La industria agroalimentaria española lleva años asumiendo que la digitalización es urgente. Los datos, sin embargo, apuntan a otra realidad, ya que solo el 24,9% de las empresas con una facturación inferior a 2 millones de euros dispone de un plan de digitalización específico, según apuntaba el último estudio publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en materia de digitalización en el sector agro. En el extremo opuesto, el 79,6% de los negocios con ingresos superiores a 50 millones de euros ya trabajan con estrategias tecnológicas más maduras.
La heterogeneidad del sector condiciona esta foto. Subsectores como los ovoproductos, las bebidas o el pescado presentan niveles de digitalización sensiblemente más altos que las producciones primarias, donde la adopción de nuevas herramientas sigue siendo limitada. En el segmento cerealista, el primer estudio específico sobre madurez digital del sector, elaborado por Orisha Agrifood en colaboración con la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE) en 2026, constata que tres de cada cuatro empresas (75%) ya trabajan con un ERP, pero que el uso de tecnologías avanzadas, como sensores, plataformas de analítica de datos o inteligencia artificial, sigue siendo marginal. Más del 54% de las firmas cerealistas aún no incorpora IA en ninguno de sus procesos.
Las principales barreras que frenan el avance son el miedo a no recuperar la inversión, déficit de conectividad en zonas rurales y falta de conocimiento tecnológico en los equipos directivos. A estas se suma una razón estructural que pocas veces se nombra con claridad, y es que la mayoría de las soluciones del mercado no han sido diseñadas para las particularidades operativas del agro. Un ERP genérico no sabe de campañas, de trazabilidad de lote o de contratos de cereal. La oferta generalista no resuelve problemas específicos.
La respuesta del sector: agruparse para digitalizar
Una parte del tejido empresarial ha dado una respuesta a esta situación: la agrupación. Empresas que durante décadas desarrollaron su actividad de forma independiente han optado por integrarse en estructuras de mayor tamaño para ganar acceso a tecnología, talento y capacidad de inversión que, por separado, habrían sido inalcanzables. Es el caso de Ayanet TIC (5.249.449 euros de facturación en 2025), Gregal (4.099.057 euros) y TIPSA S.L. (3.134.825 euros), tres compañías especializadas en software agroalimentario que han unificado sus operaciones bajo el paraguas de Orisha Agrifood.
La lógica detrás de este movimiento es que ninguna de las tres empresas, de forma individual, habría podido desarrollar una plataforma modular en la nube con inteligencia artificial integrada, soporte multisubsector y capacidad para competir en proyectos de gran envergadura. Juntas, bajo una misma estrategia corporativa, sí. La fusión no solo amplía el músculo financiero del grupo, transforma su posición competitiva. Orisha Agrifood se ha convertido, tras la integración, en el mayor partner de Microsoft en España especializado en el sector agroalimentario, con soluciones verticales para cereales, piensos, fruta, vino y otros subsectores de la cadena de valor.
El movimiento de las tres organizaciones españolas anticipa una tendencia que se está consolidando en toda Europa, que es concentrarse en torno a grupos especializados de la industria del software. Todo esto con el objetivo de tener la capacidad de sostener la inversión en I+D y dar servicio a clientes con operaciones cada vez más complejas. Así, para muchas firmas, esta es la estrategia a seguir para garantizar supervivencia y relevancia.


























