lunes , 17 diciembre 2018 Impresion Pyme
  • Estrategia financiera para pymes

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    Uno de los puntos clave para rentabilizar la inversión que se realiza en un negocio es la estrategia financiera. Para empezar, es importante tener una. Muchos clientes de nuestra empresa empiezan a serlo en el momento en que restan importancia a este apartado y se dedican a improvisar. La falta de control, la ausencia de perspectiva y moverse por impulsos en materia financiera aboca a las empresas a soportar unos gastos financieros que en la mayor parte de los casos son imposibles de rentabilizar.

    Cuando se realiza un análisis de estados financieros y se obtienen los ratios, al llegar al de endeudamiento, nos aconsejan estar en el entorno del 50%. Esto es, la mitad de la inversión proviene de los fondos propios o patrimonio neto y la otra mitad de la financiación. En mi opinión, este baremo no debe tomarse al pie de la letra, ya que la casuística de los diversos tipos de empresa es casi infinita y cada caso merece su estudio y su estrategia financiera particular. Desde mi punto de vista, el nivel de endeudamiento puede situarse entre el 40% y el 70%, según el perfil de cada empresa. Siempre recomiendo consultar a un profesional para comprender y aplicar cada caso.

    Muchos empresarios presumen de no recurrir nunca a financiación. Esto, que podría interpretarse como un indicador de buena salud, en muchos casos puede volverse en nuestra contra. Se puede dar el caso de tener que recurrir a financiación por problemas puntuales de tesorería o porque la empresa empieza a obtener peores resultados y nos vamos a encontrar serios inconvenientes.

    Lejos de la creencia de que las entidades bancarias van a considerar positiva la ausencia de un historial crediticio, la realidad es que, a bote pronto, los analistas van a llegar a dos conclusiones: la primera, que el empresario, que siempre ha aportado su patrimonio a la empresa, ya no tiene patrimonio que aportar, con lo que no tiene con qué garantizar una hipotética operación de crédito. Lo segundo, que la entidad va a prestar dinero a alguien que ha gestionado incorrectamente todo el que ha ido invirtiendo. Con estas dudas, es muy complejo obtener financiación. Y para rematar, sin historial crediticio, no podemos saber si el empresario es buen pagador o no.

    Por eso es importante trabajar con las entidades de crédito. En primer lugar, para establecer un status quo que sea beneficioso para ambas partes. Si trabajas de manera continua con tu banco (y en este sentido recomiendo que se tengan los menos posibles), será más fácil acceder a mejores condiciones de crédito, será más fácil, sencillamente, acceder a crédito y operar con dicha entidad.

    Además, en momentos de bajos tipos de interés y con una buena relación con nuestro banco, es mucho más factible rentabilizar una financiación y no descapitalizamos la empresa. Cuando realizamos una inversión tirando del líquido de la sociedad, estamos minando la liquidez y por ende la solvencia de la misma.

    El análisis de los flujos de caja nos tiene que permitir determinar si, una vez decidido acudir a financiación, contrataremos préstamo o crédito, leasing o renting, etc. Por ejemplo, debemos saber que la opción del arrendamiento financiero, que en muchos casos es la más acertada, supone que el bien objeto de dicho arrendamiento no es un activo, sino un pasivo, en tanto en cuanto no se ejercite la opción a compra. Las fotocopiadoras suelen ser un bien que se contrata como leasing, con lo que la propiedad no suele ser de la empresa, ya que, en vez de ejercitar la opción de compra, se suele sustituir por un modelo mejor y más moderno. El leasing permite disponer de la mejor fotocopiadora del momento, pero no será un activo de la empresa. Algo similar sucede con los vehículos de empresa. En estos casos el leasing está más que justificado, ya que no es tampoco adecuado incorporar a nuestro inmovilizado bienes cuyo valor puede no adecuarse con su utilidad futura o su obsolescencia.

    Por otro lado, cuando lo que se necesita es líquido, para paliar una tensión puntual de tesorería, o simplemente para asimilar los gastos más inmediatos de gestión, conviene analizar muy bien si se va a disponer de todo el importe, para pedir un préstamo, o es posible que solo se necesite una parte y el resto sea una cantidad de margen, con lo que será mejor pedir una línea de crédito. El préstamo suele tener mejores condiciones en cuanto a gastos, comisiones e intereses, pero el crédito solo penaliza la cantidad dispuesta, mientras que un préstamo nos aboca a abonar la totalidad de gastos financieros. Por eso hay que hacer muchos números antes de tomar la decisión definitiva. Siempre recomendamos recurrir a expertos para trazar la estrategia financiera y no incurrir en gastos excesivos e innecesarios.

    Firmado: Jorge Álvarez, Socio Fundador Iberproin

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