viernes , 26 abril 2019 Impresion Pyme
  • Liberalización de la estiba: sprint final

    La liberalización del sector de la estiba se ha convertido en un auténtico teatro de operaciones en el que políticos, empresarios y trabajadores han encontrado un buen foro donde batirse el cobre. Mientras tanto, Bruselas mira de cerca a España y tras los 23 millones con que ya ha penalizado a nuestro país, por la reticencia a abrir este sector a la competencia, amenaza ahora con añadir otros 134.000 millones diarios a partir de este próximo viernes 24 de marzo.

    El trasfondo de esta historia, que afecta a los trabajadores que se encargan del movimiento de las mercancías que llegan a los puertos, es muy sencillo. Un estibador que trabaje en el puerto de Rotterdam es muy difícil, por no decir que imposible, que pueda hacerlo en España. El motivo es que las empresas que quieran operar en los puertos españoles tienen que ser accionistas de las Sociedades Anónimas de Gestión de Estibadores Portuarios (Sagep) y, al mismo tiempo, los trabajadores deben formar parte de esta sociedad.

    Desde la época de Franco

    La estiba es el único sector que mantiene aún un monopolio que data los años cincuenta del siglo pasado. En la dura España de la postguerra, ningún empresario quería arriesgar su capital en el movimiento de mercancías en los puertos. Un día descargaban un buque y dos semanas se tiraban a dos velas.

    Al final de la Segunda Guerra Mundial, los combatientes de la División Azul que habían sobrevivido regresaban a España. José Antonio Girón de Velasco, ministro de Trabajo entre 1941 y 1957, decidió resolver el problema creando la Organización de Trabajadores Portuarios (OTP), en la que terminarían prestando sus servicios los ex divisionarios.

    Girón de Velasco creará un sistema en que las empresas de los puertos funcionarán como auténticas comisionistas: ingresarán el importe del movimiento de mercancías y restarán el coste de los servicios de los empleados. Además, tendrán la opción de contratar trabajadores sólo por el tiempo que dure el mandato de cada buque, con lo que se ahorran todos los riesgos laborales de la contratación de empleados fijos.

    Sesenta años después, las empresas de la estiba se frotan las manos, al ver en este frente la posibilidad de un abaratamiento brutal de sus costes. Los estibadores son una profesión que trabaja a turnos y constituyen el último bastión de un modelo sindical despedazado por la crisis y la reforma laboral. Cuentan con pluses de productividad, nocturnidad, fines de semana (equivalentes a un salario completo) y festivos. Su salario medio son 60.000 euros por empleado.

    Media España, en vilo

    Esta liberalización laminaría todos esos derechos por los que otros trabajadores están derramando sangre, sudor y lágrimas. Los sindicatos han convocado paros que no han llegado a materializar, ante la debilidad del gobierno de Mariano Rajoy para resolver este tema. Media España se encuentra en vilo por el asunto, porque de este sector depende el 30% de la economía nacional.

    ¿Se imaginan una cadena de distribución de vehículos que ponga el cartel de “sin existencias hasta el fin de la huelga de estibadores”? Pues eso es lo que puede suceder. ¿Qué no va a comprar un coche? Imagine ahora que ha realizado un pedido de una tablet a ebay, Amazon o Alibaba. Esta situación supondría un retraso aún mayor del producto.

    Los políticos ya han enviado toda su caballería ligera a hacer como que resuelven este asunto. Y a la hora de la verdad el Congreso ha echado por tierra el texto de la reforma. Además, ha sido la primera votación de un Decreto Ley que la Cámara Alta echa por tierra en toda su historia. Los únicos que votaron a favor fueron el Partido Popular y el Partido Nacionalista Vasco.

    Malabarismos políticos

    El PSOE votó en contra y Ciudadanos se abstuvo. Resulta difícil entender determinadas decisiones sin situarlas en contexto. En el primer caso, proliferan las voces que critican el apoyo de los socialistas a la investidura de Rajoy en el momento de la recta final para la elección de un nuevo secretario general del partido. En Ciudadanos no olvidan el poco caso que han hecho en Génova a la petición de dimisión del presidente de Murcia, exigido por los de Rivera.

    La historia de la liberalización de la estiba encierra una triste, muy triste realidad. La pérdida de derechos laborales que se ha llevado por delante la crisis. Hay quien simplifica el tema y dice que lo que en realidad se busca es la sustitución de mano de obra cualificada y veterana por nuevos trabajadores sin pluses, sin antigüedad y a costes reducidos. Y no les falta razón, porque mientras en Alemania, el coste de la mano de obra en los puertos es del 37%, en España sube hasta nada menos que el 60%.

    Son los estertores de toda una época negra en la que dos millones de trabajadores mayores de 45 años se han quedado en la calle en España para ser repudiados del mercado laboral. La batalla de la estiba contribuirá a ahondar aún más en esta triste realidad. Una coyuntura a la que se va a sumar un colectivo de 6.155 trabajadores que trabaja en los 46 puertos del Estado. Sector que, dicho sea de paso, se ha visto avalado por un beneficio de 217 millones el pasado año, ¡con un incremento del 7,9%!

    ¿Y cuál es la propuesta del Gobierno? Prejubilaciones de unos 1.400 trabajadores mayores de 55 años, con un coste por empleado de hasta 180.000 euros, que percibirían el 70% de su salario en su nueva situación. El coste para España sería de 250 millones de euros, la mitad de la factura global para retirarlos del mercado, según las empresas. Eso y el mantenimiento del nivel de puestos de trabajo, lo que implicará la llegada de 1.400 nuevos efectivos que ganarían considerablemente menos.

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