El absentismo laboral alcanzó el 7,68 % en 2025, el máximo histórico en nuestro país, según The Adecco Group Institute a partir de datos del INE. El indicador estima que cada trabajador perdió una media de 10,9 horas de trabajo al mes por absentismo. En este contexto, los datos de Woffu permiten profundizar en uno de los componentes de estas ausencias: la duración de las bajas por enfermedad.
El análisis, realizado sobre 2.017.319 solicitudes de ausencia correspondientes a 4.334 empresas durante 2025, muestra una diferencia especialmente significativa entre la duración mediana y la media de las bajas por enfermedad: 2 días frente a 15,9 días.
La diferencia refleja una distribución muy desigual. La mitad de las bajas analizadas tuvo una duración de dos días o menos, mientras que los procesos que se prolongan durante semanas o meses elevan de forma significativa la duración media.
«El porcentaje de absentismo es solo la foto general. Cuando miras dentro, ves dos realidades muy distintas: una gran mayoría de ausencias cortas que se resuelven en un par de días y un grupo reducido de procesos largos que son los que realmente tensionan a los equipos. Gestionar ambas igual es un error», explica Elisabeth Marín, directora general de Woffu.
Una de cada cuatro bajas comienza en lunes
El día de inicio de las bajas por enfermedad también presenta una distribución desigual. El 26 % comienza en lunes, frente al 20 % que correspondería a cada día laborable si se repartieran de forma uniforme entre lunes y viernes.
El patrón es diferente cuando se observan todas las ausencias: el 53 % comienza en lunes o viernes, frente al 40 % que correspondería si se repartieran de forma uniforme. En el caso de las vacaciones de un solo día, el viernes concentra 144.175 solicitudes, frente a unas 53.000 registradas en martes, miércoles o jueves.
Más allá del volumen total de absentismo, estos datos apuntan a la importancia de analizar cómo se distribuyen las ausencias y cuánto duran los procesos, dos variables que pueden ofrecer una imagen diferente de su impacto sobre las organizaciones.
«Que muchas bajas empiecen en lunes no debería leerse en clave de sospecha: buena parte de los procesos que se inician durante el fin de semana se comunican el primer día laborable. Lo importante para las empresas es tener esos datos en tiempo real para anticipar coberturas y planificar los turnos, en lugar de reaccionar cuando el problema ya está encima», añade Marín.


























