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  • Windows 8 puede esperar: por qué las empresas se quedarán con Windows 7

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    El viernes se presenta de forma oficial Windows 8, un sistema operativo con la que Microsoft se juega mucho, tanto en el mercado de consumo como en el empresarial. Ahora bien, si tenemos en cuenta el recelo que tienen los departamentos IT antes de llevar a cabo cualquier cambio, no está del todo claro que se vayan a lanzar con los ojos cerrados a lo nuevo de Microsoft.

    De hecho si tenemos en cuenta el grado de adopción de Windows 7, descubrimos por ejemplo que hasta febrero de este mismo año, Windows XP seguía siendo utilizado por  el 47% de las empresas, lo cual llama especialmente la atención si penamos que Windows 7 fue presentado en 2009.

    Por la misma lógica, tenemos que pensar que la adopción de Windows 8 en todo caso (si es que finalmente se adopta) no será inmediata. Tal y como aseguran en Wired, es precisamente ahora cuando se está produciendo una adopción masiva de Windows 7 por parte de las empresas. Esta idea se refuerza con un estudio realizado por Forrester Researh en que se afirma que únicamente el 33% de las empresas está considerando la posibilidad de actualizarse a Windows 8.

    La sombra de XP era muy alargada

    Desde su aparición en 2001, Windows XP se convirtió en todo un referente para el mundo de las empresas. Tanto es así que más del 90% de las mismas obviaron completamente el malogrado Windows Vista y que cómo hemos visto antes, sólo desde hace relativamente poco, se está dando el salto a Windows 7. Esto ha llevado a convertir a Windows XP en el enemigo número 1 de la propia Microsoft, que durante mucho tiempo ha luchado para poder posicionar sus nuevos productos.

    Al final los departamentos de IT no tenían una razón convincente para realizar el cambio. XP era un sistema fácil de utilizar, bastante estable después de el lanzamiento de SP2 y SP3 e incluso seguro dentro del ámbito corporativo, por no hablar que seguía siendo compatible con casi todas las aplicaciones que también funcionaban en Vista y 7.  Esta reticencia se hizo más patente que nunca cuando Microsoft anunció que el soporte de XP que en principio tenía que terminar en 2009, se alargaba hasta 2014.

    La cuestión es que tal y como se apunta desde Accenture, para muchas empresas el actualizarse a un nuevo sistema operativo  “es un proceso que puede llevar tres o cuatro años y que en ocasiones puede costar muchos millones de dólares”. Por lo tanto si se quiere dar este salto, se quiere hacer con la máxima de las garantías.

    Y son precisamente garantías lo que de momento no ofrece Windows 8. En primer lugar porque ofrece una interfaz completamente diferente a lo visto hasta ahora, lo cual obligará a los usuarios a acostumbrarse a una nueva forma de trabjar. En segundo término porque Windows 7, siendo mucho mejor que Windows XP, ofrece un look and feel muy similar, además de que Microsoft se ha comprometido a darle soporte hasta 2020.

    El peligro que corre Windows 8 es por lo tanto muy similar al de Windows Vista. Y no es la primera vez que ocurre. Las empresas que utilizaban Windows 98, pasaron completamente por alto el lanzamiento de Windows 200 y Windows ME.  Quizás la única esperanza que tiene Windows 8 en la empresa es que el fenómeno BYOD crezca de forma exponencial y en este sentido sí que veremos un buen número de portátiles y ultrabooks coporativos que conviven con smartphones y tablets que sí disponen del último sistema operativo de Microsoft.

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