Martes, 24 de mayo de 2016

Las pymes ya se visten con drones

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Que el futuro de la logística pasa por el uso de drones lo saben empresas como Amazon, Microsoft, Google y la panadería cántabra Currus&co. Esta pyme situada en el municipio de Somo, hizo historia a finales del año pasado al convertirse en la primera del mundo en utilizar drones para hacer su reparto de pan a domicilio, llegando de esta forma a lugares de difícil acceso por carretera.

Y aunque sin duda la pequeña empresa cántabra consiguió hacerse con titulares en prensa y los minutos más curiosos de los informativos en televisión, Enrique Cosla, director de la empresa, reconoció que su modelo era entrega era difícilmente replicable debido a las trabas que la legislación española impone actualmente al uso de drones con fines comerciales.

Como leemos en la web de AESA (Agencia Española de Seguridad Aérea) actualmente sólo está permitido el uso de drones empresariales para el desarrollo de actividades I+D, observación y vigilancia, tratamientos fitosanitarios en explotaciones agrícolas, operaciones de emergencia y publicidad aérea, así como emisiones de radio y TV. Además se afirma que hasta que el reglamento no obtenga la aprobación definitiva, las operaciones que se pueden realizar se limitarán a zonas no pobladas y al espacio aéreo no controlado.

Es decir, de momento y por la lógica que la seguridad impone, no veremos un ejército de drones sobrevolando las principales ciudades españolas. Y sin embargo en el entorno rural las cosas empiezan a hacerse de una forma diferente. Hace menos de dos meses, Correos ponía en marcha en la localidad asturiana de Sotres un programa piloto de entrega de paquetería, con el objetivo de llegar a poblaciones que quedan aisladas cuando se producen condiciones meteorológicas adversas.

De forma similar, hace unas semanas MRW anunciaba que había llevado a cabo la primera prueba de concepto con drones con la colaboración de la empresa española HEMAV para la entrega de paquetes. Como el caso de Correos, el objetivo de MRW es poder llegar de una forma más eficiente a poblaciones de difícil acceso.

En ambos casos no obstante, hablamos de proyectos a medio plazo, ya que las verdaderas dificultades para que este tipo de entregas sean posibles como apuntábamos anteriormente, se encuentran en el marco legal. Más allá de la actividad comercial que realice, actualmente un dron sólo tiene permiso para volar a más de 120 metros de altura sobre el punto en el que está el operador y, desde un punto de vista teórico, el techo ideal de vuelo para este tipo de drones debería situarse por encima de los 1.000 metros.

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El campo como espacio natural

Donde los drones lo tienen mucho más fácil es en el campo.  En muchos países los drones ya se están utilizando con éxito en la agricultura para aumentar el rendimiento y reducir los daños a los cultivos. Los drones van equipados con cámaras y sensores y vuelan autónomamente controlados por GPS pero sin necesidad de operador. En comparación con las imágenes por satélite, los drones agrícolas son mucho más baratos y ofrecen una mayor resolución, con un punto de vista de baja altitud de 0 a 120 metros.

Entre las aplicaciones GPS más avanzadas que incorporan estos  robots voladores en el campo de la agricultura,  destacan nuevos receptores que permiten localizar posiciones precisas y tomar muestras de cada una de ellas. Más tarde, un laboratorio analiza estas muestras y crea un “mapa de fertilidad” en un sistema de información geográfica. Utilizando el mapa, un agricultor puede prescribir la cantidad de fertilizante para cada lugar. Aplicadores con tecnología de tasa variable (VRT) dispensan exactamente la cantidad requerida en cada zona, en un proceso que se conoce como agricultura de precisión y que ofrece grandes ahorros de costes a los propietarios de grandes extensiones rurales.

Precisamente a esto se dedica la empresa española Smartrural. Puesta en marcha por Sergio y Salvador Rodríguez, los drones de esta startup son capaces de determinar la salud de los cultivos gracias a un sensor implantado en el dispositivo.  Sus aparatos puede sobrevolar hasta 400 hectáreas de plantaciones, diagnosticando qué es lo que necesita el producto en cada caso. De esta forma, según sus fundadores, el agricultor se ahorra un 35% en productos fitosanitarios y hasta un 70% en malas hierbas.

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Ponga un dron en su empresa

Si bien cualquier que tenga un mínimo de cuidado puede utilizar un dron para su ocio personal, para volar los que tienen un uso comercial (drones que ya pesan varios kilos), se precisa de la correspondiente licencia. Para conseguir dicha licencia, AESA contempla dosposibilidades.

La primera y más “sencilla” es contar en nuestra empresa con una persona que pueda acreditar que en los últimos cinco años ha tenido una licencia de piloto en cualquier modalidad de aeronave (incluyendo la de planeador, globo o ultraligero).

Si este no fuera el caso, el interesado debería demostrar que dispone de los conocimientos básicos para poder pilotar un dron. Para ello debería contar con un certificado que puede obtenerse completando uno de los cursos que ofrecen las empresas aprobadas por AESA en esta materia. Independientemente de lo anterior, todos los drones deben llevar fijada en su estructura una placa de identificación en la que deberá constar, de forma legible y a simple vista, la identificación de la aeronave, número de serie si es el caso, nombre de la empresa operadora y los datos para contactar con la misma.

Además, los que pesen más de 25kg al despegue deben estar inscritos en el Registro de Matrícula de Aeronaves de AESA y disponer de certificado de Aeronavegabilidad. Por supuesto para poder realizar trabajos aéreos es necesario disponer de un seguro de responsabilidad civil frente a terceros por cada aparato.

El movimiento dron está sólo en sus primeras etapas de vida, pero como otras muchas tecnologías (wearables, realidad virtual/aumentada, Big Data, etc.) ya dibuja un futuro muy diferente, que amplía las posibilidades de las pequeñas empresas a terrenos en los que sólo hace uso años parecían de ciencia ficción. Nos movemos hacia un mundo cada vez más robotizado y los drones sólo forman una pequeña parte de la revolución que se avecina.


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