Lunes , 5 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Cuatro sectores en los que se puede innovar de forma radical

    innovacion

    ¿Qué sectores están preparados para admitir una innovación radical? ¿Qué segmentos están pidiendo a gritos la introducción de “tecnologías disruptivas”? En The Simple Dollar se preguntan precisamente eso: qué sectores han permanecido como commodities durante tanto tiempo que ha llegado el momento de introducir una profunda innovación. Y sobre todo, cuáles de esos sectores están preparados para ese cambio. En MuyPymes hemos querido responder también a esta pregunta y hemos identificado cuatros sectores que merecen que les prestemos especial atención: transporte aéreo, telefonía, tarjetas de crédito y educación.

    Transporte aéreo

    Volar ha pasado de ser un privilegio destinado a unos cuantos, a una nueva forma de viajar con precios contenidos y disponible para casi todos. Sin embargo la “alegría viajera” de principios de los 2000, con billetes de avión a precios tan ridículos como diez euros, se ha estabilizado y la mayoría de las compañías han apostado por una política en la que progresivamente han ido cobrando por servicios (elección del asiento, comida a bordo, facturación del equipaje, etc.) que tradicionalmente se habían ofrecido de forma gratuita.

    Por otro lado, el sector se encuentra actualmente en un impass  en el que desde el punto de vista del consumidor, únicamente destacan aplicaciones como Kayak o Hipmunk que nos ayudan a comparar las distintas tarifas de los vuelos. Y en realidad, hay espacio para mucho más, si tenemos en cuenta factores como la gran caída del precio del petróleo que no se está reflejando en los precios de los billetes.

    Uno de los “agujeros de seguridad” del sistema fue aprovechado por Aktarer Zama, un joven de 22 años que puso en marcha el portal Skiplagged. El portal permite a los viajeros ahorros sustanciales al aprovecharse de las escalas que realizan los aviones. El “truco” no es otro que reservar vuelos para un destino final (por ejemplo Madrid-Copenhagen), teniendo en cuenta que por ejemplo el vuelo hace escala en Zürich, siendo éste el destino real al que quiere ir el viajero. Un sistema que sólo funciona cuando se compran billetes de sólo ida y si no se factura el equipaje (a menos que queramos ver cómo nuestras maletas dan vueltas por las cintas de recogida de equipajes danesas). Aún así tanto United Arlines como Orbitz han visto en Skiplagged material suficiente como para interponer una demanda.

    Parece evidente que hay un terreno más que abonado para mejorar,  en el que hay espacio de sobra para nuevas tecnologías, nuevas empresas y una mayor transparencia que redunde en beneficio de los viajeros.

    Contratos y tarifas de telefonía

    Durante los últimos años, las grandes compañías telefónicas han hecho lo posible y lo imposible para frenar la sangría de clientes que les han causado las OMV. Han apostando por tarifas algo más bajas (a coste de dejar de subvencionar el terminal), por ofertas 360 (televisión, voz, Internet) o por aliarse con otras compañías (Spotify, Canal+) y aunque han parado en parte la hemorragia, lo cierto es que tampoco se han conseguido recuperar, en parte por un servicio de atención al cliente (normalmente deslocalizado y automatizado), que puede y debe mejorar.

    En el otro extremo, la mayoría de las OMV basan su proposición de valor de forma casi exclusiva sobre el precio y son muy pocas las que se consiguen diferenciar (Pephone, Tuenti). La buena noticia es que se empiezan a mover algunas cosas en el sector, empresas que intentan hacer las cosas de una forma diferente.

    Empresas como Suop.es apuesta por la democratización de la toma de decisiones operativas con sus clientes, en un modelo que toma algunos elementos del consumo colaborativo.  Lowi por su parte, permite a los usuarios disfrutar de los megas no consumidos en un mes, al mes siguiente.  Y aunque para muchos usuarios el sector puede ser percibido como una commoditie, vemos que pequeñas empresas están demostrando que hay terreno de sobra en el que hacer las cosas de forma diferente.

    Tarjetas de crédito

    ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué algunos supermercados avisan que el pago mínimo por el que aceptarán tu tarjeta de crédito es de diez euros? ¿O por qué en un bar te ponen mala cara cuando les dices que quieres pagar esas cañas con tu tarjeta? Porque a pesar de que las entidades de crédito han incorporado numerosas novedades tecnológicas en sus medios de pago (tarjetas, datáfonos, etc.) el modelo de negocio de ha mantenido casi inalterado, aplicando comisiones que van entre el 1% y el 5% por cada pago y que varía en función de volumen, ventas mínimas, etc. Además hay comisiones interbancarias, alquiler del TPV y otros conceptos que no animan precisamente a ofrecer estos medios de pago para importes pequeños.

    Sin embargo el sector parece listo para ser invadido por todo tipo de tecnologías que tengan un carácter disruptor. Tanto de la forma en la que se paga (modelo tipo Square, pagos móviles), al establecimiento de nuevas relaciones con entidades de crédito (Apple Pay).

    Como vimos en “Google y Facebook quieren ser tu próximo banco”, estamos en un momento en el que la “industria” bancaria y de crédito tradicional se ve amenazada tanto por actores grandes (empresas tecnológicas), como pequeños (plataforma p2p) y vamos a ver en los próximos años movimientos más que interesantes en este sector.

    Educación

    El sector educativo lleva algún tiempo en el punto de ruptura. En primer lugar a través de aplicaciones y dispositivos que facilitan la experiencia formativa (tablets, portátiles, libros electrónicos, etc.) y en segundo lugar en cuanto a las modalidades de formación (e-learning, MOOCs). Sin embargo la educación vive tradicionalmente encorsetada entre los programas públicos estandarizados, y la “libertad” formativa que se produce en los programas superiores.

    Pero frente a algunos programas piloto que normalmente se ponen en marcha en escuelas privadas, parece que de momento no ha conseguido popularizarse una revolución real dentro del sector, a pesar de que ya están disponibles todos los medios para ello. Las razones son las de siempre: intereses creados en la industria editorial, falta de voluntad política, uso de la educación como arma arrojadiza, resistencia al cambio por parte del profesorado…etc.

    Desde esta óptica es difícil pensar que estamos ante un sector en el que se pueda introducir una innovación radical (y lo que es más importante, triunfar con ella), pero ejemplos como Coursera, Floqq o Khan Academy muestran que al menos fuera de la educación reglada, sí que hay modelos de negocio viables que se pueden explorar.

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