La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta habitual dentro de las empresas españolas. Desde departamentos de recursos humanos hasta atención al cliente, marketing, análisis financiero o automatización de procesos, cada vez más compañías incorporan soluciones basadas en IA en su operativa diaria. Sin embargo, muchas lo están haciendo sin evaluar adecuadamente el riesgo legal que implica su uso.
Así lo advierte Lawesome, el despacho de Bilbao especializado en asesoramiento empresarial. Siendo una de sus áreas de especialización la anticipación y la gestión preventiva de los conflictos empresariales, entendiendo que una parte esencial del trabajo jurídico consiste en identificar riesgos antes de que se conviertan en crisis, Lawesome alerta de una creciente brecha entre la velocidad de adopción de la inteligencia artificial y la capacidad real de las empresas para gestionar las obligaciones legales derivadas de su utilización.
“El problema no es únicamente desarrollar o comprar herramientas de IA. El problema es que muchas empresas ya las están utilizando sin ser plenamente conscientes de las implicaciones regulatorias, de responsabilidad y de supervisión que conllevan”, explica Martin Eguia, Socio director de Lawesome.
La entrada en vigor progresiva del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act) marcará un antes y un después en esta materia. Aunque la normativa ya ha comenzado a desplegarse, será a partir de agosto de 2026 cuando entre en aplicación gran parte de sus obligaciones principales para empresas y organizaciones que utilicen sistemas de IA en Europa.
Muchas empresas utilizan IA sin saberlo
Uno de los principales riesgos, señalan desde Lawesome, es que numerosas organizaciones creen no utilizar inteligencia artificial cuando, en realidad, ya está integrada en el software que emplean diariamente: plataformas de recursos humanos, sistemas de scoring, herramientas de productividad, asistentes automatizados, CRM o soluciones de análisis de datos.
“El uso de IA no se limita a grandes desarrollos tecnológicos. Muchas veces viene incorporada en herramientas contratadas a terceros y se activa casi de forma invisible dentro de los procesos internos de la empresa”, apunta Martin Eguia.
Según el AI Act, determinados usos de inteligencia artificial serán considerados de “alto riesgo”, especialmente aquellos relacionados con decisiones que afectan directamente a personas, como procesos de selección de personal, acceso a crédito, evaluación de clientes o prestación de determinados servicios.
En estos casos, las empresas deberán cumplir obligaciones específicas de supervisión humana, trazabilidad, documentación técnica y evaluación de riesgos.
Riesgo económico y reputacional
El incumplimiento de determinadas obligaciones previstas en el Reglamento puede derivar en sanciones económicas de gran impacto, que en los casos más graves podrían alcanzar hasta el 7% de la facturación global anual de la compañía.
No obstante, desde Lawesome subrayan que el principal desafío no es únicamente económico, sino también reputacional y operativo. “Cuando una decisión automatizada genera un perjuicio, (por ejemplo, un candidato rechazado o un cliente excluido, la pregunta ya no será qué hizo el algoritmo, sino quién supervisó esa decisión y cómo puede explicarse”, señalan.
En este contexto, el despacho considera que las empresas deberán empezar a abordar la inteligencia artificial no solo como una cuestión tecnológica o de eficiencia, sino como una materia de gobernanza corporativa y cumplimiento normativo.
El enfoque de Martín Eguia parte de una convicción clara: “la mejor forma de resolver los problemas es anticiparse a ellos mediante medidas preventivas”. Por eso recomienda a las compañías comenzar cuanto antes a identificar qué sistemas de IA utilizan actualmente, evaluar su impacto legal y establecer protocolos internos de supervisión y control.
La pregunta ya no es si una empresa utiliza inteligencia artificial. La verdadera cuestión es si está preparada para explicar cómo la utiliza y quién asume la responsabilidad cuando algo falla.


























