Baker Tilly ha presentado las conclusiones de su informe titulado “El laberinto del mid-market”, donde se pone el foco en un reto emergente para la próxima década: cómo integrar la inteligencia artificial en la estrategia de crecimiento sin erosionar las vías de desarrollo del talento y la formación de nuevos líderes.
El informe describe un contexto empresarial marcado por la volatilidad, las restricciones y un ritmo de cambios acelerados. De cara a 2035, los líderes encuestados anticipan una regulación más exigente y cambiante, así como un acceso más restringido a recursos críticos como el capital, el talento y las materias primas.
En ese contexto, la inteligencia artificial aparece a la vez como palanca de crecimiento, pero también como foco de tensiones. Según el estudio, 7 de cada 10 líderes consideran que la tecnología y la transformación digital, incluida la inteligencia artificial, contribuirán significativamente al crecimiento durante los próximos cinco años. Esa ambición ya se traduce en inversión: el 60% afirma que la tecnología y la transformación digital constituyen una prioridad clave en sus inversiones; porcentaje que asciende al 66% entre las organizaciones de alto crecimiento. Sin embargo, la volatilidad institucional ha generado un impacto en estas decisiones: más de un tercio de las organizaciones (35%) afirma haber pospuesto o cancelado inversiones significativas debido a cambios acelerados en políticas públicas.
Crisis de liderazgo, talento y liderazgo ético
El estudio sitúa la escasez de talento como principal barrera al crecimiento en el middle market: 6 de cada 10 ejecutivos consideran que la competencia por atraer y retener talento de alto nivel será el mayor freno durante la próxima década. La presión se agrava, según el informe, en áreas críticas y altamente especializadas, como la inteligencia artificial, la ingeniería de redes eléctricas, la gestión de cadenas de suministro y la regulación.
En este escenario, el informe de Baker Tilly señala un riesgo específico asociado a la automatización de los primeros escalones profesionales. Más de la mitad de los líderes (57%) prevé una futura crisis de liderazgo a medida que la inteligencia artificial transforme los puestos de nivel inicial e intermedio, debilitando las vías tradicionales de desarrollo de talento. El estudio también recoge que el 68% considera que los líderes que no sepan equilibrar tecnología y talento pondrán en riesgo a sus organizaciones, un diagnóstico que refuerza la necesidad de proteger trayectorias tempranas de desarrollo mientras se modernizan los procesos.
Por el contrario, el informe apunta que, en un mundo saturado de tecnología, el diferencial competitivo tenderá a reforzar lo humano. Así, siete de cada diez líderes consideran que las organizaciones capaces de demostrar su “valor humano” serán las que tengan éxito.
El liderazgo ético aparece como otro vector de ventaja. Casi tres cuartas partes de los líderes (73%) consideran que el liderazgo ético se convertirá en un diferenciador crítico durante la próxima década, aunque solo el 5% identifica la toma de decisiones éticas como una de sus tres principales fortalezas personales. Esta brecha, según el informe, expone una vulnerabilidad en un momento en que aumentan el escrutinio y la complejidad regulatoria.
Francesca Lagerberg, CEO de Baker Tilly International, subraya el trasfondo de este contexto: “El principal factor que hoy afecta la confianza empresarial es la volatilidad política. Cuando las reglas del juego cambian constantemente, la innovación se desacelera y las grandes apuestas estratégicas se posponen; precisamente eso es lo que estamos observando en algunas regiones de Europa”.
De cara a la próxima década, el estudio concluye que las organizaciones del middle market cuentan con ventajas estructurales para navegar la incertidumbre, como el acceso más directo a los altos tomadores de decisiones, la agilidad y menores niveles de burocracia. Así, el informe concluye que el principal desafío para estas organizaciones está en convertir su capacidad de reacción en un crecimiento sostenible, teniendo que operar dentro de un entorno más regulado y con recursos más limitados, así como integrar con éxito la tecnología y el talento sin perder el componente humano, que según los líderes encuestados, marcará la diferencia.


























