Hay algo extraño en estos tiempos, y de repente parece que todo el mundo tiene que ser líder. Ya no basta con trabajar, esforzarse o intentar vivir con cierta dignidad, pues ahora además hay que inspirar, impactar, influir y dejar huella. Nos rodean mensajes que repiten que, si no destacas, si no emprendes o si no desarrollas tu “liderazgo”, te estás quedando atrás, y uno acaba preguntándose cuándo empezó esta obsesión por convertir a cualquier persona en una especie de marca vendible.
Lo preocupante no es el liderazgo en sí, sino el negocio que se ha construido alrededor de él, pues han conseguido transformar una cualidad humana en una necesidad artificial. Hay gente pagando cantidades absurdas para que alguien les enseñe a “potenciar su mejor versión”, como si vivir fuese una competición permanente contra uno mismo.
Todo se ha llenado de frases grandilocuentes, de discursos vacíos y de personajes que hablan de éxito mientras generan frustración en quienes los escuchan, porque la mayoría no sale motivada de ahí; sale pensando que no hace suficiente, que no vale lo bastante o que le falta algo para estar a la altura.
¿Comercializan con nuestra autoestima?
Y mientras tanto, ocurre una contradicción enorme complicada de resolver, nunca se habló tanto de liderazgo y nunca hubo tanta gente agotada emocionalmente, personas incapaces de descansar porque sienten que siempre deberían estar creciendo, mejorando o demostrando algo. Da la impresión de que incluso la autoestima se ha convertido en un mercado, y si antes nos vendían productos para el cuerpo, ahora nos venden identidades para la mente.
Quizá por eso mucha gente ya empieza a desconfiar, porque intuye que detrás de ciertos discursos hay más estrategia comercial que humanidad, porque el verdadero liderazgo rara vez necesita anunciarse, normalmente no lleva micrófono ni escenario. Está en quien cumple su palabra, en quien no pisa a otros para avanzar o en quien sabe sostener a los suyos cuando las cosas vienen mal dadas, pero eso no genera millones de visualizaciones ni llena auditorios.
El problema de esta época es que se ha confundido admiración con espectáculo, y se aplaude más a quien sabe venderse que a quien realmente aporta algo. Y así hemos terminado rodeados de expertos enseñando a liderar vidas que muchas veces ni ellos mismos saben sostener en silencio, con mucho discurso de éxito, mucha frase potente y muy poca verdad.
Tal vez la pregunta no sea si el liderazgo existe, ¡pues claro que existe! La cuestión es si todavía sabemos reconocerlo cuando no viene envuelto en marketing, aplausos y palabras vacías, porque algunos de los mejores líderes jamás dieron una conferencia sobre liderazgo, ni te vendieron una cara entrada para decirte lo que debes hacer en la vida desde sus saneadas carteras y machacantes reels en redes sociales que se comparten una y otra vez.
Ismael Dorado. Psicólogo y Criminólogo. Profesor de la Universidad UNIE, Universidad San Pablo CEU y de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Director del Centro de Psicología Sanitaria, Clínica y Forense.


























