jueves , 24 octubre 2019 Impresion Pyme
  • Enganchados a la productividad personal o por qué no puedes ser «más productivo»

    La mayoría de nosotros tenemos un “guilty-pleasure”, un placer culpable que nos lleva a hacer cosas que socialmente no están demasiado bien vistas pero que en realidad, nos hacen sentir mucho mejor. En este cajón cabe de todo: adictos a telenovelas y reality shows, seguidores de Tomás Roncero, consumidores compulsivos de libros de auto-ayuda, etc.

    Para muchos emprendedores, su placer culpable no es otro que la productividad. Pero ojo, no la productividad entendida como un método que les ayude a ser más eficaces a la hora de desarrollar su trabajo. Sino productividad como un concepto abstracto, como una promesa de felicidad que les va a llevar no se sabe muy bien qué.

    Este libro te va a salvar la vida

    Si bien es cierto que métodos de productividad ha habido “toda la vida” es justo reconocerle al César lo que es del César. No entenderíamos lo que hoy muchos emprendedores tienen en mente cuando hablan de productividad si en 2001, David Allen no hubiera escrito “Getting Things Done: The Art of Stress-Free Productivity” (en castellano se tradujo como “Organízate con eficacia”), la para muchos “Biblia de la productividad” y en la que se establecían los principios del conocido como método GTD.

    Poco más tarde, Tim Ferris otro de los conocidos como gurús de la productividad escribía “The 4-hour Workweek” (la semana laboral de cuatro horas). A este dúo se sumaba casi al mismo tiempo Robin Sharma (autor de libros como “El monje que vendió su Ferrari”  o “Liderar sin cargo”). Entre los tres forman lo que podría denominarse como la “santa trinidad de la productividad”. Siguiendo con la analogía, todo lo que escribían en sus libros y blogs, los consejos que daban en sus multitudinarias conferencias, “iba a misa” siendo puesto en práctica por millones de personas en todo el mundo. Palabra de Allen.

    A partir de aquí, el caos. Basta echar un vistazo en Amazon. Una simple búsqueda por el témino productividad ofrece la friolera de 11.698 resultados (25.597 si el término empleado es “Productivity”). Y encontramos de todo. A simple vista: “Productividad para vagos”, “Productividad para emprendedores”, “Productividad para perezosos” “#Ultra-Productividad”, “Tiempo productivo” o “Productividad total”. En las próximas semanas se publicará «Productividad para gatos» y «Cómo ser más productivo mientras riegas las plantas».

    Miles de libros que con más o menos matices, de una forma más o menos original y empleando distintos ángulos, básicamente repiten los mismos y consagrados principios del gran gurú. Por supuesto, el fenómeno no se redujo a un mero boom editorial. La explosión de Internet trajo consigo un fenómeno amplificador y multiplicador. De la noche a la mañana, todos podíamos ser más productivos si seguíamos los pasos adecuados.

    También en MuyPymes fuimos y en cierto modo, seguimos siendo “culpables”. Basta buscar “productividad” en el buscador de esta página para poder disfrutar de los más de 500 artículos que desde 2008 hemos dedicado a este tema. Todos fantásticos, no os los perdáis.

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    Y entonces llegaron las Apps

    Mientras se mantuvo en el terreno del bolígrafo y el papel, la productividad personal parecía un terreno controlado. Materia de “cuatro locos” que pasaban buena parte de su día organizando sus tareas antes de empezar a trabajar. Pero entonces todo cambió. Llegaron las Apps y un mundo entero de posibilidades se abrieron ante la mirada cada vez más atónita del trabajador procrastinador que «desea» dejar de procrastinar.

    Omnifocus y Things abrieron la veda. Aplicaciones que se ajustaban estrictamente a la filosofía GTD de Allen, con esa curva de aprendizaje que sin ser compleja, ofrecía a los usuarios de esas carísimas  aplicaciones la sensación de que pertenecían a un club privado, que compartían un secreto que les hacía sentirse especiales.

    Así que si una aplicación para ser más productivo era tan especial, ¿Por qué no hacerla accesible a todo el mundo? Y llegaron. Muchas. Muchísimas. Toda una marea. En pocos años pasamos del enfoque más profesional a todo tipo de aproximaciones. Así llegaron Wunderlist, Todoist, Remember the Milk, Evernote, Any.Do, Doit, Toodledo o la española Hightrack.

