España vive el verano de mayor número de ahogamientos registrado en la historia. Según los últimos datos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), 258 personas han muerto por ahogamiento en los primeros seis meses del año, el semestre más mortal en una década. Solo en el mes de junio, 73 personas fallecieron por esta causa —8 de ellas en piscinas— y se calcula que más de 35 ahogamientos se han producido en piscinas entre enero y junio, con un impacto creciente en niños y adolescentes.
Para evitar estas situaciones, la startup española nagi ha presentado su sistema de prevención activa de ahogamientos en piscinas, una tecnología pionera que convierte cualquier piscina en un entorno inteligente y vigilado en tiempo real.
Las causas del ahogamiento: una cadena silenciosa
A diferencia de lo que muchas personas imaginan, el ahogamiento no suele ser un suceso ruidoso ni espectacular. La mayoría de las víctimas no pueden gritar, agitar los brazos ni pedir ayuda. En apenas 20 a 60 segundos, una persona puede quedar inconsciente bajo el agua. Entre las causas más habituales se encuentran:
- Falta de supervisión, especialmente en piscinas privadas o comunitarias.
- Cansancio o calambres repentinos.
- Caídas accidentales al agua, sobre todo en menores.
- Distracciones del adulto responsable o del socorrista.
- Consumo de alcohol o medicamentos.
- Falta de conocimiento de técnicas básicas de flotación o natación.
La rapidez de reacción lo es todo: si una víctima no es rescatada en los primeros 30 segundos, el desenlace puede ser fatal o dejar graves secuelas neurológicas debido a la falta de oxígeno.
Las cifras oficiales recogen fallecimientos, pero hay otro dato poco visible: por cada muerte por ahogamiento, se estima que entre 4 y 6 personas sufren daños permanentes debido a la anoxia cerebral. Muchas de estas víctimas sobreviven gracias a una reanimación a tiempo, pero enfrentan lesiones severas que pueden dejar secuelas de por vida, especialmente en menores.
Tecnología para intervenir en segundos y localizar al bañista exacto
Ante esta situación, la solución que propone nagi no es reactiva, sino preventiva. Su tecnología convierte la piscina en un entorno seguro mediante una red de sensores exteriores e interiores que crean una especie de cúpula digital de vigilancia.
Cada bañista lleva un pequeño dispositivo (un clip de sujeción), que transmite información constante a una pantalla ubicada fuera del agua. En caso de que el sistema detecte que una persona permanece sumergida más tiempo del seguro, deja de moverse o presenta una inmersión abrupta, activa una alerta automática en segundos.
Uno de los elementos clave es la pulsera vibratoria del socorrista, que recibe un aviso inmediato junto con la localización exacta del bañista dentro de la piscina, lo que permite intervenir con total precisión sin perder tiempo buscándolo. Además, el sistema puede activarse en piscinas sin socorrista, notificando en una app vinculada al móvil del adulto responsable o incluso a un servicio centralizado.
“Nuestra tecnología actúa en el segundo crítico. No sustituimos al socorrista, lo hacemos más eficaz. Avisamos en tiempo real, con localización exacta, y eso puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia”, explica Jorge Montero, portavoz de Nagi.


























