La Federación Española de Centros Tecnológicos Fedit celebra tres décadas impulsando la investigación aplicada y acercando la innovación a miles de empresas. Para celebrarlo, el miércoles estuvimos charlando con la presidenta, Laura Olcina, y el director, Áureo Díaz-Carrasco. Desde su nacimiento en 1996 hasta la consolidación del programa Cervera, la organización ha contribuido a convertir a los centros tecnológicos en una infraestructura estratégica para la competitividad, la industrialización y la autonomía tecnológica de España.
Los centros tecnológicos no son universidades, consultoras ni simples laboratorios de ensayo. Son organizaciones privadas y sin ánimo de lucro especializadas en generar conocimiento tecnológico, desarrollar proyectos de I+D+I y trasladar sus resultados al mercado. Su función resulta especialmente relevante para las pymes, que difícilmente pueden disponer por sí solas de equipos científicos, instalaciones avanzadas o departamentos propios de investigación.
Fedit nació precisamente con el objetivo de fortalecer estas entidades, fomentar la investigación privada y mejorar la competitividad empresarial mediante la tecnología. 30 años después, la federación se ha convertido en la principal organización representativa de los centros tecnológicos españoles y cuenta con 60 miembros, tras las últimas incorporaciones aprobadas el pasado mes de junio.
1996: la unión de dos modelos de innovación
La historia de Fedit comenzó en marzo de 1996, cuando se creó la Federación Española de Entidades de Innovación y Tecnología. La nueva organización surgió de la fusión de la Federación Española de Asociaciones de Investigación Industrial, FEDIN, y la Federación Española de Organismos de Innovación y Tecnología, FEIT.
El nacimiento de la entidad coincidió con una primera oleada de creación y consolidación de centros tecnológicos en distintas comunidades autónomas. También se produjo en paralelo a la aprobación del Real Decreto 2609/1996, que introdujo el concepto de Centro de Innovación y Tecnología y estableció un registro oficial para estas organizaciones.
Aquel movimiento permitió comenzar a ordenar un ecosistema hasta entonces muy fragmentado. Los centros tenían diferentes orígenes, especializaciones sectoriales y modelos territoriales, pero compartían una misma misión: acercar el conocimiento tecnológico a la industria y ayudar a las empresas a innovar.
2008: el reconocimiento del modelo de centro tecnológico
Uno de los grandes hitos de la federación llegó en 2008. Tras años de interlocución institucional, el concepto inicial de Centro de Innovación y Tecnología evolucionó hasta el actual modelo de centro tecnológico.
El Real Decreto 2093/2008 reguló estas organizaciones en el ámbito estatal y creó un registro público específico. La norma los definió como entidades sin ánimo de lucro orientadas a mejorar la competitividad empresarial mediante la generación de conocimiento, la realización de actividades de I+D+I y su aplicación en el mercado.
La inscripción en el registro exige acreditar experiencia, solvencia, recursos propios y capacidad para desarrollar y transferir tecnología. En la práctica, la regulación ayudó a establecer unos estándares comunes y a diferenciar a los centros tecnológicos de otros proveedores de servicios empresariales.
Ese mismo año, la Comisión de Ciencia e Innovación del Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad dos proposiciones no de ley que reconocían los resultados de estos centros y su papel dentro del Sistema Español de Ciencia y Tecnología. Para Fedit, aquello supuso un importante respaldo político e institucional al modelo que venía defendiendo desde su creación.
2010: una identidad
En 2010, la entidad adoptó su denominación actual: Federación Española de Centros Tecnológicos.
El cambio no fue únicamente nominal. Reflejaba la evolución de una organización que ya se había convertido en interlocutora del colectivo ante las administraciones, las empresas y el resto de los agentes científicos y tecnológicos.
Desde entonces, Fedit ha centrado su actividad en consolidar este modelo, promover la cooperación entre sus miembros, fomentar la cultura innovadora en las empresas y garantizar que estas entidades participen plenamente en el diseño de las políticas españolas de ciencia, tecnología e innovación.
La federación también reforzó su presencia internacional. Actualmente forma parte del Comité Ejecutivo de la Asociación Europea de Organizaciones de Investigación y Tecnología, EARTO, y es miembro fundador del Comité Ejecutivo de la Red Internacional para la Pequeña y Mediana Empresa, INSME.
Resistir durante la crisis económica
La primera gran prueba de resistencia para el modelo llegó tras la crisis financiera. A partir de 2009, los centros tuvieron que enfrentarse a una fuerte reducción de la financiación pública.
Según la cronología de Fedit, entre los puntos más altos y más bajos del periodo, los ingresos procedentes del mercado descendieron un 26%, mientras que la financiación pública llegó a caer un 48,4%. El mínimo de esta última se alcanzó en 2016.
