Connect with us

Hola, ¿qué estás buscando?

Lunes, 21 Septiembre 2026

Negocios

Joaquín Alarcón, de Catalyxx: «Decidí que quería apostar por crear mi empresa y convertirme en mi propio jefe»

Catalyxx

Fundada en 2017, la pyme andaluza Catalyxx ha desarrollado una tecnología propia capaz de transformar bioetanol en butanol, hexanol, octanol y otros productos químicos renovables. Estos compuestos se utilizan en industrias tan diversas como la cosmética, las pinturas, los adhesivos, los lubricantes o los plásticos y, hasta ahora, se han producido principalmente a partir de materias primas fósiles. Su tecnología permite sustituirlos por alternativas químicamente equivalentes, competitivas en costes y compatibles con los procesos industriales existentes.

Tras años de investigación y validación en su planta demostrativa de La Rinconada, Sevilla, la compañía se prepara ahora para dar el salto definitivo a escala industrial. Catalyxx construirá en Sines su primera planta comercial, un proyecto de 120 millones de euros reconocido como Proyecto de Interés Nacional por el Gobierno portugués. La instalación podría evitar alrededor de 105.000 toneladas de emisiones de CO₂ al año y será el punto de partida de su expansión internacional. Para saber más sobre este proyecto, hemos entrevistado a Joaquín Alarcón, CEO y fundador de la compañía.

MuyPymes: Después de más de 20 años trabajando en bioenergía y de haber pasado por una compañía como Abengoa, ¿qué le llevó a dar el salto y convertirse en emprendedor con Catalyxx?

Joaquín Alarcón: No fue tanto una decisión de convertirme en emprendedor como la convicción de que teníamos entre manos una tecnología con un enorme potencial industrial que merecía seguir desarrollándose. Durante mi etapa en Abengoa Bioenergía dirigí el desarrollo de esta plataforma tecnológica y pude ver muy pronto sus posibilidades. Después de mi salida de Abengoa, decidí que quería apostar por crear mi empresa y convertirme en mi propio jefe.

Por ello, en 2017 decidí crear Catalyxx e iniciar las conversaciones con Abengoa para adquirir los derechos de la tecnología. Después de muchos años trabajando en bioenergía y desarrollando proyectos industriales internacionales, conocía perfectamente la dificultad que implicaba el reto. Pero también sabía que, si éramos capaces de producir los mismos productos químicos que utiliza hoy la industria a partir de una materia prima renovable y hacerlo de manera competitiva, había una oportunidad enorme.

Advertencia, desplázate para continuar leyendo

MuyPymes: Su propuesta consiste, simplificando mucho, en fabricar productos químicos que hoy proceden del petróleo a partir de bioetanol. ¿Cómo explicaría a un empresario que no pertenece al sector químico qué tiene de disruptivo este modelo?

Joaquín Alarcón: La forma más sencilla de explicarlo es que no estamos pidiendo a la industria que cambie los productos que utiliza, sino que estamos cambiando la manera de producirlos.

Productos como el butanol, el hexanol o el octanol llevan décadas fabricándose principalmente a partir de materias primas fósiles y se utilizan en pinturas, adhesivos, lubricantes, cosmética, detergentes y muchísimas otras aplicaciones. Nosotros partimos de bioetanol, una materia prima renovable y disponible globalmente, y mediante un proceso catalítico producimos esas mismas moléculas.

Eso tiene una ventaja fundamental: el cliente no necesita rediseñar su producto, cambiar sus instalaciones ni asumir un deterioro de prestaciones. Puede utilizar un producto químicamente equivalente, pero procedente de carbono renovable y con una huella de carbono muy inferior. Y, además, nuestra ambición siempre ha sido que sea competitivo económicamente. La sostenibilidad es fundamental, pero para transformar realmente una industria la solución tiene que funcionar también desde el punto de vista económico.

MuyPymes: Uno de los grandes problemas de la innovación industrial es pasar del laboratorio al mercado. ¿Qué ha sido más difícil en vuestro caso: desarrollar la tecnología, demostrar que funciona a mayor escala o convencer al mercado de que la adopte?

Joaquín Alarcón: Probablemente, demostrar que una tecnología que funciona en laboratorio puede convertirse en un proceso industrial estable, eficiente y competitivo. Una reacción química puede ser magnífica científicamente y, sin embargo, no tener ninguna viabilidad industrial.

El verdadero trabajo empieza cuando tienes que demostrar funcionamiento continuo, estabilidad del catalizador, rendimientos, calidad del producto, eficiencia energética, separación de productos, seguridad y, finalmente, economía del proceso. Por eso hemos ido avanzando por etapas y acumulando datos durante años en nuestra planta de demostración de La Rinconada (Sevilla).

