sábado , 20 abril 2019 Impresion Pyme
  • Ocho trucos para mejorar la calidad de nuestro sueño

    Casi todos los expertos coinciden que el descanso y dormir las horas que necesitamos, es una de las claves para mantenernos al día siguiente alerta y más productivos. La regla clásica afirma que debemos dormir entre siete y ocho horas para recuperar la energía perdida el día anterior, lo cual no siempre es fácil.

    Así que ¿Cómo podemos mejorar la forma en la que dormimos? ¿Existe alguna técnica que puede ayudarnos a conciliar mejor el sueño y descansar más profundamente? Es lo que se han preguntado en Inc.com. Como respuesta, nos descubren las siguientes claves:

    1. Conoce tu ritmo biológico

    Cada uno de nosotros tiene un ritmo natural. Un ritmo acompasado, que nos induce a dormir cuando es necesario y nos “invita” a despertarnos cuando hemos descansado. Conocer ese reloj interno y sobre todo respetarlo, aprendiendo cuántas horas necesitamos dormir, es clave para mantenernos alerta.

    Factores como no disfrutar de suficiente luz solar a lo largo del día, exponernos a demasiada luz artificial de noche justo antes de irnos a dormir, viajar entre diferentes husos horarios o mantener pautas de descanso irregulares, afectan directamente nuestro “reloj biológico” y por supuesto, a nuestro descanso y sueño.

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    2. El mismo horario cada día

    La tendencia natural de muchos es dormir 6–7 horas de lunes a viernes para después, recuperar el “tiempo perdido” el fin de semana. Si de lunes a viernes muchos se despiertan a las 7 de la mañana, sábados y domingos aprovechan para estirar las horas de sueño hasta las 9.30 o las 10.00.

    Pero según los expertos esto no nos ayuda a descansar mejor. Lo más inteligente en su opinión, es respetar el mismo horario todos los días del año, con una diferencia máxima de media hora.

    El motivo es que nuestro cuerpo es refractario a los cambios y por muy tentador que suene, estirar las horas de sueño en fin de semana puede provocar que nos encontremos más cansados a lo largo de la semana.

    3. Cuidado con las siestas

    Está más que demostrado que la siesta es uno de los métodos más efectivos para “recargar las pilas”. Tanto es así que cada vez son más las organizaciones que animan a sus empleados a descansar unos minutos, dotando sus instalaciones de espacios apropiados para que los trabajadores puedan cerrar los ojos durante unos minutos.

    ¿El mejor momento? Atendiendo a nuestro ritmo biológico, el mejor momento para descansar es entre las 13.00 y las 15.00, momento en que la recuperación puede mostrarse especialmente efectiva.

    Pero más importante que la hora que escojamos para nuestra siesta, es la duración de la misma. ¿La ideal? No superar los 15 o 20 minutos. ¿El motivo? Superar la barrera de los 20 minutos provoca que nuestro organismo entre en la “peligrosa” zona de sueño profundo lo que puede traducirse en dos situaciones desagradables: acabar durmiendo varias horas sin darnos cuenta o despertarnos con una sensación de amodorramiento y faltos de, precisamente, la energía que esperábamos recuperar.

    4. ¿Insomnio? Mejor fuera de la cama.

    Cuando nos cuesta conciliar el sueño, la tendencia natural es la de “dar vueltas” en la cama, cambiar de postura mil y una veces esperando que tarde o temprano nos quedemos dormidos.

    Pero ésta no es ni la más rápida ni la mejor forma de hacerlo. Para los expertos, si pasan más de 20 minutos en los que no conseguimos dormir, lo mejor es salir de la cama y hacer cualquier cosa: ver la televisión, leer un libro, etc.

    El motivo es que permanecer largos periodos de tiempo en la cama sin poder dormir, puede crear una asociación mental entre permanecer en la cama y estar despiertos, lo cual puede derivar en insomnio.

    Por lo tanto mientras permanecemos en la cama, deberíamos evitar actividades que van a mantenernos especialmente despiertos como pueden ser comprobar nuestras redes sociales, o repasar la reunión a la que tendremos que enfrentarnos a la mañana siguiente.

    5. Desconecta una hora antes de dormir

    No parece muy realista permanecer trabajando en un proyecto hasta las 23.55 de la noche y esperar que a las 00.00 estemos completamente dormidos. Y lo mismo ocurre con otras actividades: ejercicio físico, grandes cenas, etc. El cuerpo necesita un tiempo para prepararse antes de entrar en la cama.

    Cenar pronto (8.00–8–30) y tener una o dos horas para desconectar por completo de nuestros quehaceres diarios, resulta ideal para que nuestro organismo entre en ese modo relax que precede al sueño y a un descanso reparador.

    La clave por supuesto es centrarnos en esas actividades (leer, ver una película, etc.) que pueden relajarnos y evitar esas otras (discutir, trabajar de nuevo) que nos ponen en un estado de alerta.

    6. Aléjate del móvil

    Hoy es muy habitual irnos con el smartphone “a la cama”, una costumbre en la que normalmente revisamos el correo por si tenemos algo urgente, miramos alguna que otra web o incluso hablamos un poco a través de diferentes aplicaciones justo antes de ir a dormir.

    Puede que no le demos importancia, pero según expertos en medicina del sueño es realmente una mala idea, ya que la luz azul que emiten los smartphones puede llegar a afectar en gran medida a nuestro reloj interno y tenernos hasta una hora de más en vela, sin poder dormir.

    El mejor remedio pasa por supuesto, por apagar el móvil antes de irnos a dormir y si no podemos/queremos hacerlo, dejarlo en otra habitación desde la que podamos seguir escuchándolo en caso de que tengamos una llamada urgente.

    7. Cuanta más luz natural mejor

    La luz solar, especialmente la de la mañana, es esencial para resetear y poner en marcha nuestro ritmo biológico. Una vez empezamos a recibir luz natural, nuestro cerebro empieza a despertarse, a ser consciente de que empieza un nuevo día y a tomar las reservas que necesita para ser productivo.

    Por este motivo, más que encerrarnos tras cortinas y persianas, la mejor rutina es dejar que sea la luz la que nos vaya despertando de forma gradual y no el brusco sonido de un despertador que nos interrumpe en el mejor de los sueños. Por supuesto esto no siempre es posible y es probable que por ejemplo en invierno tengamos que despertarnos antes de que amanezca. Podemos en este caso optar por alarmas que simulan la salida del sol y que tienen como objetivo que nuestro despertar sea más natural. 

    8. Menos calor

    Muchos de nosotros disfrutamos durmiendo bajo un gran edredón o varias mantas. Nos mantenemos calientes y creemos que es la mejor forma de conciliar el sueño y descansar.

    Sin embargo el calor puede ser precisamente nuestro peor enemigo. Más bien al contrario, un entorno que sin ser frío si sea ligeramente fresco, mejora la calidad de nuestro sueño.

    A la vez, como nuestro cuerpo suele perder temperatura cuando dormimos, es una buena práctica aumentar la temperatura de nuestro organismo una hora antes de dormir, por ejemplo tomando una ducha o un baño. De esta forma, nos aseguraremos un sueño más profundo.

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