sábado , 17 noviembre 2018 Impresion Pyme
  • Procesadores de bajo consumo: qué son y por qué son una buena opción

    Los procesadores de bajo consumo se han convertido en una constante dentro del sector portátil, aunque su presencia se ha limitado a determinados modelos que  priorizan la movilidad y la autonomía sobre la potencia bruta, o que buscan conseguir el mayor equilibrio posible entre esos valores.

    El procesador es considerado como el cerebro del equipo, ya que se encarga de realizar todas las operaciones necesarias para asegurar el correcto funcionamiento del PC. Su capacidad multipropósito lo convierte en uno de los pilares centrales de cualquier ordenador y de él depende directamente el rendimiento de otros componentes, como por ejemplo la tarjeta gráfica, la memoria RAM o incluso las unidades de almacenamiento.

    No hay duda de que la potencia del procesador importa, pero con matices. Cuando hablamos de ordenadores portátiles el rendimiento bruto importa, pero también tienen un gran peso el consumo energético, las temperaturas de trabajo, el peso y la autonomía.

    Los portátiles que cuentan con procesadores como el Core i7 8750H (TDP de 45 vatios) son capaces de ofrecer un gran rendimiento gracias a sus seis núcleos y doce hilos. Sin embargo, tienen un consumo de energía más elevado y unas temperaturas más altas que aquellos que montan un modelo de bajo consumo. Esto obliga a introducir sistemas de disipación más complejos que pueden elevar el tamaño y el peso del portátil, y obviamente implica una menor autonomía en general.

    Los procesadores de bajo consumo cuentan con una menor cantidad de núcleos y trabajan a una velocidad inferior, pero pueden ajustarla de forma dinámica para lograr picos de rendimiento que mejoran de forma notable la experiencia de uso. Por ejemplo, el Core i7 8559U es un procesador de última generación que suma cuatro núcleos y ocho hilos y tiene un TDP de 25 vatios. En líneas generales ofrece un rendimiento muy alto y tiene un consumo muy ajustado, lo que permite la creación de portátiles más ligeros y con una mayor autonomía.

    A la hora de elegir un portátil para trabajar peso, autonomía y temperaturas de trabajo son tres valores que debemos tener en cuenta, y si queremos conseguir un buen equilibrio entre ellos sin sacrificar rendimiento debemos optar por un equipo que integre un procesador de bajo consumo de última generación, sin descuidar otros aspectos como el almacenamiento (lo ideal es un SSD) y la memoria RAM (8 GB es el mínimo ideal).

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