martes , 16 julio 2019 Impresion Pyme
  • ¿Quieres tener éxito con tu empresa? Entonces NO hagas esto

    ranas

    Lanzarse a emprender puede parecer algo fácil en la teoría pero es extremadamente complicado en la práctica. Si fuera sencillo todo el mundo lo haría y solo unos elegidos son capaces de desarrollar un proceso con éxito. Por ello, Joan Riera, colaborador académico de Innovación y Emprendimiento en Esade, ha elaborado una lista de 20 errores que cualquier emprendedor debería evitar, recogidos en la web Via Empresa.

    • Confundir buena idea con un buen negocio. No toda idea de negocio es una oportunidad. Hay tres parámetros clave para identificar y evaluar oportunidades de negocio: una propuesta de valor potente y convincente, un equipo humano capaz de ejecutar la iniciativa con éxito y escoger el momento adecuado para lanzarla al mercado.
    • Incapacidad de aceptar la responsabilidad. Este error es un clásico habitual en nuestra cultura. Somos los primeros en culpar a la crisis cuando los negocios no van bien. Las empresas deben aceptar sus errores y responsabilizarse, “chutar las pelotas fuera”, echar la culpa al entorno y a otras variables externas al negocio no debería ser una opción. El equipo que pilota la iniciativa es el principal responsable de lo que suceda en la empresa.
    • No sabes si funciona hasta que lo pruebas. Hay que ser valiente, lanzarse y probarlo, sino nunca sabes si funcionará. Cierto es, que se necesita un equilibrio entre la planificación y el riesgo: cuanto más planificamos, menos riesgo tenemos.
    • El cliente es el rey. Hay que potenciar la importancia que tiene el cliente dentro de las organizaciones. ¿Quién es tu cliente? ¿Sabes lo que quiere? ¿Captas lo que necesita? ¿Tienes contacto directo? Todas las preguntas planteadas nos hacen reflexionar en voz alta de cuanto cuido a mi cliente, que, dicho alto y claro, es quién nos da de comer.
    • Pensar que tus clientes son igual que tú. Es uno de los errores más comunes al impulsar una nueva empresa o proyecto de alguna actividad que te gusta o te apasiona pensando que todo el mundo es como tú, con tus mismos gustos, necesidades y problemas. Normalmente no suele ser así, por lo que es un requisito indispensable contrastar ahí fuera si existen verdaderos compradores.
    • Si lo “monto”, vendrán. El cliente ya no viene solo. Hay que salir a buscarlo. No cometamos el error de “levantar la persiana” y no haber previsto una inversión en marketing y sobre todo comercial.

    • Escondernos detrás del escritorio. Hay que salir a la calle, testear el producto y recibir un feedback de nuestro cliente objetivo, cuanto antes. No importa si el producto no está acabado, habrá que simular que si lo está y se lo pondremos encima de la mesa. La información que obtenemos es crucial para orientar el desarrollo a lo que verdaderamente quiere el cliente.
    • Tener ciertos acuerdos con los clientes y no relaciones comerciales. La relación con el cliente debe ser intensa, de calidad, de confianza, para mantenerlo satisfecho y poder así fidelizarlo. Hay que ir más allá de la mera relación.
    • No saber vender. No importa la dimensión de la iniciativa, pueden ser equipos pequeños, nuevas compañías o unidades de negocio, lo que es vital es que el equipo tenga carácter comercial. Vamos a tener que vender desde el minuto 1, y durante toda la puesta en marcha y despegue.
    • No tener suficiente hambre. La necesidad agudiza el ingenio, precisamente un ingrediente fundamental para obtener flexibilidad y capacidad de reacción cuando los recursos son escasos y el entorno exige más que nunca.
    • No invertir tu propio dinero. Los primeros que deben invertir en el proyecto son el equipo fundador, para así transmitir confianza y compromiso. Solo así conseguiremos obtener apoyo externo de los demás.
    • No identificar bien los costes. Siempre nos olvidamos costes, en una fiebre de optimismo que nos invade en las fases iniciales fruto del enamoramiento de los impulsores.
    • Tener ciertos acuerdos con los clientes y no relaciones comerciales. La relación con el cliente debe ser intensa, de calidad, de confianza, para mantenerlo satisfecho y poder así fidelizarlo. Hay que ir más allá de la mera relación.
    • No saber vender. No importa la dimensión de la iniciativa, pueden ser equipos pequeños, nuevas compañías o unidades de negocio, lo que es vital es que el equipo tenga carácter comercial. Vamos a tener que vender desde el minuto 1, y durante toda la puesta en marcha y despegue.
    • No tener suficiente hambre. La necesidad agudiza el ingenio, precisamente un ingrediente fundamental para obtener flexibilidad y capacidad de reacción cuando los recursos son escasos y el entorno exige más que nunca.
    • No invertir tu propio dinero. Los primeros que deben invertir en el proyecto son el equipo fundador, para así transmitir confianza y compromiso. Solo así conseguiremos obtener apoyo externo de los demás.
    • No identificar bien los costes. Siempre nos olvidamos costes, en una fiebre de optimismo que nos invade en las fases iniciales fruto del enamoramiento de los impulsores.
    • Confundir los roles de inversor y trabajador. Si inviertes, tu contraprestación son los dividendos o recuperar tu inversión al vender. Si trabajas, tu contraprestación es cobrar un salario. Si inviertes y trabajas deberías mantener ambos roles claros e independientes para mantener una buena dinámica con el resto de los socios.
    • No saber delegar. Una de las claves de éxito es rodearte de un equipo mejor que tú. Asimismo, delegar se convierte en ingrediente esencial para crecer.
    • ¡No intentarlo! Es el mayor error de todos. La vida es demasiado corta y vale la pena vivirla intensamente. ¿Vas a soportar el sentimiento de “que hubiera sido si realmente me hubiera lanzado”? Deja de pensar y empieza a actuar.

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