Jueves , 29 septiembre 2016 Impresion Pyme
  • Friends, Fools and Family: cómo pedir dinero para nuestro negocio

    billetes_fajoLa crisis económica ha cerrado el “grifo financiero” para miles de empresas y autónomos, y los emprendedores que se plantean iniciar un negocio se las ven y se las desean para acceder a la financiación. Dadas las circunstancias, recurrir a familiares y amigos se convierte en una de las primeras opciones que consideran todos aquellos que quieren lanzarse a la aventura empresarial. En MuyPymes os contamos cinco consejos para pedir ese dinero que tanto nos hace falta, sin tener que arrepentirnos más tarde.

    1. Escoger una buena estrategia

    Lo primero que tenemos que decidir es si preferimos pedir “grandes” cantidades de dinero a unos cuantos inversores, o si preferimos pedir poco dinero pero a muchas personas. Aunque las circunstancias que rodean a cada emprendedor pueden ser muy diferentes, lo cierto es que la presión que tiene que encarar cuando pide poco dinero es mucho menor que si pide un gran cantidad de recursos a dos o tres personas, que desearán recuperar esa inversión lo antes posible.

    Es verdad que si escogemos pedir una cantidad de dinero modesta, deberemos esforzarnos para alcanzar una base amplia y si queremos reunir un capital de unos 10.000 euros para empezar, pidiendo 200 euros a cada persona, teóricamente deberíamos dinero a unas 50 personas, pero lo cierto es que para convencer a esas 50 personas, deberemos hablar de nuestro proyecto de negocio a unas 300.

    Si centramos nuestros esfuerzos en un grupo más reducido como nuestra propia familia, en principio podremos pedir más dinero a cada persona, pero en caso de que las cosas vayan mal podemos corremos el riesgo de poner en peligro ciertas relaciones. En el lado positivo, nuestro esfuerzo de networking será menor y puede que en un “par de reuniones” bien intencionadas podamos reunir el dinero que necesitamos.

    2. ¿Qué tipo de inversores te interesa mantener?

    Desde el momento que decidimos aceptar dinero de otros, establecemos una obligación moral para con la persona que en ese momento se convierte en “inversor” de nuestro proyecto. En este sentido antes de empezar las “negociaciones” deberíamos determinar qué tipo de “inversión” nos interesa mantener. Así, podemos por ejemplo apostar por el préstamo clásico, comprometiéndonos a devolver el dinero en un plazo determinado, pero no tenemos por qué pararmos aquí.

    Podemos considerar también otras opciones, como convertir a nuestros familiares y amigos en “accionistas” de la empresa, ofreciéndoles futuros beneficios o incluso, escoger entre ellos algún socio para nuestra aventura empresarial. Otra opción es premiar su esfuerzo con un acceso ilimitado a los servicios de nuestra empresa, o un regalo cada cierto tiempo en el caso de que en vez de servicios ofrezcamos productos o bienes de consumo.

    Cada una de estas opciones tiene sus ventajas y sus inconvenientes y quizás podemos considerar distintas estrategias para distintos inversores, en función de la relación que mantengamos con cada uno o el grado de implicación que nos gustaría que tuviesen en la empresa.

    3. Escribe tu discurso

    A menos que tus familiares y amigos sean inversores profesionales, estamos casi seguros que ninguno de ellos estará deseando leerse nuestro más que probablemente aburrido plan de negocio. Lo más seguro es que lo único que esperan de nosotros es que le contemos mientras tomamos un café, en qué consiste nuestro proyecto, cuáles son sus posibilidades reales y por qué estamos interesados en su inversión.

    Sin embargo, para evitar el riesgo de que la charla se conviera en un intercambio de intenciones demasiado informal, resulta recomendable ofrecer a nuestro interlocutor un pequeño documentos (unas diez páginas) en las que detallamos y resumimos en qué consiste nuestra idea de negocio así como algunos de los puntos esenciales que han salido a relucir durante nuestra conversación anterior.

    4. Documentos oficiales

    Cuando tratamos con amigos y familiares, especialmente en los países latinos, es tremendamente sencillo deslizarnos por el terreno de la informalidad. Todo tiende a resolverse con un apretón de manos, bonitas palabras y las mejores intenciones. Pocas cosas quedan reflejadas por escrito, y cuando más adelante surgen los primeros problemas, las desavenencias se producen con facilidad.

    Se entra en el terreno del “yo te dije” y del “me prometiste”, y a falta de documentos firmados, con sus cláusulas y acuerdos es sorprendete lo poco que cuesta terminar con una relación que durante tantos años había sido impecable.

    5. Entusiasmo y las expectativas

    Una de las ventajas de contar con familia y amigos es que por norma general, suielen tener más paciencia con nosotros que los inversores profesionales. A menos que nos hayan prestado más dinero del que realmente podían permitirse, no suelen transformarse en “seres sedientos de sangre” si las cosas no van tan bien durante los primeros tiermpos.

    Esto no quiere decir que se mantengan totalmente al margen de lo que está pasando con nuestro negocio, y en este sentido es nuestra responsabilidad el informarles puntualmente de cómo están funcionando las cosas, cuáles son nuestras expectativas reales, en qué podemos mejorar, qué estamos haciendo bien, etc. Deben sentir que estamos respaldando su inversión con hechos y que no nos hemos desentendido de ellos una vez que hemos cobrado el cheque.

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