Lunes , 5 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Tres términos que pasarán de moda en 2016

    unicornio

    Todos los años hay palabras que se ponen de moda. También en el sector de los emprendedores y las startups, hay términos pegadizos, que llegan casi de la nada y se incorporan al “diccionario popular”. Pero de la misma forma, otros acaban desapareciendo, bien porque caen en desuso, bien porque ya no representan con fiabilidad lo que solían designar.

    En este último caso, en 2016 pronosticamos que al menos tres palabras muy utilizadas en 2015, van a abandonar el espacio que solían ocupar. Son las siguientes:

    Unicornios

    Cuando en 2013 la inversora en capital riesgo Aileen Ree acuñó el término “Unicornio” apenas había unas treinta compañías en todo el mundo que pudiesen cumplir con su criterio: empresas del mundo del software que rápidamente hubiesen alcanzando una valoración superior a los 1.000 millones de dólares.

    Hoy en día hay más que 140 compañías que cumplen con la premisa y en 2016, todo indica que van a ser muchas más. Con estos datos en la mano, parece poco acertado seguir refiriéndonos a este tipo de empresa como unicornios, que no olvidemos era un ser mitológico, difícil de ver, inscrito en el campo de la leyenda.

    Si las primeras empresas fueros tildadas de unicornios fue precisamente por la rareza del fenómeno que éstas representaban, pero ahora que cada mes “nacen” nuevos unicornios, tal vez deberíamos empezar a olvidarnos de este término.

    Economía colaborativa – Sharing economy

    Los ideales del consumo y la economía colaborativa son nobles: poner en contacto a personas que colaboran intercambiando servicios, a la vez que se crea una comunidad en torno al servicio que intercambian.

    Y mientras que esto sigue siendo así en algunos casos puntuales, la incorporación de esta economía colaborativa al sector mainstream, ha pervertido el uso del término.

    Las primeras plataformas de alquiler de apartamentos por ejemplo, como Couchsurfing literalmente iban de dejar un sofá o un cuarto a una persona que visitaba nuestra ciudad, para obtener a cambio otro espacio en el que quedarnos en nuestros desplazamientos.

    Y este era también el espíritu original de Airbnb, Uber y tantas otras. Sin embargo lo que antes se hacía de forma “altruista” y puntual se ha profesionalizado y no son pocos los que han hecho de la economía colaborativa, su forma de vida.

    En este sentido más que de economía colaborativa (colaborar, se colabora muy poco), tal vez como apunta Wired sería mucho más acertado tildarla de “economía bajo demanda” (on-demand economy), que nos proporciona lo que necesitamos, cuando lo necesitamos de forma práctica y sencilla.

    Smart

    Desde hace unos años nos hemos acostumbrado a unir el prefijo “Smart” a todo aquello que tenga conexión a Internet. No sólo teléfonos, sino relojes, televisores, bombillas, cerraduras, frigoríficos, etc.

    Pero lo cierto es que añadir tecnología y conexión a Internet a los objetos, nos los convierte necesariamente en más inteligentes. En el caso de las televisiones por ejemplo, la función smart sólo ha servido para llenar de frustración a sus usuarios durante años, y sólo ahora parece que los fabricantes empiezan a hacer algunas cosas bien.

    Los relojes, puede que sí sean un poco más inteligentes, pero todavía están muy lejos de convertirse en elementos imprescindibles como lo es un teléfono móvil. Por no hablar de las pulseras cuantificadoras, el 90% de las cuales acaban abandonadas en un cajón tras seis meses de uso.

    En ocasiones las cosas están bien como están y el añadir tecnología asociándole una App y afirmar que guarda nuestro datos en la nube, ni lo convierte en más inteligente ni en más interesante para el usuario.

    Nos “vestimos” con tecnología, pero ¿realmente se ha definido el objetivo? ¿necesitamos por ejemplo un anillo inteligente que nos notifique de las llamadas perdidas, o una pulsera que nos sirva para pagar?

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