lunes , 26 octubre 2020 Impresion Pyme
  • Habla el psicólogo: ¿Se debe regalar un móvil a un adolescente, por primera vez, para Navidad?

    adolescente

    En las Navidades de esta última década se ha hecho protagonista el teléfono móvil, especialmente entre los adolescentes de 10-14 años. ¿Por qué? Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística, más del 25% de los niños españoles tiene un  smartphone a los 10 años, el 75 % a los 12 años y casi el 95% a los 15 años. Es posible que estos datos vayan “empeorando” conforme escribo estas líneas y vosotros las leéis. ¿Se debe regalar un smartphone es estas fechas a un adolescente por primera vez? La respuesta, por desgracia para muchos, es algo más complicada que un simple sí o no.

    Lo primero que me gustaría manifestar es que el teléfono móvil no es un regalo inocuo. Es una tecnología que permite desarrollar muchas esferas positivas de la persona (mejorar su comunicación, aprender, leer, buscar información, hacer fotografías, escuchar música, ver vídeos, etc.), pero también es una puerta a muchas problemáticas. Las más conocidas pueden ser el ciberacoso o el sexting (envío de mensajes con contenido sexual entre iguales), pero también otras más perniciosas como el online grooming (el acceso de mayores de edad a menores con fines sexuales a través de estas tecnologías).

    Hay muchas más, pero creo que el lector ya ha entendido que el teléfono móvil presenta simultáneamente aspectos positivos y negativos. ¿Quién debe encargarse de velar por que haya más pros que contras? Los padres en primera instancia. Por tanto, son ellos quienes deben decidir si desean incorporar un móvil en la familia y en qué condiciones. ¿Esto qué supone? Que, si sois un tío enrollado, un abuelo estupendo o la prima maravillosa, no os paséis de frenada y NO regaléis un móvil sin consultar preceptivamente a los padres y sopesar el momento en el que se encuentra su destinatario.

    ¿Por qué?

    La idea es sencilla y necesita rotularse en negrita: ESTABLECER NORMAS BÁSICAS DE USO. El teléfono móvil puede aterrizar en casa y puede regalarse, pero debe elegirse y prepararse el momento debidamente para que haya una supervisión parental (que es totalmente necesaria). Esta supervisión puede concretarse en un contrato de uso del móvil. Sí, que nadie se lleva las manos a la cabeza o deje de leer… Un contrato de uso como los que sugieren www.is4k.es o www.anar.org, entre otras posibles instituciones[1]. No obstante, lo importante es regular, convenir y aceptar que se trabajen estas cuestiones, tan importantes, antes de la llegada del móvil y durante sus primeros meses/años:

    • Indicar claramente qué uso se le dará
    • Indicar con quién podrá compartir información
    • Confiar en los padres
    • Aplicar sistemas de control parental
    • Establecer horarios claros
    • No llevarlo al centro escolar
    • Responsabilidad ante el mal uso y respuesta proporcionada
    • Favorecer otras actividades sin el móvil

    Sobre todas estas indicaciones cabría matizar algunas cuestiones clave. Los padres deben ser los propietarios del teléfono, que ceden en uso a sus hijos, y quienes les ayudarán a usarlo adecuadamente para contribuir a su desarrollo personal y a su madurez. Es necesario un control proactivo y positivo por parte de los padres. Antes de que algún lector se alarme, conviene matizar que no se debe confundir el respeto a la intimidad del menor con el necesario cultivo de las buenas prácticas y la supervisión constructiva y positiva de su desarrollo. Al final, lo que todos queremos es que los menores sepan usar la tecnología y tengan su propio criterio, pero para ello antes requieren de una guía y supervisión (como en cualquier otra actividad en la que se les inicia).

    Ahora también están en auge los programas de control parental (del tipo Google Family Link). Estas aplicaciones pueden ser una ayuda y tienen puntos muy positivos por lo que no hay demonizarlas. Por ejemplo, nos puede ayudar a la hora de darle al menor una visión del tiempo de uso que lleva y le queda, limitar dicho tiempo de uso, apagar o desconectar el wifi o no poder activar o instalar una aplicación sin supervisión.

    No obstante, estos programas no tienen filtros 100% seguros, por lo que pueden llegar a ver contenidos delicados. Tampoco ayudarán (sin valor educativo) a que gestionen su tiempo y no les evitarán problemas emocionales si hay alguien que se mete con ellos por Internet. La instalación de una herramienta de control parental tecnológica es positiva si ayuda y propicia hábitos en el niño y es un elemento para educar en familia. Es negativo si se utiliza para espiar, castigar o supervisar.

    En resumen, no se trata de decir sí o no al teléfono móvil, si no de preparar las condiciones para que el smartphone genere los mayores beneficios y los menores problemas, siendo un punto de unión en la familia. El móvil ha venido para quedarse, lo que sí podemos mejorar es cómo entrará en las vidas de quiénes más queremos.

    Recordad: ¡Vuestros hijos e hijas os necesitan para saber qué hacer, cómo sentirse seguros y tener la suficiente confianza con vosotros como para pediros ayuda si os necesitan! La mejor “vacuna social” para los riesgos de Internet y su mal uso es la educación que pueden recibir en casa.

    Joaquim Manuel GonzalezDoctor Joaquín M. González Cabrera. Licenciado y doctor en Psicología. Actualmente, es docente e investigador en la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Dirige el Grupo de investigación “Ciberpsicología” en dicha Universidad. 

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