sábado , 16 diciembre 2017 Impresion Pyme
  • Los hogares tienen cada vez menos deuda tras la crisis

    La deuda familiar toca suelo

    Los efectos de la bestial crisis económica que ha vivido España en el último decenio no ha resultado todo lo negativa que la doctrina se ha empeñado en impartir entre el público. Una de sus consecuencias aporta un efecto beneficioso sobre las economías domésticas: las familias han arrojado por la borda la bandera del “quiero y puedo” y se han decantado por otra mucho más positiva, la reducción de su deuda. Llevan nada menos que ocho años en ese proceso. El proceso continúa y en los últimos doce meses, la deuda de las familias ha caído en otros 10.000 millones de euros.

    Los teóricos de la economía definen este periodo como el “desapalancamiento” típico posterior al estallido de una burbuja como la que vivimos en el sector inmobiliario. La espantosa palabra desapalancar no significa otra cosa que reducir deuda; viene del término apalancar que en finanzas se conoce como la posibilidad de un agente para incrementar fuertemente sus inversiones sin capital propio, sino a través de dinero ajeno.

    Cuando la financiación llega a unos niveles insoportables o ha sido fruto de una estrategia equivocada, una empresa quiebra. Algo similar sucede con las familias, que no son otra cosa que microempresas con relaciones de deuda con bancos. Cuando surge una crisis, estas relaciones de endeudamiento pueden extenderse a familiares en la mayoría de los casos.

    El maravilloso Eldorado inmobiliario que se extendió desde la segunda mitad de los años noventa hasta bien entrado el siglo XXI constituyó el mayor insulto a la inteligencia que arrastró a muchos españoles. Estamos hablando de una etapa que se abre después de 1995, tras un periodo de crisis brutal que aquél gobierno de los fastos del año 1992 logró sortear a base de cuatro devaluaciones de la peseta. El abaratamiento de la entonces moneda española por un total en el entorno del 35% consiguió que las empresas vendieran más en los mercados españoles y preparar el terreno para la recuperación del consumo interno.

    Hasta entonces, los bancos habían marcado dos líneas rojas para la concesión de préstamos para compra de vivienda. Que el límite de la capacidad de endeudamiento del cliente no superara el 35% de su renta disponible, que el importe total de la financiación no superara el 80% del valor de tasación del piso.

    Durante la segunda mitad de los años noventa, los tipos empiezan a caer a plomo, como consecuencia del acceso de España área euro. Nuestro país comienza a converger de forma definitiva con los países punteros de Europa, donde el precio del dinero era muy inferior al nuestro (porque tenían una inflación menor y sus bancos centrales no necesitaban poner tipos altos para frenar los precios).

    Vorágine inmobiliaria

    A partir de mediados de los noventa, el país entra en la vorágine inmobiliaria despiadada. Las entidades financieras vieron un filón en el escenario de salida de la crisis y abaratamiento del dinero y entraron en una competencia suicida cuyas consecuencias son bien conocidas. Decidieron flexibilizar las condiciones de préstamos en dos sentidos: ampliaron el límite máximo de concesión de fondos hasta el 100% del valor de tasación de la vivienda (los peritos se encargaron, además, de inflar estas de un modo escandaloso) y elevar la capacidad de endeudamiento hasta el 60% de la renta.

    El resultado no se hizo esperar. La fiebre del ladrillo. “Oiga, no compre un pisito; hágase con tres y con lo que se van a revalorizar, en dos años vende dos y le sale gratis el suyo”. “Pero por qué va a pedir 200.000; puede solicitar hasta 250.000 y con estos 50.000 cancela la deuda de la visa y se compra un coche a tipos bajos”.

    ¿A qué no nos resultan extrañas estas técnicas de comercialización? Pues de aquellos polvos vienen estos lodos. Diez años después del estallido de la mayor crisis económica española de a Edad Contemporánea aún siguen reduciendo su deuda las familias. Entre los meses de octubre del año pasado y el mismo mes de este ejercicio, los hogares han disminuido su deuda en nada menos que 9.649 millones de euros.

    Y esta reducción en el plano hipotecario es mucho mayor, porque hay que recordar que el segmento de préstamos al consumo se encuentra disparado y está creciendo a tasas por encima del 10%. ¡Cómo recuerda esta situación a la de los años 80, con tipos de interés del 15% donde las parejas no podían comprar piso pero sí coche! (Nunca digas, nunca jamás).

    Baja el 23% en diez años

    Lejos quedan los tiempos en que bancos y cajas abrian oficina al pie de cada promoción inmobiliaria y eran secundados de inmediato por entidades de la competencia en una salvaje carrera sin sentido e llevó a la ruina a incautos y supuso el fin de las cajas de ahorros. Hoy día, las familias siguen reduciendo deuda hipotecaria porque se amortizan préstamos por mayor importe que los que se formalizan, porque reducen deuda de forma acelerada (aquello de que mi crédito es por 15 años, pero destino las extras a amortizar y en cinco años pago la casa) o porque, simplemente, tienen la mala suerte de ser los últimos embargados.

    Sea como fuere, los hogares españoles han reducido endeudamiento en nada menos que 206.486 millones de euros en los últimos nueve años. En 2008 alcanzaron las mayores cotas de endeudamiento, con 911.283 millones de euros.

    Casi un decenio después, la deuda de los hogares se ha reducido en 206.486 millones de euros, lo que supone casi el 23% respecto a sus niveles del año 2008. Los mayores retrocesos de esta deuda se han registrado en 2011, con 27.186 millones; 2012, con 37.138 millones; 2013, con 46.429 millones y 2014, con 38.633 millones.

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