Pocos perfiles del sector financiero español han vivido el negocio desde tantos ángulos como Gabriela Orille, cofundadora de Flinket y myETF,: intermediación de renta variable, la mesa de tesorería, asesor financiero, banca privada, banco del Ibex35, neobancos, emprendimiento. Todo empezó vendiendo análisis técnicos de bolsa desde una habitación en Oviedo, a principios de los 2000, cuando «Fintech» ni siquiera existía como palabra.
Aquel comienzo marcaría una trayectoria caracterizada por una constante en su carrera: ver hacia dónde va el mercado y llegar antes de que exista el camino.
Después llegaron los cursos de análisis técnico de la mano de Intereconomía, su incorporación en 2004 a una Sociedad de Valores y Bolsa como responsable de Renta Variable y, posteriormente, una larga etapa en el entorno de Inversis y Andbank. Allí, esta emprendedora vivió dos procesos de adquisición corporativa y ocupó diferentes posiciones de responsabilidad, una experiencia que le permitió conocer el negocio financiero desde múltiples perspectivas.
En 2016 volvió a apostar por adelantarse al cambio. Decidió concentrarse en el ecosistema Fintech y participó en el desarrollo de neobancos, roboadvisors y nuevas soluciones financieras. Entre sus proyectos destaca su participación en la ideación y lanzamiento de MyInvestor, una iniciativa que se convertiría en uno de los referentes de la nueva banca digital española.
Desde entonces, su carrera ha seguido ampliándose: Grupo Santander, consejos de administración, docencia, inversión en startups y emprendimiento. Como business angel ha invertido en compañías de sectores tan diversos como blockchain, turismo, movilidad, o digitalización, y actualmente combina su actividad inversora con su labor como consejera y CEO de Flinket y myETF.
MuyPymes: Después de más de dos décadas trabajando en innovación financiera, ¿qué le llevó a dar el salto definitivo desde la dirección de grandes entidades hacia el emprendimiento?
Gabriela Orille: En realidad, el emprendimiento fue mi punto de partida, no mi destino. Empecé como autónoma, en los albores del año 2000. Ese ADN de detectar una necesidad, construir el producto y crear una línea de negocio con él ha estado ahí desde el primer día. Después he sido una afortunada, pues en cada etapa he podido intraemprender creando negocios que generaban ingresos nuevos en la cuenta de resultados de las entidades a las que pertenecía, bien como intermediación renta variable, departamento de CFDs o vía el máximo exponente: el intraemprendimiento de un neobanco.
MuyPymes: ¿Qué diferencias ha encontrado entre impulsar la innovación dentro de una organización financiera consolidada y construir un proyecto desde cero?
Gabriela Orille: He vivido las dos realidades y la principal diferencia es muy clara: dentro de una gran organización innovar significa negociar con prioridades, recursos y cultura. El legacy cultural pesa más que el tecnológico. Y ese peso tiene coste medible: Capgemini estima que las firmas tradicionales de gestión patrimonial han dejado escapar 1,5 billones de dólares hacia competidores más ágiles solo entre 2022 y 2025.
Cuando emprendes desde cero elimina esas fricciones, tu principal reto es demostrar que el negocio funciona. Es lo que Paul Graham bautizó como «founder mode» en una startup no gestionas cajas negras del organigrama, estás en el detalle, con hambre, porque cada semana cuenta.
En una corporación puedes tener una gran idea, pero necesitas alinear equipos, presupuestos y decisiones. Cuando partes de cero, esa burocracia desaparece, pero también desaparece la red de seguridad: cada decisión tiene un impacto directo en el negocio. Por eso, uno de mis mayores aprendizajes es que la cuenta de resultados tiene que ser la brújula diaria del emprendedor. No algo que se revisa a final de trimestre, sino el criterio con el que decides dónde invertir, qué priorizar y, sobre todo, qué no hacer.
Y hay algo más que hoy considero una ventaja: haber trabajado dentro de grandes organizaciones me permite entender muy bien cómo piensa y cómo decide un cliente corporativo. En un proyecto B2B como el nuestro, esa experiencia es fundamental. Emprender desde cero te obliga a ser ágil; haber estado dentro te ayuda a saber cómo vender esa agilidad a empresas que no lo son.
MuyPymes: ¿Qué aprendizajes de su etapa en MyInvestor han sido más importantes para desarrollar posteriormente sus propios proyectos?
Gabriela Orille: En MyInvestor mi rol era ejecutivo: construir, lanzar, corregir cada día. Y el aprendizaje principal de esa etapa cabe, en una palabra: cocreación. Los mejores productos no se diseñan en un despacho y se validan después; se construyen escuchando al cliente desde el primer boceto.
Parece obvio, pero la industria sigue sin hacerlo: según Capgemini, el 97% de las firmas clasifica a sus clientes por lo que tienen, no por lo que quieren, y el 42% de los clientes tiene que repetir sus objetivos una y otra vez a la misma entidad. Escuchar no es una encuesta anual: es un proceso de diseño. De ahí salen los tres aprendizajes que aplico desde entonces:
- El cliente se mueve por ventaja estructural, no por marketing.
