Martes , 26 septiembre 2017 Impresion Pyme
  • Cazadores de éxito: El liderazgo solidario del padre Ángel

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    En los límites del castizo barrio madrileño de Chamberí se abre una calle que va a morir a una avenida que los más viejos del lugar tienen por costumbre llamar Los Bulevares. Chamberí, barrio señero, plagado de edificios modernistas, neogóticos y neomudéjares. Liderazgo en el corazón de la ciudad.

    Mieres es una localidad situada a 400 kilómetros de Madrid en la cuenca minera asturiana. Próxima a Langreo, Oviedo o la Pola de Lena, tiene un pasado tan revolucionario, como unido al esfuerzo de una casta de trabajadores de la minería del carbón y, más tarde, de una siderurgia caída en desgracia. Cuna de movimientos de liderazgo social.

    ¿Qué puede tener en común uno de los barrios más señoriales de Madrid con una de las zonas más proletarias de España?  Forman parte de la trayectoria vital del Padre Ángel, un cazador de éxito que ha hecho de la solidaridad el principal principio de su existencia.

    El padre Ángel García es natural de La Rebollada, una parroquia perteneciente al concejo de Mieres, núcleo urbano del que no le separa más de media hora andando. Es piscis de nacimiento, el signo dual por excelencia, pero dotado también de un halo de creatividad que contagia a todos los que llegan al mundo al borde de la primavera.

    Lleva como sacerdote diocesano de la Iglesia Católica nada menos que 56 años. Toda una vida que comenzó a los 25 años cuando se encargó de la capellanía del antiguo orfanato de Oviedo. Aquella época le marcó para el resto de su vida. Encontró su objetivo existencial muy pronto, cuando se embarcó en la empresa de conseguir que aquél lugar se convirtiera en un auténtico hogar para estos niños desfavorecidos. Un sitio donde los chavales pudieran desarrollar todas sus capacidades personales y sicosociales.

    Calor, cariño y Padre Ángel

    Calor, cariño y todo el esfuerzo de Padre Ángel constituyeron el germen de la gran creación de este hombre que personifica el gran valor recuperado entre las cenizas de la última crisis económica. La solidaridad. Ángel procedía de un área revolucionaria y su filosofía se movió por esos derroteros, cuando sus hogares no hacían distingos de género entre los chavales. Niños y niñas convivían juntos, una fórmula a contracorriente de la época pero que con el tiempo se extendió por toda España y que saltó nuestras fronteras hacia territorios latinoamericanos.

    Mieres, 1937. Ochenta años después: Chamberí. Una calle llamada Eguilaz, a escasos cuarenta metros de la avenida de Sagasta y otros tantos de la mítica Glorieta de Bilbao. La zona de Las Rondas o de Los Bulevares, como la conocen los más viejos del lugar, los que cada vez en menor número vieron con sus ojos la época de mayor gloria de esta zona de Madrid.

    Una fachada muy discreta anuncia un restaurante. Su nombre lo dice todo: Robin Hood, como el legendario personaje medieval británico que ejemplifica el valor de la solidaridad. En esta casa de comidas, Padre Ángel ha conseguido que no sólo 200 personas sin recursos puedan cenar todos los días. También puede desayunar otros tantos desfavorecidos todos los días. Aquí los sin techo no sólo tienen un lugar para comer. Es un auténtico centro de servicios que anuncia wifi o utilización de los servicios gratis. Dice, incluso, que “se fía”.

    La gran obra de Padre Ángel es organización no gubernamental Mensajeros de la Paz, que fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de la Concordia en el año 1994. Pero la labor de este sacerdote progresista va mucho más lejos. Capellán mozárabe de Toledo y capellán del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, también es capellán magistral de la Orden de Malta.

    Ha extendido su labor solidaria hacia otros “sectores sociales vulnerables, tales como discapacitados físicos y psíquicos, mujeres víctimas de la violencia doméstica, inmigrantes” y “personas mayores, muchas veces desatendidas, frecuentes víctimas del olvido” se dice en una de sus mejores biografías. Hace años que no falta su presencia en zonas de conflicto internacional o en áreas en las que siente la necesidad de ofrecer su colaboración en tragedias humanitarias.

    Ha extendido su labor solidaria con los pobres, abriendo otro restaurante más en el barrio de La Latina de Madrid y uno junto a la estación de autobuses de Toledo. El modelo es simple: una empresa gestiona el negocio y la gente del Padre Ángel se ocupa de los aspectos sociales.

    Hombre tolerante donde los haya y defensor a ultranza de la igualdad entre seres humanos, el mejor halago a esa vida dedicada al sacerdocio es muy sencillo. El reconocimiento como “padre de los niños de la miseria, la enfermedad, la marginación y el desamor”. Una solidaridad en estado puro.

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