sábado , 20 julio 2019 Impresion Pyme
  • El mensaje que el fracaso de Mailbox lanza al mundo de las startups

    Fuimos uno de los muchos medios que se hicieron eco de la noticia: “Dropbox cierra Mailbox”. La que había sido para muchos usuarios toda una revolución en el mundo del correo electrónico ponía oficialmente fin a su actividad.

    Dropbox había pagado nada menos que 100 millones de dólares por la compañía en 2013 y para Drew Houston CEO de Dropbox, representaba la apuesta de la empresa para impulsar la colaboración y la productividad en equipos de trabajo.

    Tras la adquisición de la compañía, la startup desarrolló una versión para Mac de su App (nunca abandonó el estadio de beta) y pronto el core del equipo se diluyó en otras responsabilidades, como por ejemplo, en el desarrollo de la también fallida Carousel.

    ¿Qué ha pasado para que una de las aplicaciones más admiradas haya pasado los últimos dos años en un limbo que ha conducido a su cierre? Y desde un punto de vista más general, ¿Qué mensaje traslada en realidad al mundo de las startups y a los desarrolladores de aplicaciones?

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    Por qué Mailbox era diferente

    Si el cierre de Mailbox ha sorprendido a muchos, es porque era una App diferente. Una aplicación que no sólo facilitaba la gestión del correo electrónico sino que realmente podía convertirlo en una experiencia productiva.

    La introducción de gestos con los que “archivar”, “eliminar” o “responder” un e-mail es algo que causó tanto impacto, que poco después fue copiado por el resto de aplicaciones, desde Gmail a Outlook pasando por muchas otras independientes.

    Por otro lado, el poder programar los e-mails para que se mostraran más tarde a lo largo del día, al día siguiente, a la semana siguiente o asociarlos a una lista concreta con un simple gesto, convertían a Mailbox en la herramienta perfecta para los amantes de la productividad, la gestión de tareas o el GTD. Se acababa el utilizar decenas de filtros e interminables búsquedas dentro de la bandeja de entrada.

    La experiencia era tan completa, que aunque muchos usuarios seguían confiando en aplicaciones más complejas para la gestión de su correo electrónico, no dudaban en utilizar Mailbox para literalmente despejar su bandeja de entrada y poder centrarse cada día en lo realmente importante.

    Con estos mimbres, parecía en 2013 que a Mailbox no le podía ir nada mal y la compra por parte de Dropbox, animaba a pensar en esa dirección. ¿Qué ocurrió entonces?

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    El no negocio del correo electrónico

    Como explica Casey Newton en este estupendo artículo de “The Verge” hace tiempo que el correo electrónico no es un buen negocio para casi nadie.

    Antes del fracaso de Mailbox, otras grandes aplicaciones como Sparrow, Boxer o Molto, recorrieron un camino similar: admiradas, en el mejor de los casos adquiridas y definitivamente olvidadas. Hace unos meses Acompli vivió un destino similar, al ser adquirida por Microsoft, para finalmente desaparecer al ser integrada en el nuevo Outlook.

    De hecho, cuando los chicos de Mailbox buscaban financiación para desarrollar su proyecto, una de las primeras pegas que encontraron por parte de potenciales inversores es que no había negocio en el correo electrónico.

    En primer lugar porque los usuarios “de a pie” no suelen estar dispuestos a pagar por una App de correo electrónico y más bien al contrario, la inmensa mayoría se conforman con la que viene instalada por defecto en sus terminales móviles.

    Y en segundo término porque las empresas, que sí están más que dispuestas a invertir en software que mejore la productividad de sus empleados, no encuentran en Apps como Mailbox, por muy interesantes que sean, una alternativa sólida a sus servidores de correo.

    Si consiguieron desarrollar su idea y obtener los fondos necesarios para ello, es porque precisamente consiguieron plantear la gestión del e-mail desde un punto de vista totalmente original y sorprendente. Y aún así, nunca fue suficiente como para mover ni a unos (usuarios) ni a otros (empresas) de su posición inicial.

    Este es precisamente este uno de los grandes problemas con los que decenas de startups tienen que lidiar: no son capaces de mover un mercado de consumo reacio a pagar por software, pero tampoco tienen las fuerza suficiente como para convencer al gran mercado empresarial que se mueve poco de la combinación Windows + Office.

    Y no es que una pequeña App como Mailbox no lo haya conseguido, sino que incluso grandes unicornios como Evernote empiezan a encontrarse en una situación muy similar.

    Durante mucho tiempo la tabla de salvación para la mayoría de estas Apps ha pasado por la vía de la adquisición, estén o no alineados los intereses de ambas compañías, pero ante tantos ejemplos de fracaso post-exit puede que ya no sea suficiente.

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