Es habitual que la vuelta a la rutina tras unas vacaciones requiera un periodo de adaptación. Sin embargo, las empresas observan cada vez con más frecuencia un nuevo escenario: un número creciente de profesionales regresa al trabajo con sensación de agotamiento, desmotivación o ansiedad, incluso después de un fin de semana o de unos pocos días de descanso.
Este fenómeno, conocido como ‘Work Blues’, ha dejado de asociarse únicamente al final de las vacaciones de verano para convertirse en una experiencia recurrente que refleja un problema más profundo. Para Hays, el reto real no recae en facilitar la desconexión durante los periodos de descanso, sino en construir entornos laborales sostenibles que favorezcan el bienestar durante todo el año.
«El Work Blues nos recuerda que el bienestar no se construye durante las vacaciones, sino en el día a día. La experiencia del empleado depende de muchos factores: el liderazgo, la carga de trabajo, la autonomía o la flexibilidad. Cuando esos elementos fallan, unos días de descanso difícilmente compensan el desgaste acumulado», afirma Fernando Calvo, Director de People & Culture de Hays para el Sur y Oeste de Europa.
Desde un punto de vista más psicológico, el origen de este fenómeno no está en el hecho de reincorporarse al trabajo, sino en el contraste entre un periodo de descanso y un entorno laboral que vuelve a exigir un elevado nivel de esfuerzo.
Según explica Isabel Aranda, doctora en Psicología y experta en Psicología del Trabajo, el problema aparece cuando las vacaciones no son suficientes para recuperar los recursos psicológicos que ya estaban agotados antes del descanso. «La vuelta al trabajo no suele generar malestar por el hecho de regresar en sí, sino porque desaparece un periodo en el que hemos tenido autonomía, descanso y sensación de control sobre nuestro tiempo. Cuando volvemos a un entorno con elevadas demandas, interrupciones constantes o escasos recursos para afrontarlas, nuestra mente interpreta ese cambio como un incremento del esfuerzo que va a tener que realizar».
La especialista explica que, desde el modelo Job Demands-Resources, cuando una persona llega al periodo vacacional con un elevado nivel de desgaste, unos pocos días de descanso no siempre permiten restaurar completamente sus recursos psicológicos. De hecho, un estudio publicado en 20252 concluye que la energía con la que un profesional vuelve al trabajo depende, en gran medida, del desgaste acumulado antes de las vacaciones, de su necesidad de recuperación y del apoyo que percibe por parte de la organización.
Aunque experimentar cierta resistencia durante las primeras horas o días tras la reincorporación entra dentro de la normalidad, el problema aparece cuando estas sensaciones se repiten sistemáticamente. Entre las principales señales de alerta de un posible burnout destacan el cansancio persistente que no mejora con el descanso, la apatía, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, la pérdida de rendimiento o los pensamientos frecuentes de abandonar el puesto de trabajo.
Una cultura empresarial que previene el desgaste
Para Hays, este cambio exige a las organizaciones replantear su estrategia de gestión del talento. En un mercado donde atraer y fidelizar profesionales resulta cada vez más complejo, el bienestar se ha convertido en un factor estratégico. De hecho, el 35% de las empresas reconoce que la elevada carga de trabajo o el burnout es uno de los principales obstáculos para fidelizar el talento y hasta un 69% de los profesionales en España tiene intención de cambiar de empleo durante 2026, según la Guía del Mercado Laboral de Hays.
Según Calvo, «durante mucho tiempo hemos pensado que el bienestar dependía de ofrecer más medidas o más beneficios, pero la realidad es que empieza en algo mucho más cotidiano: cómo se organiza el trabajo, cómo lideran los equipos y cómo se sienten las personas cada día. Ahí es donde las empresas pueden marcar la diferencia”.
En este sentido, las organizaciones tienen la oportunidad de abordar este reto desde una perspectiva preventiva. Más allá de fomentar la desconexión durante las vacaciones, el verdadero cambio pasa por construir entornos donde el bienestar forme parte del día a día. Para ello, resulta clave impulsar un liderazgo cercano, promover cargas de trabajo sostenibles, favorecer la flexibilidad y garantizar espacios reales de recuperación, contribuyendo así a reducir el desgaste emocional y reforzar el compromiso de los equipos.
La hiperconectividad también dificulta una desconexión real
La evolución del mercado laboral también ha transformado la manera en la que los profesionales descansan. El 41% de los profesionales asegura que le resulta difícil desconectar del trabajo debido a la cultura de la urgencia, mientras que un 23% señala los mensajes recibidos fuera del horario laboral como uno de los principales obstáculos para lograr una desconexión real, según datos de Hays.
La hiperconectividad, la presión por los resultados, la incertidumbre derivada de los procesos de transformación empresarial o la desaparición de los límites entre la vida laboral y personal dificultan una recuperación completa. “Hoy día resulta mucho más difícil desconectar porque el trabajo nos acompaña en el bolsillo. Aunque no respondamos correos, muchas personas siguen anticipando problemas, pensando en reuniones o revisando notificaciones. Por eso cada vez hablamos menos de desconectar y más de recuperar recursos físicos, cognitivos y emocionales«, explica Isabel Aranda.
A ello se suma una vuelta al trabajo con un ritmo de trabajo marcado por agendas cada vez más fragmentadas, reuniones constantes, multitarea, cambios continuos de prioridades y una disponibilidad prácticamente permanente, factores que hacen que muchos profesionales terminen la jornada sin haber conseguido desconectar realmente. Desde la psicología del trabajo, la recuperación no depende solo del descanso, sino también de conseguir una verdadera desconexión mental.
«Las vacaciones alivian el cansancio, pero no solucionan un entorno laboral que genera agotamiento de forma continua. Aunque realmente no existe una fórmula mágica para evitar por completo desgaste, sí que hay algo claro: cuando las personas trabajan en un entorno donde se sienten escuchadas, tienen autonomía y unas expectativas realistas, es mucho más fácil que mantengan la motivación y el compromiso a lo largo del tiempo», apunta Calvo.


























