Viernes , 9 diciembre 2016 Impresion Pyme
  • Buenas prácticas para nuestra tarjeta de visita

    business-cards600x600Uno de los pequeños detalles que menos suelen tener en cuenta los profesionales y autónomos es el diseño y las sensaciones que transmite su tarjeta de visita, cuando en realidad se trata de un espacio que cuenta muchas más cosas de las que se perciben a simple vista.

    Sobre todo porque hay que tener en cuenta que generalmente, una vez se que se realiza un contacto personal, el único recuerdo que se tiene después de esa persona suele estar plasmado en ese pequeño trozo de cartón. 

    Aunque pueda parecer exagerado, una buena primera impresión no sólo se consigue con un traje impecable y un trato personal excelente, sino también con el recuerdo que posteriormente nuestro interlocutor puede evocar de nosotros al repasar las tarjetas de visita que ha almacenado en su bolsillo después de un duro día de feria o tras una intensa sesión de networking.

    Por que es ahí donde nos encontramos nosotros cuando ese contacto que tanto nos interesa vuelve a la oficina o llega a casa. Nos encontramos en medio de un montón de tarjetas similares y si la nuestra no es capaz, por sí misma, de llamar la atención de una forma positiva, probablemente acabe en la papelera o, en el mejor de los casos, almacenada en un “oscuro cajón” del que probablemente no volverá a salir.

    Teniendo esto en cuenta, y sin querer llegar al virtuosismo con el que algunos emplean en el diseño de sus tarjetas, lo que os vamos a mostrar a continuación son algunos errores que no debemos cometer.

    Pasar desapercibidos

    Nuestra tarjeta de visita es el espacio en que comunicamos nuestros datos personales y los de nuestra empresa. Teniendo en cuenta esta premisa, ¿Qué es lo que nos hace destacar entre ese otro montón de tarjetas del que hablábamos antes? 

    Desde luego, si nos ceñimos a un modelo clásico, similar a lo que podemos encontrar en cientos de tarjetas más, las posibilidades para visualmente llamar la atención de nuestro interlocutor son escasas.

    En cierta medida, tenemos que hacer un esfuerzo de imaginación para ser únicos.  Pero ojo, podemos ser únicos por razones realmente interesantes o por razones que juegan en nuestra contra y son este último grupo las que tenemos que evitar.

    Diseño descuidado

    Como comentábamos antes, si queremos destacar y para ello optamos por introducir un diseño personal, tenemos que asegurarnos que lo que producimos es un buen diseño.

    No importa si somos nosotros mismos los que lo elaboramos a contamos con el apoyo de un diseñador o una empresa especializada: si el diseño que finalmente “ve la luz” tiene un aspecto amateur o poco cuidado, la imagen que daremos de nuestra empresa será exactamente la misma.

    En este punto es preferible tomarse todo el tiempo que sea necesario hasta que estemos convencidos y recordar entre otras cosas que el espacio reducido de una tarjeta premia los diseños sencillos ya que los más complejos se pierden infinidad de detalles cuando se reduce su tamaño.

    Incluso factores a priori tan obvios como la fuente tipográfica y el color han de ser escogidos con sumo cuidado, pensando en cada momento qué es lo que queremos transmitir.

    Mensaje poco claro

    Diseño y texto no deberían competir entre sí para captar la atención de nuestro interlocutor, sino que deberían mantenerse en “armónico equilibrio”. En este sentido, además de un buen diseño general, no podemos olvidar que lo realmente importante es que el mensaje que transmitimos sea claro y fácil de leer.

    Estamos seguros que no en pocas ocasiones, al comprobar las tarjetas de visita que habéis recolectado tras un evento, os habréis encontrado con algunas que si bien parecen atractivas, resulta complicado entender por ejemplo, a qué se dedica la empresa en cuestión o cuál es el cargo de la persona que se incluye en la misma.

    En este punto la máxima es clara: cometemos un error cuando ofrecemos muy poca información, pero también lo cometemos cuando ofrecemos demasiada. Como en todo, la clave está en el equilibrio.

    Impresión de poca calidad

    Imprimir nuestras tarjetas de visita en nuestra propia impresora, con nuestro propio papel, a menos que no dispongamos de un gran equipo y de un gran papel, puede ser un gran error.

    Una imagen profesional comienza en los pequeños detalles, y en este caso, si la impresión de nuestra tarjeta no lo es, nuestra imagen como empresa tampoco lo será.

    Si nos hemos esforzado en obtener un buen diseño, y hemos conseguido un buen equilibrio entre nuestro mensaje y los elementos gráficos de la tarjeta, ¿Por qué arruinar nuestros logros apostando por una impresión de mala calidad?

    Evitar los “grandes formatos”

    Aunque una buena forma de diferenciarnos de nuestra teórica “competencia” es apostar por formatos diferentes al clásico rectángulo de cartón, no debemos pecar aquí de un exceso de originalidad.

    Sea cual sea el tamaño elegido deberemos asegurarnos que cabe con facilidad en cualquier cartera, tarjetero o bolsillo de camisa y en este sentido deberíamos evitar los tamaños más grandes (por muy preciosistas que sean) o los más extravagantes.

    Esconder nuestra información de contacto

    Reservamos para este último punto del artículo el que en realidad debería ser el primero. Por mucho que nos queramos diferenciar tenemos que pensar que el objetivo de una tarjeta es que se pongan en contacto con nosotros.

    Si después de todo la información de contacto está escrita en un tamaño minúsculo o es difícil de localizar a simple vista, nuestras opciones de ser “contactados” desde luego no van a mejorar.

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