Según leemos en w3volution, los NFTs viven su mejor momento; de hecho, es complicado diferenciar hasta dónde pueden representar una moda o se pueden convertir en un elemento empresarial con un buen porvenir. Un punto que para muchos provoca cierta incertidumbre, sobre todo, de cara a entender cuáles son los activos que mejor funcionarán o si tiene sentido invertir en ellos.
Pero empecemos por el inicio. Para los menos curtido en el tema explicaremos el concepto de NFT. Los tokens no fungibles son, básicamente, un activo digital que representa de forma única e irremplazable el derecho sobre algo ya sea físico o virtual. Con esta definición en la mano, podemos decir que son una especie de llave que da derecho a la propiedad de una determinada cosa.
Otro de las características fundamentales es que estos NFTs no tienen un valor concreto. Es el propio mercado y las leyes de oferta y demanda las que le dan un valor de forma única e intransferible.
Los NFTs se pueden diferenciar de tres formas, si nos atenemos a su parte técnica, tal y como explicó Íñigo Egea, abogado del despacho Cuatrecasas en un evento de la Cátedra ICADE-Fundación Notariado Seguridad Jurídica en la Sociedad Digital: aquellos que que consisten en el mismo activo digital subyacente, aquellos que atribuyen derechos de propiedad sobre el activo subyacente y aquellos que solo son metadatos vinculados criptográficamente con el activo subyacente, que es el caso más común por razones tanto técnicas como económicas.