El sector industrial español atraviesa una transformación marcada por la automatización, la electrificación y el aumento de la complejidad operativa en almacenes y plataformas industriales. Todo ello está impulsando una evolución del concepto tradicional de activo industrial hacia infraestructuras cada vez más preparadas para responder a nuevas exigencias energéticas, regulatorias y tecnológicas.
Según Accolade factores como la capacidad energética, la adaptación a nuevas normativas de seguridad o la preparación tecnológica de los activos están ganando peso tanto para operadores como para inversores, redefiniendo progresivamente el valor de los parques industriales modernos.
En este escenario, el grupo identifica cinco factores que ya están redefiniendo su valor:
1 – Adaptación a nuevas exigencias de seguridad y resiliencia operativa
La evolución de la actividad industrial está aumentando las exigencias en materia de seguridad y gestión del riesgo dentro de las plataformas. El incremento de la densidad de almacenamiento, la presencia de mercancías cada vez más diversas y la necesidad de garantizar la continuidad operativa están impulsando una revisión progresiva de los estándares de seguridad en el sector.
En España, por ejemplo, los operadores, inversores y las aseguradoras siguen especialmente pendientes de la actualización del Reglamento de Seguridad Contra Incendios en los Establecimientos Industriales (RSCIEI), una normativa llamada a adaptar los requisitos de protección contra incendios a las nuevas dinámicas operativas y tipologías de almacenamiento de la actividad industrial.
Esto está provocando que la capacidad de los activos para responder a futuras exigencias regulatorias y minimizar riesgos operativos empiece a apreciarse como un elemento cada vez más relevante dentro de las decisiones inmobiliarias y de inversión.
2 – Capacidad energética y acceso a red como nuevo factor estratégico
La electrificación progresiva de buena parte de la actividad industrial está incrementando significativamente las necesidades energéticas del sector. Infraestructuras de recarga para vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento energético, autoconsumo o nuevas necesidades operativas están aumentando la presión sobre la capacidad eléctrica disponible. De esta manera, factores como el acceso a red, la disponibilidad de potencia o la posibilidad de ampliar capacidad energética empiezan a ganar protagonismo dentro de la planificación y valoración de activos industriales.
De hecho, en algunos mercados europeos, la disponibilidad de capacidad eléctrica ya se está convirtiendo en un factor condicionante para determinadas iniciativas, especialmente en ubicaciones con fuerte concentración de actividad económica e industrial. Además, la creciente complejidad energética está impulsando modelos de gestión mucho más avanzados, orientados a optimizar consumos, reducir costes operativos y mejorar la eficiencia energética de las instalaciones.
3 – Flexibilidad para responder a cadenas de suministro más dinámicas
El auge del e-commerce, la regionalización de determinadas cadenas de suministro y la necesidad de reducir tiempos de entrega están transformando las necesidades operativas. Solo en España, el comercio electrónico ya representa entre el 11% y el 12% de las ventas minoristas, según el Índice e-retail España 2025 de Savills, una evolución que está impulsando modelos de cadenas de suministro mucho más ágiles y flexibles.
Las compañías demandan activos capaces de adaptarse con rapidez a distintos modelos de distribución, ritmos de crecimiento o necesidades sectoriales. La modularidad de los espacios, la posibilidad de combinar diferentes tipologías industriales o la adaptación a operaciones de última milla y cross-dock se están consolidando como elementos cada vez más relevantes.
Asimismo, la flexibilidad operativa también gana importancia en un entorno marcado por una mayor volatilidad económica y por cadenas de suministro sometidas a cambios constantes derivados de factores geopolíticos, regulatorios o de consumo.
4 – Riesgo de obsolescencia tecnológica y necesidad de activos “future-ready”
La evolución tecnológica también se ha reflejado en el aumento del riesgo de obsolescencia de determinados activos industriales que no fueron diseñados para absorber nuevas necesidades operativas o integrar tecnologías avanzadas. Esta necesidad de modernización resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que, según informes recientes de JLL y CBRE, más del 55% de las naves logísticas españolas tienen más de 20 años de antigüedad.
La incorporación de sistemas automatizados, soluciones robotizadas, herramientas de gestión inteligente o tecnologías vinculadas al análisis de datos requiere infraestructuras cada vez más preparadas desde el punto de vista técnico. Por ello, factores como la conectividad, la altura libre, la resistencia de soleras o la capacidad de integración tecnológica empiezan a influir directamente en la competitividad futura de los activos.
En paralelo, la velocidad a la que evolucionan las operaciones industriales está impulsando el interés por instalaciones capaces de adaptarse con mayor facilidad a futuros cambios tecnológicos y operativos.
5 – Sostenibilidad y eficiencia operativa como factores estructurales de valor
La sostenibilidad se ha establecido como un criterio estructural dentro del sector industrial, más allá de los objetivos ESG o del cumplimiento regulatorio. Aspectos como la eficiencia energética, la optimización de recursos o la reducción de costes operativos tienen un impacto cada vez más directo sobre la competitividad y el valor a largo plazo de los activos.
Cada vez más operadores e inversores analizan el comportamiento real de las infraestructuras en aspectos como consumos energéticos, eficiencia operativa o bienestar de las personas que trabajan en ellas. Esto está impulsando el interés por infraestructuras capaces de integrar soluciones orientadas a mejorar el rendimiento energético de las instalaciones, reducir consumos y responder a futuras exigencias medioambientales y corporativas.
En este contexto, certificaciones ambientales como BREEAM continúan funcionando como referencia dentro del sector, aunque el foco se sitúa cada vez más en el impacto operativo y la eficiencia real de los activos a largo plazo.
“Hace unos años muchas de estas cuestiones apenas formaban parte de la conversación cuando se hablaba de industria. Hoy, desde Accolade vemos cómo operadores e inversores analizan los activos de una forma mucho más estratégica y a largo plazo, porque las necesidades operativas están cambiando muy rápido”, concluye Jan Mazáč, Associate Director de Accolade.


























