras “continuar el combate” en la Justicia para demostrar la responsabilidad del banco francés Société Générale, en el escándalo financiero que provocó que el pasado mes de marzo fuese condenado a cinco años de prisión.

    Como ya comentamos en su momento, a este broker francés se le acusó de actuar demasiado alegremente en el mercado de futuros, realizando operaciones en mercados especultativos por miles de millones de euros. Antes de ser descubierto y capturado, consiguió amasar una “pequeña fortuna” de más de 1.000 millones de euros, ocasionando además casi 5.000 millones de euros en pérdidas para la compañía.

    Como suele ocurrir en estos casos, la opinión de la calle está dividida. Para unos es el mal personificado, un Madoff más, otra de las caras visibles de la crisis económica y de la implosión del sistema financiero mundial. Para otros es un chivo expiatorio, un personaje útil sobre el que la “malvada” Société Générale carga buena parte de su responsabilidad, a la hora de permitir operaciones especulativas y de alto riesgo, que en todo caso siguen realizando.

    Finalmente un pequeño grupo quiere ver en Kerviel un nuevo Falciani, o al menos en parte: un personaje que ahora que se encuentra en libertad pueda pasar a colaborar activamente con la justicia para destapar no pocas prácticas de dudosa legalidad. En cualquier caso, el fenómeno Kerviel no es un caso aislado, ni mucho menos. Y sí, como afirma el tópico, el producto de una época.

    Han pasado más de cuatro años desde que publicamos nuestro artículo “Diez personajes que no querrías tener en tu pyme” y ya entonces  os hablábamos del bueno de Kerviel. Junto a él y al mucho más conocido por el gran púbico Bernard Madoff, os hablábamos de otros personajes de diverso pelaje que consiguieron hacerse conocidos a nivel mundial por haber conseguido estafar todo lo estafable.

    Ahí os destacamos casos como el de Robert Allen Standford, primer americano en ser nombrado caballero del Imperio Británico y que cayó en desgracia (además de en la cárcel) cuando se descubrió que había vendido más de 8.000 millones de dólares en depósitos de una supuesta alta rentabilidad que en realidad los inversores no tendrían ninguna posibilidad de recuperar; nombres como Bernard Ebberscara visible del pufo que encontraron miles de inversores en el supuesto milagro de las puntocom, y que también acabó en la cárcel al no haber sabido explicar de forma convincente el espectacular aumento de su fortuna al frente de WorldCom; o el mucho más exótico Toshihide Iguchi, inversor japonés que se embolsó más de 1.000 millones de dólares vendiendo bonos falsos.

    Nombres todos ellos que dejan nuestro Bárcenas en un juego de niños y escándalos como el de los ERE en un pasatiempo al que no merece la pena prestar atención.

    Los nuevos tipos malos

    Como en el caso de Kerviel, la mayoría de los grandes escándalos de corrupción han ido de la mano de los peores momentos de la crisis financiera. En estos momentos y pese al lamentable espectáculo que nos regalan nuestros políticos casi a diario, casi podríamos afirmar que la situación se ha calmado o en el peor de los casos, vivimos en una tensa calma en la que  no está muy claro qué es lo que puede pasar.

    Por supuesto, noticias no faltan. Este mismo verano dos noticias han sacudido la atención mediática mundial. La primera que el banco francés BNP Paribas ha aceptado el pagar una multa de 6.450 millones de euros por saltarse a la torera y de forma repetida una docena de leyes sobre comercio internacional; la segunda, que el Gobierno americano ha conseguido que el Bank of America pague una multa récord de 12.500 millones de euros por su implicación directa en la venta de hipotecas basura. Y este mismo mes de mayo, el suizo Credite Suisse aceptaba declararse culpable de evasión fiscal, casi demandando pagar una multa de 2.300 millones de euros.

    ¿Bancos que se muestran más que alegres a pagar multas? Como mínimo da que pensar. A nivel personal también lo da que aquellos que tienen en sus manos los destinos de la economía mundial tengan como mínimo una sombra de sospecha difícil de despejar, empezando por la todopoderosa Christine Lagarde y sus escarceos con la corrupción antes de ascender la a cúpula del Fondo Monetario Internacional; o a la mucho más patriota Magdalena Álvarez, que pese a estar imputada se agarraba al sillón del BEI con uñas y dientes.

    ¿Los nuevos tipos malos? ¿O los malos de siempre?

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