En plena era de las hamburguesas gourmets, esas con 10 ingredientes y nombres imposibles, Pink’s!! decidió mirar hacia atrás. A la época en que la hamburguesa nació, durante la Depresión Americana: carne, pan, queso, cebolla, pepinillos, kétchup y mostaza. Nada más. Era comida sencilla, hecha para alimentar rápido, pero con alma. Y en esa honestidad encontramos inspiración.
La cocina de esta marca rinde homenaje a los diners clásicos: “Nos inspiramos en los locales donde quien te sirve te conoce”, explican los fundadores en esta entrevista. “Por eso, en cada ciudad buscamos lugares donde esa autenticidad y cercanía todavía se sientan y se respiren.”
Detrás del proyecto están Juan y Andrés Casanova, dos hermanos emprendedores venezolanos con trayectorias distintas pero una misma obsesión: hacer las cosas bien. Juan, formado como chef en Le Cordon Bleu de París, aporta la mirada gastronómica y la precisión por el producto. Andrés, con experiencia en banca y estrategia, la estructura y el método.
Antes de Pink’s!! ya habían emprendido con éxito: Espicy, una salsa picante que arrasó en Amazon España, y Mygo, una startup de movilidad adquirida por una empresa estadounidense. Así, en 2022 dieron vida a un nuevo proyecto: un pequeño local de 20 metros cuadrados en Chueca, sin mesas, sin delivery, con una sola burger y solo 200 al día. Una idea que muchos llamaron “demasiado simple”, pero que se convirtió en una marca construida sobre tres pilares: constancia, precisión y foco.
MuyPymes: ¿Por qué una sola hamburguesa y un límite diario de 200 unidades?
Juan y Andrés Casanova: Porque hacer menos, pero hacerlo perfecto, es más difícil que hacerlo todo. El límite de 200 unidades no fue un plan de mercadeo, sino una decisión consciente para controlar cada variable y asegurarnos que cada burger salga siempre igual de perfecta. “No queríamos que el cliente viera a alguien cortar cebolla en medio del servicio… así que establecimos un patrón de trabajo como un submarino. Abrimos cuatro horas: la primera media hora se preparan todos los ingredientes, las tres horas siguientes se sirve y la media hora final se recoge y se limpia.” cuenta Andrés.
Esa estructura —que otros verían como una restricción— se convirtió en nuestra mayor fortaleza. Todo está medido, todo está pensado, y ese nivel de disciplina nos permite entregar siempre la misma experiencia. El resto —las colas, las fotos, el FOMO— vino solo. No queríamos competir con nadie ni llamar la atención con trufa o pan negro, solo queríamos hacer una hamburguesa sencilla, bien hecha, como las de antes. Una que te devuelva a la niñez.
MuyPymes: ¿Cómo definiríais la cultura que hay tras la marca?
Juan y Andrés Casanova: En Pink’s!!, el detalle no se negocia. Detrás de cada burger hay sistemas, procesos y una mentalidad compartida: hacer las cosas bien, incluso cuando nadie lo ve.
Un ejemplo de eso es un gesto que pocos conocen: la mostaza siempre se coloca en forma de “P”. Si alguien lo olvida, se corrige. No porque el cliente lo note, sino porque representa lo que significa ser parte de Pink’s: disciplina, constancia y respeto por el oficio.
Hacer menos no significa conformarse, significa elegir con criterio dónde pones tu energía. Nosotros la ponemos toda en una burger. Pero no cualquier burger: una que esté siempre igual de buena.
MuyPymes: ¿Cuáles han sido los factores que han permitido a Pink’s!! escalar su modelo sin perder consistencia?
Juan y Andrés Casanova: En tres años, Pink’s!! ha pasado de un pequeño local en Chueca a 17 locales operativos, con nuevas aperturas previstas en la periferia de Madrid y el norte de España. El secreto: replicar la misma precisión a escala.
El modelo monoproducto simplifica la operativa, la hace medible y mantiene el foco en lo importante: la calidad. La comunicación genera un sentimiento real de exclusividad, y la tecnología ha sido clave para asegurar que cada local funcione igual que el primero.
Lo que muchos desconocen es que el equipo más grande de Pink’s es el de tecnología. Todo el sistema de gestión y self-service ha sido desarrollado internamente, a medida de la operativa del negocio. Este ecosistema digital conecta cocina, sala y cliente, agilizando procesos, reduciendo tiempos y manteniendo el control total sobre cada variable. Gracias a ello, cada pedido se ejecuta con la misma precisión —sin importar en qué ciudad se sirva— garantizando una experiencia idéntica en todos los locales.
MuyPymes: ¿Cuál es la estrategia detrás de las ubicaciones de Pink’s!!?
Juan y Andrés Casanova: Uno de los mayores aciertos en nuestra expansión ha sido elegir ubicaciones que rompen con lo predecible. En poco más de tres años, hemos pasado de un primer local en Chueca a 17 locales activos, incluyendo espacios “fuera del radar” como Rozas de Puerto Real o Villanueva de la Cañada, además de nuestra primera apertura fuera de Madrid, en A Coruña.
Más que abrir locales, aplicamos una lógica similar a la Blue Ocean Strategy: evitar competir en mercados saturados y crear nuestros propios espacios de valor. Al apostar por ubicaciones no convencionales, buscamos integrarnos en comunidades reales, convirtiéndonos en un player social, no solo en una hamburguesería.
No buscamos solo zonas nuevas, buscamos comunidades donde la gente todavía se saluda, donde el producto bien hecho se valora. Esos lugares encajan con nosotros.
MuyPymes: ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos de emprender en España?
Juan y Andrés Casanova: España ofrece un entorno ideal para quienes apuestan por la autenticidad. Su cultura gastronómica, rica y diversa, valora la experiencia y el producto bien hecho. El consumidor español —y también el internacional que visita el país— busca propuestas con propósito, marcas que transmitan coherencia y oficio.
Pero también es un mercado que exige rigor. La competencia es alta y los procesos administrativos pueden ser largos y poco flexibles. Emprender en gastronomía aquí no es cuestión de suerte, sino de disciplina, paciencia y método.
El reto no es abrir, sino mantener el mismo estándar con el que empezaste. En Pink’s!!! creemos en eso: sin atajos, sin perder el foco y sin dejar de medir cada detalle. Porque lo difícil no es llegar, es repetirlo igual todos los días.
Hace muchos años fui a un restaurante en Nueva York —Houston’s, hoy Hillstone— que me encantó. Años después volví y me sorprendió que sabía exactamente igual. Su atención al detalle y constancia en absolutamente todo es fuera de serie. Esa es la meta: que Pink’s siga sabiendo igual dentro de 10 años. Porque lo que se repite con precisión, deja legado.


