- La sencillez es la forma más difícil de sofisticación: la confianza ha cambiado de modo, del «confía en mí» al «demuéstramelo», se gana con transparencia, explicaciones y resultados consistentes, no con reputación heredada.
- El precio es un mensaje: la presión sobre las comisiones no está llegando como exigencia de rebajas, sino como exigencia de transparencia y precios desagregados. El cliente no pide pagar menos; pide entender qué paga.
MuyPymes: ¿Qué problema concreto del inversor español pretende resolver myETF y cómo detectaron esa necesidad?
Gabriela Orille: El inversor español convive con una asimetría única en Europa: puede traspasar fondos sin tributar, pero no ETFs. El instrumento más eficiente del mercado es el único penalizado al moverse. Los fondos disfrutan del régimen de traspasos desde 2003; los ETFs quedaron fuera. El resultado es el «efecto candado» que han documentado el IEE y EFPA: inversores atrapados en posiciones que ya no les convencen porque moverse tiene coste fiscal. Y la paradoja es que esto ocurre justo cuando el ETF se consolida como el instrumento de la nueva generación.
El ETF es uno de los productos de inversión que más crece en Europa y las mujeres son, a su vez, uno de los perfiles inversores con mayor crecimiento: un 16% desde 2022. La demanda existe: es joven, digital y crece a doble dígito. Lo que faltaba en España era una plataforma capaz de democratizar el acceso y reducir esa asimetría. Ahí nace myETF.
Por otra parte, myETF también quiere aportar libertad de asesor. Tradicionalmente cada entidad financiera ha querido mantener cautivos a sus clientes en estructuras cerradas, algo que ya no es propio del Siglo XXI. En los últimos años hemos visto a los campeones de esa filosofía entre la gran banca, ofrecen libertar de asesoramiento a sus clientes de banca privada y ultraricos.
En myETF permitimos esa libertad a todos los clientes, sin necesidad de abrirse cuentas con distintos asesores y, con una facilidad operativa aportada por tecnología actual. Por ejemplo, se pierden hasta 7 días en traspasar fondos y casi 30 en cambiar de entidad o asesor. En myETF todo ocurre en tiempo real.
MuyPymes: La fiscalidad ha frenado tradicionalmente el desarrollo de los ETF en España. ¿Cómo se convierte una dificultad regulatoria en una oportunidad para emprender?
Gabriela Orille: Unamos historia y norma: entre 1996 y 2003, el unit linked fue el único vehículo en España que permitía rotar carteras sin tributar en cada cambio. Cuando los fondos de inversión obtuvieron el régimen de traspasos, esa ventaja fiscal dejó de ser exclusiva del seguro unit linked.
A partir de ese momento, ambos productos siguieron caminos distintos: los fondos se consolidaron como el vehículo de inversión masiva (por el empuje de la comercialización), mientras que el unit linked quedó más vinculado a estrategias patrimoniales, protección, planificación sucesoria y de banca privada.
La lectura es que los ETF se encuentran hoy en una situación similar a la que vivían los fondos antes de aquel cambio normativo: son probablemente el instrumento de inversión más eficiente del mercado, pero carecen de neutralidad fiscal cuando el inversor quiere modificar su cartera.
La oportunidad consistía en recuperar la función que históricamente desempeñó el unit linked: servir de envoltorio que permite gestionar una cartera con eficiencia fiscal, incorporando ahora el instrumento de inversión de esta década. Porque la disrupción no está en digitalizar los procesos, sino en repensar los productos desde cero.
El mercado, además, acompaña: el ahorro en unit linked roza los 30.000 millones de euros en España creciendo al 12% anual, según UNESPA. La dificultad regulatoria no se sortea: se estudia hasta encontrar la estructura que la legislación ya contempla. Eso exige cumplir la normativa aseguradora completa desde el primer día, sin escalones intermedios. Es más exigente que otras vías, y precisamente por eso es defendible: la barrera de entrada que sufrimos es el foso que nos protege.
MuyPymes: myETF utiliza una estructura basada en un seguro «unit linked» para permitir cambios entre ETF sin tributar hasta que se retire el dinero. ¿Cómo se explica una solución financiera tan compleja de manera sencilla y transparente al cliente?
Gabriela Orille: La clave en myETF es que el cliente solo necesita entender tres cosas: qué compra, cuánto le cuesta y cuándo tributa.
El funcionamiento fiscal, de hecho, no es ajeno al inversor español: es similar al que ya conoce con los traspasos entre fondos.Nuestro trabajo consiste precisamente en tratar esa complejidad y no en trasladársela al cliente. La estructura jurídica, aseguradora y tecnológica debe ser sofisticada; la experiencia del usuario, no.
Para mí, la transparencia no consiste solo en cumplir la regulación, sino en que el cliente pueda tomar una decisión informada y entender claramente qué ventajas obtiene, qué riesgos asume y qué costes soporta. Si un producto financiero no se puede explicar de forma sencilla, el problema no está en el cliente: está en cómo hemos diseñado el producto.


