La supervivencia y posterior crecimiento de numerosos centros durante aquellos años se apoyó en su capacidad para contratar proyectos con empresas, competir en convocatorias nacionales y europeas y diversificar sus fuentes de ingresos. La crisis reforzó así una de las características esenciales del modelo: su orientación hacia las necesidades reales del tejido productivo.
2019: el nacimiento de las redes Cervera
Otro de los momentos decisivos se produjo en 2019, cuando se puso en marcha el programa de ayudas Cervera para Centros Tecnológicos, gestionado por el CDTI.
Fedit considera que la recuperación de los programas de cooperación entre centros y la creación de este instrumento fueron el resultado de una intensa labor de interlocución con el Gobierno. La primera convocatoria contó con un presupuesto de 40 millones de euros y financió programas estratégicos desarrollados en cooperación por varios de los centros.
El objetivo de Cervera es reforzar las capacidades científicas y tecnológicas de los centros, impulsar el trabajo en red y potenciar su papel tractor dentro del sistema de innovación. Sus proyectos abarcan campos como inteligencia artificial, materiales avanzados, tecnologías cuánticas, transición energética, salud, fabricación inteligente, economía circular o seguridad y defensa.
El programa se ha consolidado desde entonces. En sus cuatro primeras ediciones —2019, 2021, 2023 y 2025— financió 45 proyectos con la participación de 62 centros tecnológicos y concedió 182,4 millones de euros en subvenciones. En 2026, el CDTI lanzó una nueva convocatoria dotada con hasta 70 millones.
2020: tecnología al servicio de la emergencia sanitaria
La pandemia volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta de estas entidades. Durante 2020, numerosas empresas asociadas a Fedit adaptaron instalaciones, equipos y líneas de investigación para colaborar en la fabricación de material sanitario, validar productos, desarrollar sistemas de diagnóstico y apoyar a las administraciones y empresas.
La movilización mostró una de las fortalezas del modelo: la posibilidad de transformar rápidamente conocimiento científico en soluciones aplicables. Los centros no solo participaron en la respuesta inmediata, sino también en la recuperación posterior, acompañando a empresas que necesitaban digitalizarse, automatizar procesos, desarrollar nuevos productos o reforzar sus cadenas de suministro.
Una red con más empresas, proyectos y profesionales
El crecimiento de los últimos años permite dimensionar el alcance actual de la federación. Los datos correspondientes a 2024 muestran que los 52 centros incluidos entonces en el informe anual de Fedit superaron conjuntamente los 917 millones de euros de ingresos.
Estas organizaciones empleaban a cerca de 10.800 profesionales, de los que más de 8.500 se dedicaban a actividades investigadoras y alrededor de 1.700 eran doctores. Durante ese ejercicio desarrollaron más de 23.700 proyectos de innovación y prestaron servicios a más de 29.000 empresas.
Los ingresos crecieron un 6,5% y el empleo aumentó un 3,5% respecto al año anterior. Además, los Centros captaron aproximadamente el 13% del retorno español conseguido en el Programa Marco Europeo de I+D+I, una cifra especialmente significativa por el nivel de competencia que presentan las convocatorias comunitarias.
La federación representa actualmente a cerca del 90% de las entidades inscritas en el Registro Nacional de Centros Tecnológicos. Su presencia también se ha ampliado en órganos como el Consejo Asesor de Ciencia, Tecnología e Innovación, la Representación Permanente de España ante la Unión Europea, el CDTI, EARTO o la CEOE.
Un impacto que supera los 7.700 millones de euros
La conmemoración del trigésimo aniversario ha servido también para cuantificar el efecto económico del colectivo. Un estudio independiente elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, Ivie, estima que los centros integrados en Fedit generan un impacto total de 7.702 millones de euros de PIB, 127.371 empleos equivalentes a tiempo completo y 3.947 millones de euros de ingresos públicos.
El análisis calcula que, por cada euro invertido en los Centros Tecnológicos, se generan 11 euros de PIB. Por cada millón de euros de gasto se crean, además, 181 puestos de trabajo.
El efecto no procede únicamente de la actividad directa de las entidades. El estudio también analiza la mejora experimentada por las compañías que colaboran con ellas. Las empresas consultadas atribuyen a esa cooperación un incremento mediano del 2% en sus ventas y de 0,8 puntos en su rentabilidad.
El 85% declara haber alcanzado los objetivos planteados en los proyectos, el 93,5% valora positivamente la calidad de la relación profesional y el 73,5% afirma que volvería a trabajar con un Centro Tecnológico.


