    Como si de repente se hubiese puesto en marcha una conspiración, nos encontramos día sí día también escribiendo listas de tareas y sub-tareas, estableciendo prioridades, programando recordatorios, compartiendo tareas con nuestros compañeros de trabajo y un largo etc. que en realidad no cristalizaba en nada realmente productivo. ¿El culpable? La propia promesa de una mejor productividad.

    Cada vez que nos acostumbrábamos a utilizar una App, una nueva “enseñaba la patita” en la tienda de aplicaciones de nuestro smarphone o conseguía hacerse un hueco en uno de nuestros blogs favoritos. Por supuesto, en ese momento la dopamina de nuestro cerebro se ponía en marcha en busca de una gratificación inmediata. ¿Y que era lo más inmediato? Borrar la antigua App y empezar a trabajar con la nueva, con la esperanza de que “esta vez fuese la definitiva”.

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    El secreto: no necesitas ser más productivo

    Si nos has seguido hasta aquí y te has visto reconocido en alguno de estos párrafos, seguramente como nosotros, hayas descubierto un peligroso secreto. Que en realidad, sin hacer nada especial, ya eres bastante productivo. Que no necesitas serlo más. Que en cuanto llegas a tu trabajo sabes exactamente lo que tienes que hacer y no necesitas ningún método que te lo recuerde.

    ¿Asusta verdad? Después de todos esos libros y artículos que has leído. Después de todas esas Apps que has probado resulta que has estado «perdiendo el tiempo». Que lo esencial, lo que marca la diferencia entre ser o no productivo, viene de serie, lo llevas dentro.

    No queremos decir que todos estos métodos de productividad personal, de gestión de tareas, etc. no tengan ningún sentido. Lo tienen y mucho, en nicho muy concretos. Aplicados a un perfil muy determinado de usuarios, tal vez altos ejecutivos que viajan a diario y tienen que asistir a decenas de reuniones.

    Pero siendo así, llega el momento de revelar el segundo secreto. Desde hace muchos años este perfil de usuarios tiene un método infalible de productividad: su asistente, su secretario/a personal.

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    • Interesante artículo. Después de leerlo me han llamado la atención diversas cuestiones a las que se llegan en él. Algunas cuestiones que me llaman la atención:

      Si la productividad es solamente para ejecutivos que viajan a diario, es que el que lo escribe ha caído en el mito de pensar que la productividad es solo para el trabajo, con lo cual, probablemente piensa que se puede separar lo personal de lo profesional, imagino que porque cree que tiene 2 cerebros, que conecta y desconecta según esté en casa o en el trabajo. Yo con el tiempo me dí cuenta de que mejorar la productividad laboral influía en mi vida personal y viceversa, y aprendí que cuando hacía las cosas de forma productiva, las personales y las profesionales, y conseguía entrar en lo que se llama estado de flujo, además de ser productivo se me pasaban las horas volando y disfrutaba con lo que hacía, ya fuera personal o profesional. Eso para mí es la felicidad, con lo que desde entonces tengo claro que la productividad es igual a la felicidad, y eso vale para amos de casa, ejecutivos, estudiantes, jubilados y, en general, cualquiera que quiera ser feliz.

      Si después de leer varios métodos, el autor se lanzó a buscar herramientas para mejorar la productividad, va por buen camino. Cuando se prueban todas y no mejoras la productividad, muchos llegamos a la conclusión de que la herramientas no son lo importante, porque la productividad no se mejora a través de las herramientas, si no a base de cambiar los hábitos improductivos que de alguna manera automatizan nuestras conductas. Los hábitos no se cambian sencillamente, ni es fácil hacerlo, son conductas que nos permiten actuar de manera automática y nos facilitan la labor del día a día, pero cuando son erróneos nos llevan a actuar de forma incorrecta. La productividad no consiste en manejar herramientas, si no en manejar hábitos para conseguir mejoras.

      Si estoy de acuerdo con el secreto que revela el autor, la mejora de la productividad esta basada en un asistente, aunque me da miedo pensar que mi productividad, depende de un tercero. Yo también tengo un asistente personal, pero no es otra persona, es lo que David Allen llama una mente extendida, y consiste en sacar todo lo que tienes dentro de tu cabeza, ponerlo en un sitio fiable, tu sistema, y encargarte en cada momento solo de lo que tienes que hacer. Eso para mí es tan importante que no estoy dispuesto a delegarlo a un tercero. A que debo dedicar mi atención es algo muy personal. Para ello capturo mis preocupaciones, no tengo siempre 20 cosas en la cabeza, solo las que tengo que hacer en ese momento. Por eso disfruto con lo que hago sin distracciones. El mejor asistente personal que tengo soy yo mismo.

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