Con el verano llegando a su fin, las empresas hacen balance de una campaña marcada por una presión operativa que se repite año tras año. Mientras las organizaciones disponen cada vez de herramientas más precisas para anticipar la demanda, el verdadero desafío continúa estando en la capacidad de respuesta de la cadena de suministro en los momentos de máxima actividad.
La situación se produce en un contexto especialmente exigente para las operaciones. Según Randstad Research, el absentismo laboral alcanzó el 7,2% de las horas pactadas durante el primer trimestre de 2026, su nivel más elevado de los últimos cinco años. En actividades como la logística, los picos pueden llegar a rozar el 10% durante campañas de alta intensidad, coincidiendo con periodos de rebajas, vacaciones y aumento del consumo.
Las consecuencias son directas: retrasos en las entregas, roturas de stock, almacenes sometidos a una mayor presión operativa y un incremento de los costes asociados a incidencias y gestiones urgentes. Un escenario que vuelve a poner de manifiesto las dificultades de muchas compañías para ejecutar con eficiencia aquello que ya habían sido capaces de prever.
«El verdadero reto del verano no ha sido la demanda, sino garantizar que toda la operación estuviera preparada para responder a ella. Una previsión acertada pierde gran parte de su valor si la capacidad necesaria para ejecutarla no se ha planificado con la misma antelación», explica Arnau Peris, Country Manager de Slimstock Iberia.
Las empresas prevén mejor, pero siguen teniendo dificultades para ejecutar
La digitalización y la incorporación de herramientas avanzadas de planificación han mejorado significativamente la capacidad de las empresas para anticipar comportamientos de compra y patrones de consumo. Sin embargo, el verano ha vuelto a demostrar que disponer de información no garantiza, por sí solo, una respuesta eficiente.
Cuando la previsión de demanda, la gestión del inventario, la planificación de recursos y la capacidad operativa evolucionan de forma independiente, aumentan los riesgos de desabastecimiento, exceso de stock o saturación de las operaciones. «El reto ya no es únicamente saber qué va a ocurrir, sino asegurar que toda la cadena de suministro está preparada para responder cuando ocurra», señala Peris.
Para hacer frente a este desafío, cada vez más compañías apuestan por modelos de planificación integrada que permiten analizar de forma conjunta la demanda prevista, los niveles de inventario, los plazos de suministro y la capacidad operativa disponible, con el objetivo de anticipar posibles cuellos de botella antes de que afecten al servicio.
Una lección que va más allá de la campaña de verano
Para Slimstock, una de las principales conclusiones que deja este verano es que la diferencia entre una campaña gestionada con éxito y otra marcada por incidencias operativas rara vez depende de un único factor. Más bien responde a la capacidad de coordinar información, recursos y decisiones bajo una misma estrategia de planificación.
«La pregunta ya no es cuánto vamos a vender, sino si estamos preparados para responder a ese escenario manteniendo la eficiencia y el nivel de servicio«, concluye Peris. «Prever la demanda es importante, pero la verdadera ventaja competitiva surge cuando la organización es capaz de transformar esa previsión en decisiones que garanticen disponibilidad, eficiencia y capacidad de respuesta».


























