Los incendios forestales se combaten con aviones, brigadas, cortafuegos y vigilancia, pero cada vez más también con datos. Temperatura, humedad, viento, precipitaciones o estado de la vegetación pueden convertirse en señales de alerta antes de que aparezca el fuego. Y es precisamente ahí donde el Internet de las Cosas (IoT) está empezando a desempeñar un papel cada vez más relevante.
La idea es relativamente sencilla: desplegar pequeños sensores conectados en zonas forestales para conocer de forma continua qué está ocurriendo sobre el terreno. El verdadero salto tecnológico aparece cuando esos dispositivos se combinan con redes de comunicaciones, plataformas en la nube, inteligencia artificial y sistemas de alerta capaces de transformar miles de mediciones en información útil para guardas forestales, administraciones y servicios de emergencia.
El objetivo no es sustituir a los profesionales que vigilan y protegen los montes, sino proporcionarles algo especialmente valioso cuando aumenta el peligro de incendio: más información y, sobre todo, más tiempo para actuar.
Del parte meteorológico al riesgo de cada zona del bosque
Tradicionalmente, buena parte de la prevención se ha apoyado en previsiones meteorológicas y modelos generales de riesgo. Son herramientas fundamentales, pero las condiciones pueden variar considerablemente incluso dentro de un mismo territorio.
Una red IoT permite bajar a un nivel mucho más local. Los sensores pueden medir constantemente variables como temperatura, humedad ambiental y del suelo, viento o precipitaciones. Los datos enviados a una plataforma permiten identificar zonas donde la vegetación está especialmente seca o donde coinciden varias circunstancias que elevan el riesgo.
Un ejemplo reciente se encuentra en el Parque Natural del Carrascal de la Font Roja, en Alcoy. En julio de 2026 el Ayuntamiento presentó junto a LORIOT un sistema que utiliza sensores e infraestructura LoRaWAN para transmitir temperatura, humedad, viento y precipitaciones. La plataforma procesa esos datos y calcula un indicador de inflamabilidad que permite identificar de forma hiperlocal las áreas con mayor riesgo antes de que se produzca una ignición.
Esta capacidad encaja con una tendencia más amplia hacia sistemas de prevención cada vez más precisos. AEMET estrenó en mayo de 2026 su nuevo Índice de Peligro de Incendios Forestales (IPIF), que junto a variables meteorológicas incorpora información como el estado de la vegetación, la humedad del suelo o los diferentes tipos de superficie.
El IoT puede complementar este tipo de modelos aportando mediciones continuas directamente desde el terreno.
Detectar antes para intervenir antes
La otra gran aportación tecnológica está en la detección precoz. Cuando un incendio ya se ha iniciado, unos minutos pueden cambiar radicalmente la capacidad de contenerlo.
Canarias, por ejemplo, anunció en marzo la instalación de 39 sensores en zonas arboladas de Tijarafe, en La Palma, dentro de un proyecto destinado tanto a acelerar la detección como a mejorar la predicción del riesgo de incendios.
A los sensores ambientales se están sumando cámaras conectadas, inteligencia artificial, drones e imágenes por satélite. En Collserola, Barcelona, se ha probado este verano el sistema Pantera, que utiliza cámaras y algoritmos de IA capaces de analizar imágenes e identificar posibles columnas de humo para avisar a los equipos de vigilancia. Según los responsables del proyecto, el análisis puede realizarse en menos de tres minutos.
El resultado empieza a parecerse a una red de vigilancia distribuida: sensores que informan sobre el riesgo antes del incendio, cámaras que buscan señales de humo, satélites que localizan puntos calientes y centros de control que concentran la información.
LoRaWAN, una tecnología especialmente útil en el monte
Uno de los principales problemas para desplegar IoT en entornos forestales es evidente: muchas zonas carecen de cobertura convencional y resulta inviable alimentar continuamente miles de dispositivos. Por ello están ganando protagonismo tecnologías como LoRaWAN, diseñadas para transmitir pequeñas cantidades de información a largas distancias con un consumo energético reducido.
No hace falta que un sensor forestal envíe vídeo en alta definición. En muchos casos basta con transmitir periódicamente unas pocas cifras sobre humedad, temperatura o viento. Esta característica permite mantener dispositivos durante largos periodos con un consumo muy reducido.
Además del proyecto de Alcoy, el municipio alicantino de El Poble Nou de Benitatxell ha anunciado en agosto de 2026 el despliegue de sensores ambientales y estaciones meteorológicas conectados mediante una red municipal LoRaWAN para monitorizar las condiciones relacionadas con el riesgo de incendios.
Más datos también permiten utilizar mejor los recursos
El beneficio del IoT no se limita a generar alertas. También puede ayudar a decidir dónde colocar los recursos de prevención.
Si un sistema detecta que determinadas zonas presentan niveles de humedad especialmente bajos, viento desfavorable y combustible vegetal muy seco, las administraciones pueden reforzar allí la vigilancia, limitar determinados accesos o redistribuir equipos.
En Font Roja, por ejemplo, la información obtenida se utiliza precisamente para fundamentar las medidas preventivas y los despliegues de vigilancia a partir de métricas verificables. El sistema incorpora incluso un tótem y un código QR que permiten a los visitantes consultar las condiciones del entorno y comprender las alertas de riesgo.
El IoT convierte así la prevención en un proceso más dinámico: en lugar de aplicar las mismas medidas a todo un territorio durante semanas, resulta posible ajustarlas conforme cambia el riesgo.


























