Una de las formaciones más demandadas en todo tipo de empresas es: «Cómo dar buen feedback a un colaborador». Se demanda casi siempre para mandos intermedios y líderes.
Y la pregunta que me hago es: ¿por qué no se demanda esta formación para que los colaboradores puedan dárselo a sus directores? Darían un gran salto las empresas que consiguieran que desde abajo se pueda corregir hacia arriba. Se ahorrarían mucho dinero, malentendidos, trabajo equivocado o repetido, tensiones… Vamos, si tuviera que apostar todo mi dinero a rojo o negro, lo apostaría a que las personas en empresas aprendieran a dar feedback a sus jefes.
Y adelanto, no es normal. Casi nunca se hace. Y, cuando se intenta, aparece una pregunta aterradora: «Cómo se lo digo sin que se enfade».
La experiencia de la interpretación
Mi trabajo como actor me enseñó otra cosa completamente diferente. Los actores sí dan feedback a los directores. Muy a menudo. A veces, ¡demasiado a menudo! Entonces, ¿por qué cuando un actor le dice a un director que una escena no funciona, nadie se ofende?
En un ensayo, los actores hacen comentarios al director continuamente. «Esta réplica suena falsa.» «No entiendo por qué mi personaje entra aquí.» Y al revés: el director corrige, propone, descarta. Nadie sale llorando. Nadie se queda rumiando que «le dijo eso delante de todos». Y hablamos de profesionales con egos enormes y jerarquías clarísimas.
¿Por qué funciona?
Porque entre el actor y el director siempre hay algo en medio. Algo que los dos están mirando: La escena, el personaje, la obra… Cuando el actor dice «esto no funciona», no le está diciendo al director «lo haces mal», le está diciendo a los dos: «eso que estamos construyendo todavía no se tiene de pie». El feedback no va contra el director, aterriza en la escena.
En las empresas eso casi nunca existe, o existe, pero tan borroso que no sirve. «El negocio», «los objetivos», «la estrategia»… son palabras demasiado grandes para sostener una conversación difícil. Entonces, cuando un colaborador dice «creo que no fue la mejor decisión», ese comentario no tiene dónde caer. Va directo al jefe, a su ego, a su cargo, a su autoridad. Y se lo toma a la tremenda. ¡Claro! No le hemos dejado otra salida.
Te pongo un ejemplo muy tonto, de los que pasan cada día. Imagina que tu jefe lanzó hace tres meses una campaña de marketing y los resultados no están saliendo. Tú lo ves claro, tienes que decírselo. Hay dos formas de hacerlo:
- Forma A: «Te has equivocado con la campaña que lanzaste. Te dije que no iba a funcionar».
- Forma B: «Oye, ¿podemos mirar juntos los datos de la campaña? Hay algo en los números que no me cuadra y no sé si lo estoy interpretando bien.»
Es lo mismo. El objetivo es exactamente el mismo: que tu jefe se dé cuenta de que la campaña no está funcionando y decida algo.
Pero la forma A va directa a su ego. «La campaña que lanzaste». «Te dije que no iba a funcionar». Estás poniendo delante de él un espejo con su decisión fallida. No tiene sitio donde meterse. O te da la razón (y reconoce su error delante de ti) o se defiende. Normalmente se defiende. Y como la mejor defensa es un ataque: ¡prepárate!
La forma B pone algo en medio: los datos. «¿Podemos mirar juntos?«. Ya no sois tú y él, sois los dos, mirando una tabla. Y encima, «no sé si lo estoy interpretando bien» le deja a él el papel de experto, no el de acusado. Cuando los dos miréis los números, los números hablarán solos. Y tu jefe llegará a la misma conclusión que tú, pero habiéndola pensado él.
Parece un truco de política barata. No lo es. Es exactamente lo contrario: es dejar de hacer política para empezar a mirar la realidad juntos.
Fíjate en una cosa: De la misma forma que un buen líder te ayuda a sacar tus propias conclusiones más con preguntas que con órdenes, tú también puedes hacer lo mismo con tu jefe. No es una técnica reservada para los que mandan. Es, simplemente, una forma más inteligente de hablar cuando el otro tiene que llegar a una conclusión por sí mismo.
Porque nadie cambia de opinión porque se lo ordenen. Ni siquiera los jefes. Especialmente los jefes.
Si mañana tienes que decirle algo incómodo a tu jefe, no empieces por la frase, empieza diez minutos antes, eligiendo qué vais a mirar juntos mientras hablas. No es tanto lo que dices, es dónde estáis mirando los dos cuando lo dices.
Y lo mejor es que esto se entrena. Como casi todo lo que de verdad importa en una empresa, se entrena mejor ensayando que leyendo.
Coté Soler, actor, productor y empresario y CEO de BeLiquid.


























