Cuando se habla de los beneficios fiscales del coworking para autónomos conviene hacer una precisión: beneficio fiscal reside en que, cuando se cumplen los requisitos establecidos por la normativa tributaria, la cuota del coworking puede deducirse como gasto de la actividad económica, algo que, en la práctica, suele resultar mucho más sencillo de justificar que determinados gastos derivados del trabajo desde la vivienda habitual.
Esta es una de las razones de peso por la que, Nieves Ramos Sánchez-Mateos, directora de Optimismus Coworking y experta en Recursos Humanos, ha observado un cambio llamativo entre quienes llegan al espacio. «Antes la mayoría preguntaba solo por el precio o la flexibilidad. Hoy muchos llegan con otra preocupación: necesitan un lugar donde trabajar con profesionalidad, recibir clientes, separar la vida personal del trabajo y simplificar la gestión de su negocio. El coworking ha dejado de ser solo una alternativa a la oficina; se ha convertido en una herramienta para gestionar mejor la actividad profesional.»
Una factura más sencilla de justificar que el despacho en casa
Para quienes desarrollan su actividad desde la vivienda habitual, justificar determinados gastos puede convertirse en un proceso complejo. La deducción de suministros exige aplicar porcentajes sobre la superficie afecta a la actividad y cumplir determinados requisitos establecidos por la normativa tributaria.
Frente a ello, el coworking presenta una ventaja evidente: se trata de un servicio contratado específicamente para desarrollar una actividad profesional. «Lo que muchos autónomos valoran no es únicamente disponer de un buen espacio para trabajar. También agradecen que exista una factura clara por un servicio profesional perfectamente identificado. Eso aporta mucha tranquilidad en la gestión diaria», explica Nieves Ramos Sánchez-Mateos.
Qué dice la normativa
Desde la asesoría fiscal Mega Gestión de Negocios explican que, “cuando el autónomo tributa en estimación directa, la cuota del coworking puede computarse como gasto deducible siempre que exista una vinculación real con la actividad económica, el gasto esté debidamente justificado mediante factura y figure correctamente registrado en la contabilidad o en los libros-registro correspondientes”.
Asimismo, “pueden formar parte de ese gasto la cuota mensual del puesto de trabajo, el alquiler de despachos o salas de reuniones y aquellos servicios incluidos en la factura del coworking vinculados al desarrollo de la actividad”, explican desde la asesoría.
Domicilio fiscal y comercial: otra ventaja para separar el negocio de la vida personal
Cada vez más espacios de coworking ofrecen la posibilidad de establecer en ellos el domicilio fiscal, social y comercial del autónomo o de la empresa. Además de proyectar una imagen más profesional ante clientes y proveedores, esta opción permite centralizar la actividad empresarial en una dirección destinada específicamente al negocio.
«Cada vez recibimos más profesionales que quieren separar completamente su actividad empresarial de su vivienda. No buscan solo un lugar donde trabajar, sino una dirección profesional desde la que desarrollar su proyecto, recibir correspondencia o atender a sus clientes. Esa separación aporta organización, privacidad y también transmite una imagen mucho más sólida», explica Ramos Sánchez-Mateos.
Desde Mega Gestión de Negocios recuerdan que establecer el domicilio fiscal en un coworking no genera, por sí mismo, una deducción adicional, pero sí puede aportar ventajas desde el punto de vista de la organización del negocio. «Contar con un domicilio profesional independiente ayuda a ordenar la documentación del negocio, centralizar las comunicaciones y reforzar la coherencia entre el lugar donde realmente se desarrolla la actividad y la información que consta ante la Administración», explican.
«Durante mucho tiempo discutíamos si era mejor trabajar desde casa o volver a la oficina», concluye Nieves Ramos Sánchez-Mateos. «Creo que hoy la pregunta es otra: ¿qué espacio ayuda realmente a que tu negocio crezca? Cuando el entorno acompaña, trabajamos mejor, proyectamos una imagen más profesional y podemos centrarnos en lo importante. Si además ese gasto resulta más sencillo de justificar desde el punto de vista fiscal, es un beneficio añadido, aunque no el único motivo.»


























