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Miercoles, 23 Septiembre 2026

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En qué consiste la ciberseguridad emocional y cómo protege la salud mental

ciberseguridad emocional

En un contexto donde la vida personal, laboral y social se desarrolla cada vez más en entornos digitales, surgen nuevas estrategias para resguardar la estabilidad mental y la identidad emocional frente a fenómenos nocivos como la sobreexposición, la manipulación digital, los ciberataques psicológicos o el consumo tóxico de información.

La comparación social constante, la dependencia de validación externa, la polarización ideológica, la fatiga informativa o los ciberataques psicológicos, como el gaslighting digital o la cancelación” son algunos de los riesgos emocionales “a los que estamos expuestos en un mundo cada vez más tecnológico”, apunta Jorge Ramiro Pérez, investigador del Grupo Conocimiento-Investigación en Problemáticas Sociales de la Universidad Europea.

El experto explica que “cuando nos relacionamos en espacios digitales, lo primero que debemos pensar es si lo estamos haciendo como consumidores o como ciudadanos, ya que el enfoque es completamente distinto. En el primer caso, nos enfrentamos a la insatisfacción constante que genera el tener que consumir más y más para estar a la última. Pensemos que la lógica del capitalismo digital se basa en las métricas y la viralidad, y eso pasa por que estemos emocionalmente excitados de forma continua para necesitar más experiencias, que a su vez se viralizan a través de las redes”.

La ciberseguridad emocional surge para que los usuarios adquiramos nuevas competencias, como la higiene emocional digital, la alfabetización afectiva online o la resiliencia algorítmica. De lo que se trata, según el profesor Pérez, es de aplicar “protocolos de autocuidado para reducir la exposición tóxica a estos entornos. Y ahí es donde entra el pensamiento crítico, que hace que nos demos cuenta del impacto que las redes sociales pueden tener en nuestra identidad personal cuando a través de ellas se transmiten narrativas hegemónicas sobre la belleza, los roles de género o el modelo de familia. Porque al interactuar, no estamos compartiendo información de manera neutra e inocente, sino que estamos alimentando un algoritmo, que en muchos casos tiene sesgos con el propósito de que pensemos de una determinada manera”.

El experto destaca, además, la necesidad de combatir los posicionamientos acientíficos o conspiranoicos. “En este caso, resulta fundamental la labor de divulgadores y divulgadoras que generen contraargumentos. Igual que debemos esforzarnos por romper las barreras intergeneracionales para que los padres, las madres o los educadores presten atención a lo que hacen los niños y adolescentes en el ecosistema digital, evitando siempre, eso sí, el señalamiento o los temas tabúes, porque sería contraproducente”, concluye.

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