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  • Economía colaborativa: el genio de Jinn vuelve a la lámpara

    jinn

    Te llevamos lo que quieras a donde quieras. Es el lema de la que se conocen como “startups de última milla” y que en los últimos tiempos se han multiplicado, al ser capaces de conectar sin apenas fricción tiendas, supermercados y restaurantes con el consumidor doméstico. En esta categoría encontramos empresas como Deliveroo (especializada en el sector de la restauración), Deliberry (enfocada a supermercados y tiendas de alimentación) o Glovo (que hace de todo un poco).

    También se inscribe en esta categoría Jinn, una startup que comparte un modelo de negocio muy similar al de Glovo y que representa como pocas las bondades, pero también los problemas que están empezando a experimentar en sus propias carnes, muchas de las nuevas empresas de la economía colaborativa.

    Jinn, que nace del esfuerzo emprendedor de Mario Navarro, Joseba Mendivil y León Herrera Sáez-Benito hace curiosamente el recorrido inverso a muchas startups españolas. Se estrena en 2013 en Londres (pese a haber nacido en España, sus tres fundadores habían desarrollado su carrera profesional en Estados Unidos y Reino Unido), para al poco tiempo expandirse a otras ciudades del Reino Unido (Edimburgo, Glasgow, Manchester, Birmingham, Leeds) y finalmente en 2016, aterrizar en Madrid y Barcelona.

    Los inicios de Jinn parecen prometedores. A mediados de 2016, un momento propicio en el que casi se invierte “a ciegas” en todo lo que huela a economy on-demand, la startup levanta 10 millones de euros que pone sobre la mesa Samaipata Ventures, fondo VC al frente del cual, se encuentra el ex-CEO de “La Nevera Roja”, José del Barrio.

    La inyección de capital fresco permite que la empresa doble en el primer trimestre de 2017 el número de pedidos recibidos en el mismo periodo del año anterior y se supera de esta forma la barrera psicológica del millón de entregas. ¿Pero a qué precio?

    jinn_repartidor

    Precariedad laboral

    A uno bastante caro. En enero de 2017 un nutrido grupo de repartidores de la startup rodea de forma intimidatoria a León Herrera cuando este se dispone a entrar en las oficinas de la empresa, exigiéndole que les pague el dinero que les debe.

    Hacen alusión a la nueva política de la empresa, que acaba de reducir los salarios de sus repartidores desde las ocho libras por hora que cobraban cuando firmaron con la empresa, hasta las 1,74 libras por hora (dos euros) con las que tendrán que empezar a convivir si quieren seguir trabajando para la plataforma.

    Además vuelven quejarse de que su “nómina” se abone siempre con tarjetas de prepago que desvinculan a la empresa de sus propios trabajadores, en su mayoría inmigrantes que se encuentran en situación irregular.

    Uno de ellos graba el incidente con su teléfono móvil y lo publica en Youtube. Gritos como “nos estás robando nuestro dinero” o “nos estás tratando como esclavos, no somos tus esclavos” se escuchan perfectamente en la grabación.

    El vídeo corre como la pólvora en redes sociales y no tardan en hacerse eco del escándalo medios como “The Guardian” o “Business Insider”.

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    Repartidores de Jinn rodean a León Herrera

    ¿Más financiación?

    Contra todos los pronósticos, esta polémica no impide a Jinn seguir operando con relativa normalidad e incluso, encontrar financiación para seguir creciendo.

    Con el objetivo de conseguir alcanzar la rentabilidad en 2018, la empresa vuelve a reunirse con potenciales inversores y en mayo de este año consigue levantar otros 9,7 millones de euros que dan entrada en la empresa a STE Capital. Y entonces ocurre algo muy extraño.

    A mediados del pasado mes de julio, es decir dos meses después de la ronda, Jinn comunica que se dispone poner fin a sus operaciones Edimburgo, Glasgow, Manchester, Birmingham y  Leeds, reduciendo su actividad a Londres y manteniendo de momento su presencia en España.

    El motivo oficial que esgrime Mario Navarro es que con el objetivo de ser rentables antes de finales de año y teniendo en cuenta que el 90% de sus pedidos corresponden a Londres, “poner en pausa” su actividad en otras ciudades es en esos momentos, lo más adecuado. Un mensaje que como mínimo, contradice el principal objetivo de la última ronda: consolidar su presencia en los principales mercados en los que opera.

    ¿El motivo real? probablemente el hecho de que su máximo rival, la startup Quiqup acabase de cerrar una ronda de 20 millones de euros. Y contra eso, poco se podía hacer para competir en igualdad de condiciones.

    Sobrevive que no es poco

    Las últimas semanas no han sido fáciles para Jinn. El cierre de la mayoría de sus mercados ha reducido la plantilla desde los más de cien trabajadores con los que contaba hasta hace unas semanas, a los veinte que se dedican a gestionar la actividad de la startup en la capital del reino.

    Además si hacemos caso a la información de TechCrunch, León Herrera, el protagonista del polémico incidente ha dejado la empresa para volver a España. Con todo Mario Navarro está satisfecho. Como declara al rotativo americano, finalmente la empresa es rentable en EBITDA  y espera facturar 22 millones de euros este mismo año.

    Por otro lado la empresa ha puesto en marcha su negocio B2B, lo que le permite contar con socios permanentes con los que gestionar sus pedidos. En estos momentos la empresa contaría con unos 1.000 partners y 1.000 repartidores que darían servicio a los casi 100.000 clientes registrados en su plataforma.  Y no es que sean números espectaculares, pero consiguen que la empresa sobreviva, al menos de momento.

    En cambio como ya han empezado a hacer compañías como Deliveroo o Uber, si quiere mantener la llama viva, tendrá que repensar seriamente la relación que mantiene con sus trabajadores, para que polémicas como las del pasado mes de enero, se queden solo en un mal recuerdo.

     

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