El mercado también es exigente, como debe serlo. Una gran compañía química no cambia una materia prima crítica simplemente porque una tecnología sea interesante o sostenible. Necesita garantías sobre calidad, disponibilidad, precio y fiabilidad de suministro. Precisamente por eso la validación industrial es tan importante: reduce progresivamente cada uno de esos riesgos.

MuyPymes: Catalyxx ha pasado años validando su tecnología en La Rinconada. ¿Qué errores, cambios de rumbo o aprendizajes habéis tenido durante ese proceso que no estaban previstos cuando nació la empresa?

Joaquín Alarcón: Una de las grandes lecciones es que industrializar una tecnología es mucho más que escalar una reacción química. En las primeras etapas el foco está inevitablemente en el catalizador, en la conversión o en la selectividad. Cuando empiezas a operar a mayor escala descubres que el éxito depende igualmente de cómo integras térmicamente el proceso, cómo separas los productos, cómo mantienes la estabilidad durante largos periodos de operación o cómo consigues especificaciones constantes.

Hemos tenido que revisar hipótesis, modificar configuraciones y aprender muchísimo de la operación real. Y eso es precisamente para lo que sirve una planta de demostración. Sería preocupante construir una planta de este tipo y no aprender nada de ella.

La Rinconada nos ha permitido transformar conocimiento científico en conocimiento industrial. Hoy no solo sabemos que la química funciona; tenemos datos operativos y un equipo que ha aprendido a operar y escalar el proceso. Ese conocimiento es probablemente tan valioso como la propia tecnología.

MuyPymes: Ahora afrontáis un salto enorme: pasar de una planta demostrativa a una instalación industrial de unos 120 millones de euros en Sines. ¿Cómo se gestiona como emprendedor un crecimiento de esa magnitud sin perder el control de la empresa?

Joaquín Alarcón: Lo primero es entender que mantener el control no significa pretender hacerlo todo uno mismo. En un proyecto industrial de esta dimensión sería un error. Significa tener muy claro dónde está el valor de la compañía, cuáles son las decisiones estratégicas que no puedes delegar y con quién debes rodearte para ejecutar el resto.

Nuestro principal activo es la tecnología, el conocimiento acumulado durante todos estos años y nuestra capacidad para seguir desarrollándola. Para construir una instalación industrial necesitas además ingeniería de primer nivel, financiación, proveedores, especialistas en construcción, operación, seguridad, logística y muchas otras capacidades.

Por eso se trata de construir una organización y una estructura de proyecto adecuadas, incorporar socios excelentes y establecer una gobernanza muy rigurosa. El salto es enorme en términos de inversión, pero debe ser mucho menos abrupto en términos de riesgo porque llevamos años preparando precisamente este momento y tenemos la experiencia de haber hecho esto mismo con anterioridad.

MuyPymes: La financiación es uno de los grandes obstáculos para cualquier empresa innovadora, y mucho más cuando hablamos de industria. ¿Cómo se convence a inversores y organismos públicos para financiar una tecnología que necesita años y decenas de millones antes de alcanzar escala comercial?

Joaquín Alarcón: Con evidencia. En industria no puedes financiar una historia durante diez años; tienes que financiar una sucesión de hitos.

Cada etapa debe servir para eliminar una parte del riesgo: primero demostrar la química, después el catalizador, luego el proceso, la operación continua, la calidad del producto, la economía, el interés del mercado y finalmente la capacidad de construir una planta comercial.

A medida que eliminas riesgos también cambia el tipo de capital al que puedes acceder. En las primeras fases necesitas capital dispuesto a asumir riesgo tecnológico. Después aparecen programas públicos de innovación, inversores industriales y, cuando el proyecto madura, instrumentos de deuda y financiación de infraestructuras.

Por eso resulta tan importante combinar inversión privada, financiación pública y socios industriales. Pero ningún organismo público ni ningún inversor profesional financia únicamente porque un proyecto sea sostenible. Hay que demostrar que detrás existe propiedad intelectual, una ventaja competitiva, un mercado real, una tecnología validada y un proyecto capaz de generar rentabilidad. La sostenibilidad multiplica el atractivo de una buena tecnología; no sustituye a un buen negocio.

 

Otros contenidos que te pueden interesar

Noticias

El Banco Europeo de Inversiones ha otorgado a Catalyxx la preaprobación de una financiación de 37 millones de euros. Esta financiación respaldará la construcción...

Noticias

La startup española Catalyxx, especializada en la transformación de bioetanol en productos químicos sostenibles, ha cerrado una ronda de financiación de tres millones de...

Copyright © Total Publishing Network S.A. 2026 | Todos los derechos reservados