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Viernes, 28 Agosto 2026

Negocios

Por qué la industria papelera española se encuentra en una situación «delicada»

papel

La industria papelera española vuelve a situarse en una posición delicada. La última actualización de riesgos de Coface ha rebajado la calificación del sector desde riesgo “alto” a “muy alto”, convirtiéndolo, junto con la automoción, en uno de los dos sectores de la economía española con el nivel de riesgo empresarial más elevado.

El dato contrasta con la buena valoración general que Coface mantiene sobre España. El país conserva una calificación A2, considerada de riesgo bajo, apoyada por la resistencia del consumo privado y la inversión. Sin embargo, detrás de esa fotografía relativamente favorable existen industrias especialmente expuestas al nuevo escenario internacional. Y el papel es una de ellas.

Para entender la rebaja hay que comenzar por la propia naturaleza de esta industria. Fabricar papel y celulosa requiere grandes cantidades de energía, especialmente electricidad y calor para procesos como el secado. Esto convierte a las fábricas en especialmente sensibles a cualquier encarecimiento del gas y de la electricidad. ASPAPEL reconoce que la energía constituye una parte esencial del proceso productivo y uno de los principales factores que condicionan su competitividad.

Precisamente, el último análisis se produce en un escenario marcado por las tensiones en Oriente Medio, las dificultades en el suministro energético y los problemas logísticos internacionales. La crisis relacionada con el estrecho de Ormuz ha vuelto a poner presión sobre los precios de la energía y el transporte, deteriorando las perspectivas de numerosos sectores industriales. El Risk Review de junio de 2026 recoge nada menos que 41 rebajas de calificación sectorial frente a solo cuatro mejoras a escala internacional.

Menos producción y más competencia

Pero la energía es solo una parte del problema. Los últimos datos de la industria española muestran también una pérdida de actividad. Durante 2025, la producción nacional de papel y cartón descendió un 3,9%, mientras que la de celulosa cayó un 4,5%. La facturación retrocedió un 2,7%, hasta situarse en 5.092 millones de euros.

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El deterioro llega después del importante rebote registrado en 2024, cuando la producción de papel y cartón había crecido un 8,5%. Sin embargo, incluso entonces había una señal de alarma: pese al aumento de la actividad, la facturación prácticamente no avanzó debido a la competencia exterior y a los elevados costes estructurales.

La presión competitiva se ha intensificado además como consecuencia de las tensiones comerciales internacionales. Los aranceles impuestos por Estados Unidos están alterando los flujos mundiales y desviando producto hacia Europa. Los fabricantes españoles tienen así que competir con productores de países asiáticos con menores costes energéticos, laborales o regulatorios, lo que presiona los precios y estrecha los márgenes.

No es un problema exclusivamente español. La patronal europea Cepi señala que la producción europea de papel y cartón cayó un 1,5% en 2025 y advierte de una combinación de demanda débil, costes elevados, mayor competencia internacional, tensión comercial y creciente carga regulatoria. Especialmente acusado es el deterioro del papel gráfico, cuya producción europea retrocedió un 7,2% el pasado año.

Una demanda que también está cambiando

A estos factores coyunturales se une una transformación estructural. La digitalización continúa reduciendo el consumo de papel gráfico, mientras que otros segmentos, como los embalajes, dependen estrechamente de la evolución del comercio, la industria y el consumo. Coface ya identifica esa caída estructural del papel gráfico y la sensibilidad del packaging al ciclo económico como dos de las grandes vulnerabilidades del sector.

Todo ello explica que el riesgo aumente incluso en una industria española que sigue siendo relevante en Europa. España se ha convertido en quinto productor europeo de papel y cartón, cuenta con alrededor de 17.600 empleos directos y mantiene un importante esfuerzo inversor: en 2025 destinó 318 millones de euros a inversiones.

La calificación, por tanto, no significa que el sector papelero español esté condenado al declive. Mide el riesgo de impago empresarial teniendo en cuenta comportamiento de pagos, situación financiera y factores económicos. Pero sí funciona como una advertencia: la combinación de energía cara, menor demanda, competencia internacional y presión sobre los márgenes está aumentando la vulnerabilidad financiera de las empresas.

El reto ahora será convertir la apuesta del sector por la eficiencia energética, la economía circular y la descarbonización en una ventaja competitiva suficiente para compensar unas condiciones internacionales que, al menos a corto plazo, continúan jugando en su contra.

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